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Por qué la FIFA debe revocar el Mundial 2026 en EE.UU.

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El fútbol es el deporte que une al mundo, una celebración de la diversidad donde la habilidad y la pasión trascienden las barreras de la raza, el idioma y la nacionalidad. Sin embargo, un reciente fallo de la Corte Suprema de los Estados Unidos ha puesto en tela de juicio los valores fundamentales de este deporte. Esta resolución, que permitiría a las autoridades detener a personas basándose únicamente en su raza, idioma o apariencia, representa una amenaza directa para la seguridad y la inclusión de millones de aficionados y jugadores de todo el mundo.

Proponer la revocación del Mundial 2026 en Estados Unidos no es solo una declaración política, sino un acto de defensa moral. La FIFA, como ente rector, tiene la obligación de demostrar que sus valores no son negociables. Permitir que un evento que se jacta de unir al mundo se celebre en un país donde los aficionados de Brasil, Argentina, Colombia, Uruguay, la selección multiétnica de Inglaterra y los equipos de los países africanos corren el riesgo de ser perfilados racialmente es una burla a la universalidad del deporte. Este fallo judicial, con sus tintes supremacistas, convierte el Mundial en un evento de riesgo para cualquier persona que no se ajuste a un perfil racial determinado, desvirtuando la esencia misma de la competencia.

La idea de que el Mundial se convierta en un evento exclusivo para ciertos grupos raciales es una burla a la esencia misma del deporte. La FIFA, como ente rector, debe posicionarse y demostrar que sus valores no son negociables. Los jugadores latinoamericanos, considerados entre los mejores del mundo, son en su mayoría de ascendencia mestiza, indígena y afrodescendiente. El fallo de la corte podría generar un ambiente de hostilidad y miedo, donde estos atletas y sus familias podrían ser perseguidos por sus características raciales. El fútbol es más que un juego; es una declaración de que somos uno, sin importar de dónde vengamos o el color de nuestra piel. Es momento de que la FIFA y las aficiones se unan para defender este ideal.

Un fallo que divide y un discurso que alarma

La decisión de la Corte Suprema de EE. UU. que ha generado tanta polémica y que defensores de derechos humanos califican como una licencia para el perfilamiento racial, ha sido defendida por la administración del actual presidente Donald Trump. Su gobierno ha argumentado la necesidad de un “perfil razonablemente amplio” para la aplicación de la ley migratoria en regiones con una alta población indocumentada. Esta postura, junto con declaraciones que sugieren un desdén por los derechos de los inmigrantes, sirve como un catalizador para que la comunidad futbolística se pronuncie. La FIFA, en este contexto, debe demostrar que el fútbol es un espacio de inclusión y respeto, no un escenario para la discriminación.

Esta preocupación se extiende a nivel global. Selecciones europeas con una gran diversidad racial, como Francia, Países Bajos y Bélgica, cuentan con jugadores de color que son íconos para sus países. ¿Podrían estos atletas, o sus familias y aficionados, enfrentar detenciones arbitrarias? Y si equipos como Irán o Corea del Norte lograran clasificar, ¿al igual como países como El Salvador, Guatemala y Honduras?, ¿serían sus aficionados blancos de las autoridades de inmigración, el ICE, que los perseguirían basados en su nacionalidad o su apariencia? El fútbol es la única herramienta para hacer un frente a las políticas de un presidente que ha mencionado expresamente que disfruta el aroma de las detenciones de inmigrantes por las mañanas, una declaración que deja en claro el desprecio hacia la vida de los inmigrantes.

La alternativa: México y Canadá como sedes del Mundial

Ante la amenaza inminente de un Mundial manchado por el perfilamiento racial en Estados Unidos, la FIFA tiene la oportunidad de reubicar la sede en sus países vecinos, México y Canadá. Ambas naciones, que ya formaban parte del plan original, no solo poseen la infraestructura necesaria, sino que también ofrecen un ambiente de mayor inclusión y respeto a la diversidad. Los sistemas legales y las políticas de estos países están más alineados con los principios de no discriminación y derechos humanos que el fútbol dice defender, lo que garantizaría la seguridad y la bienvenida a todos los aficionados, sin importar su origen étnico.

México y Canadá han demostrado su capacidad para albergar eventos de magnitud mundial en el pasado. México, con la experiencia de haber sido sede en 1970 y 1986, cuenta con estadios icónicos y una pasión futbolística inigualable. Canadá, por su parte, ha organizado exitosamente torneos de la FIFA y cuenta con ciudades cosmopolitas y una infraestructura moderna. Al consolidar la sede en estos dos países, la FIFA enviaría un mensaje claro al mundo: la seguridad de los aficionados es una prioridad, y los valores de la inclusión no serán sacrificados por ninguna ley o política discriminatoria.

Esta reubicación no es solo una solución logística, sino una declaración poderosa contra el racismo y la intolerancia. Al trasladar el epicentro del Mundial a naciones que celebran la diversidad, la FIFA se posicionaría como un líder moral en el deporte, defendiendo la dignidad humana por encima de las ganancias económicas. Sería un golpe directo a las políticas de la administración estadounidense que buscan dividir a la gente. La cancha del Mundial debe ser un lugar de fiesta y unión, no de miedo y persecución, y México y Canadá ofrecen el entorno perfecto para que la verdadera esencia del fútbol prevalezca.

El “soft power” mexicano: un terremoto cultural que ninguna ley puede vencer

En un mundo cada vez más polarizado, donde las divisiones políticas y sociales parecen insalvables, emerge un relato singular que vincula el poder de la cultura popular con la geopolítica. Este análisis propone un paralelismo entre la derrota del antagonista en una película de culto y un escenario político real, sugiriendo que las herramientas del “soft power” y la pasión colectiva pueden ser la clave para superar los desafíos más complejos.

En la película “Gangs of New York”, Bill “el Carnicero” Cutting es un personaje formidable, una encarnación del nacionalismo xenófobo y la intolerancia. Su dominio sobre los “nativos” de la ciudad de Five Points se basa en el miedo y la violencia. Sin embargo, su derrota no llega por la simple fuerza física, sino por una conjunción de factores que desmantelan su ideología. En la batalla final, a pesar de su habilidad con el cuchillo y su ferocidad, Bill es herido de muerte por Amsterdam Vallon. Su muerte es simbólica, un momento de justicia poética en el que la nueva generación supera a la vieja, y el futuro se abre paso a través de las ruinas del pasado. La derrota de Bill el carnicero no es solo la caída de un hombre, sino el colapso de una mentalidad. Su visión del mundo, arraigada en el odio y la exclusión, se ve superada por la aparición de una nueva realidad, una en la que la diversidad y la unión prevalecen sobre el tribalismo.

En este mismo contexto, la figura de Donald Trump y su retórica sobre la inmigración, que se ha interpretado como un “trauma por la alienación demográfica”, presenta un desafío similar. Al igual que Bill el Carnicero, Trump ha capitalizado el miedo a los “otros”, a la pérdida de identidad nacional y a los cambios demográficos. Su discurso se ha centrado en la construcción de muros, tanto físicos como ideológicos, y en la demonización de los inmigrantes. Sin embargo, este paradigma podría ser desafiado y, en última instancia, superado por una fuerza inesperada: el fútbol y el “soft power” de México. México, un país que a menudo se ha visto en el centro de los debates sobre inmigración, podría demostrar que su verdadera fortaleza reside en su gente y su pasión. El fútbol, el deporte más popular del mundo, se convierte en un vehículo ideal para esta manifestación.

La unión de las aficiones, un llamado a la acción

Es en este momento de incertidumbre que la fuerza de la afición debe ser el motor del cambio. En las calles de Estados Unidos, los seguidores de clubes latinoamericanos como el América, las Chivas, los Pumas, y el Cruz Azul de México, así como los de Boca Juniors y River Plate de Argentina, Flamengo y Fluminense de Brasil, Peñarol y Nacional de Uruguay, y Colo-Colo de Chile, son más que simples fanáticos: son comunidades vibrantes y organizadas. Estas aficiones, con su inmensa presencia y pasión en el territorio estadounidense, tienen el poder de unirse y llevar a cabo manifestaciones masivas para protestar contra este fallo.

Al presenciar la potencia de la afición mexicana, su alegría, su energía y su capacidad para crear un ambiente festivo y pacífico, el mundo entero, y en particular aquellos en Estados Unidos que han sido expuestos a la retórica anti-inmigrante, podrían ver una realidad diferente. Esta presencia masiva y festiva es una forma de “soft power” en su máxima expresión: una influencia cultural que suaviza las hostilidades y construye puentes. El fútbol y la afición mexicana demuestran que la “alienación demográfica” no es una amenaza, sino una fuente de riqueza cultural y una oportunidad para la unión. Al igual que la derrota de Bill el Carnicero fue la caída de una ideología, la victoria sobre la mentalidad anti-inmigrante podría venir de la mano de la vibrante cultura mexicana, manifestada en su pasión por el fútbol. En el escenario mundial, la afición mexicana se convierte en un símbolo de la fuerza de la diversidad y la prueba de que el futuro es uno en el que la unión y la inclusión prevalecen sobre la división y el miedo.

Hacemos un llamado directo al gobernador de California, Gavin Newsom, cuyo estado alberga a la comunidad latina más grande de la nación y será sede de partidos mundialistas. Newsom debe alzar la voz en contra de la decisión de la Corte Suprema y apoyar las protestas de los aficionados. Su liderazgo podría ser el catalizador para que otros estados anfitriones se sumen a esta causa.

La propuesta de Gavin Newsom: Un liderazgo anti-racista para el fútbol y el mundo

El fútbol, con su inmenso alcance, se convierte en la plataforma perfecta para un nuevo frente de batalla contra las políticas racistas. El epicentro de este movimiento debe ser Los Ángeles, la ciudad con más mexicanos en el mundo después de la Ciudad de México y una de las sedes clave del Mundial. Es aquí donde el gobernador Gavin Newsom tiene la oportunidad histórica de tomar el liderazgo de un frente antirracista que trascienda las fronteras estatales.

Newsom no puede limitarse a la protesta silenciosa. Debe convocar a los gobernadores demócratas de los estados anfitriones: Oregon, Washington, Nuevo México, Nueva York e Illinois. Este frente de gobernadores no solo se opondría al fallo de la Corte Suprema, sino que también establecería políticas estatales para proteger a los aficionados, jugadores y sus familias de la discriminación racial. Sería una declaración poderosa de que, en un país dividido, existen líderes dispuestos a defender los valores universales de la dignidad y la inclusión, sin importar las implicaciones políticas.

Este frente de líderes estatales se alzaría contra las políticas de un presidente que, como se ha mencionado, disfruta el aroma de las detenciones de inmigrantes por las mañanas. Su postura, que mancha al mundo, a la pelota y al fútbol, debe ser contrarrestada con un liderazgo que celebre la diversidad y la unión. La lucha por un Mundial inclusivo es, en esencia, la lucha por los valores que el fútbol representa, y el gobernador Newsom tiene la oportunidad de ser el abanderado de esta causa, enviando un mensaje claro al mundo: el odio no tiene cabida en el deporte ni en la sociedad.

Violación de los derechos humanos

La resolución de la Corte Suprema que permite el perfilamiento racial y lingüístico para las detenciones transgrede directamente varios derechos humanos fundamentales, reconocidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Entre los más vulnerados se encuentran:

  • Derecho a la igualdad y la no discriminación (Artículo 2): Este principio fundamental establece que toda persona tiene todos los derechos y libertades sin distinción de raza, color, idioma, o cualquier otra condición. La decisión judicial que permite el perfilamiento racial es una violación directa de este derecho.
  • Derecho a la libertad y a la seguridad de la persona (Artículo 3): Este artículo garantiza que nadie puede ser sometido a detenciones o prisiones arbitrarias. Las detenciones basadas en el color de la piel, el idioma o el acento no se basan en una sospecha razonable de un delito, sino en prejuicios, lo que las hace inherentemente arbitrarias.
  • Libre tránsito y movimiento (Artículo 13): La amenaza de detención basada en la raza o el idioma limita la libertad de las personas para moverse libremente dentro de un país.
  • Garantías judiciales (Artículo 10): Permite a una persona tener un juicio justo. La discriminación inherente al perfilamiento racial socava el principio de un trato igualitario bajo la ley.

Conclusión: La victoria del soft power mexicano

El trauma de la alienación demográfica del presidente Donald Trump es más que una simple retórica política; es un miedo profundo y visceral a la irreversible transformación de la identidad estadounidense. Este temor se ve exacerbado por la presencia de los más de sesenta millones de mexicanos en Estados Unidos, una comunidad que ha demostrado una resiliencia y una fuerza cultural inquebrantables. El Mundial de 2026, lejos de ser una amenaza, se presenta como el escenario donde esta fuerza de cambio se manifestará de manera festiva y pacífica. La victoria del soft power mexicano no se logrará con leyes o violencia, sino con la simple y abrumadora presencia de una cultura vibrante que se niega a ser marginada o a desaparecer. Es la fuerza de una identidad que florece, mientras que la cultura supremacista de la América de Trump se reduce a un fenómeno aislado y contenido dentro de sus propias fronteras.

Mientras que la cultura americana, a menudo percibida a través de su política y sus leyes de inmigración, parece respirar con tintes raciales y supremacistas en su propio país, el soft power de México ha trascendido las fronteras, convirtiéndose en una de las fuerzas culturales más potentes del mundo. No necesita misiles, guerras comerciales o actos de violencia para ejercer su influencia; su poder radica en su música, su gastronomía, su arte y, sobre todo, en la pasión de su gente por el fútbol. Es una victoria silenciosa, sin una sola bala, donde la resiliencia cultural se impone a la intolerancia.

En la redacción de este artículo, en ningún momento estoy incitando a la violencia o a la secesión, ni hay riesgo o peligro inminente de que esto suceda. Este texto se encuentra amparado bajo la Primera Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos, que protege la libertad de expresión, y específicamente por la jurisprudencia de la doctrina de Brandenburg v. Ohio. Al igual que en ese caso, este escrito no promueve un “peligro claro e inminente” de violencia, sino que se limita a la crítica de un fallo judicial y a la expresión de una opinión sobre el poder de la cultura y el deporte. Por lo tanto, su redacción es un ejercicio de la libertad de expresión, que se encuentra protegido por la ley.

Sobre el autor

Fernando Arango Ávila es jurista y académico. Doctor en Ciencias de lo Fiscal, y actualmente cursa un posdoctorado en Derecho. Actualmente, combina su experiencia práctica con su labor investigativa. Escribe: drarango83@gmail.com.

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La Liga MX flaquea (otra vez) en la Leagues Cup

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La Liga MX flaquea (otra vez) en la Leagues Cup
Los equipos mexicanos compiten en un laberinto logístico y deportivo del que parecen no saber cómo salir.

Cada temporada, el inicio de la Leagues Cup nos sacude con la misma ilusión y, casi de manera irremediable, desemboca en la misma frustración colectiva para el fútbol mexicano.

A medida que el torneo avanza y nos acercamos a la recta final de su primera fase, los equipos de la Major League Soccer (MLS) vuelven a inclinar la balanza a su favor, acumulando triunfos clave y dejando en evidencia que, para los clubes de la Liga MX, competir en el país vecino del norte es mucho más que un simple partido de fútbol: es un laberinto logístico y deportivo del que parecen no saber cómo salir.

Reducir el dominio de la MLS en este certamen a una cuestión de falta de calidad técnica sería un análisis superficial e injusto. Si bien el crecimiento de la liga estadounidense es innegable —con una infraestructura envidiable, estadios llenos y planteles cada vez más competitivos—, el factor geográfico y organizativo juega un papel lapidario.

Los equipos mexicanos cargan con el desgaste de una mudanza constante. Mientras los conjuntos de la MLS duermen en sus camas, entrenan en sus instalaciones habituales y se benefician del apoyo incondicional de jugar como locales, los representantes de la Liga MX se convierten en feriantes del balón: vuelos interminables, cambios de horario, hoteles impersonales y canchas con superficies sintéticas a las que no siempre se adaptan.

Como bien lo han señalado diversos estrategas, el torneo se convierte en una auténtica “carnicería física” para el futbolista debido al trajín de los traslados. Pretender que compitan al ciento por ciento de su capacidad bajo ese ritmo es ignorar la fisiología humana más básica.

Otro de los puntos de quiebre en la recta final de la fase inicial es el momento físico y emocional en el que ambos torneos se encuentran. La MLS está en pleno corazón de su temporada, con un ritmo competitivo feroz, una maquinaria aceitada y planteles diseñados específicamente bajo el tope salarial y las reglas de su propio ecosistema.

Por el contrario, la Liga MX suele arrancar su participación con el torneo doméstico recién comenzado. En el momento en que se definen los boletos a la fase de eliminación directa, los altibajos tácticos y la falta de rodaje colectivo de los equipos mexicanos se pagan caros.

A esto se suma un reglamento que no perdona: la prohibición del empate y la resolución exprés en tanda de penales han demostrado premiar la resiliencia y el conocimiento milimétrico de las condiciones de localía que manejan los clubes norteamericanos.

La Liga MX sigue viviendo de los destellos individuales de sus figuras y del peso histórico de sus instituciones, pero el fútbol moderno se alimenta de planeación, logística y equidad de condiciones.

Si el torneo binacional pretende ser una verdadera fiesta de integración y competencia regional, las reglas del juego tendrán que revisarse y el reparto de la localía deberá equilibrarse de forma real.

Hasta que eso ocurra, los equipos mexicanos seguirán chocando contra el mismo muro invisible en la recta final de la primera fase. La Leagues Cup, más que una oportunidad de revancha, se ha convertido en un espejo incómodo que le recuerda al balompié azteca que la chequera, la comodidad logística y la planeación institucional de la MLS ya no están un paso atrás, sino que le han tomado ventaja de manera implacable.


Sobre el autor

Sergio Enrique Hernández Piñón es licenciado en Periodismo por la Universidad de Guadalajara. Tiene más de 20 años en medios con experiencia en radio, prensa escrita y medios digitales. Además, durante 15 años fue director general de la plataforma “Presencia Deportiva”, medio especializado en periodismo deportivo.

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El descaro de colgarse medallas ajenas

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El histórico y titánico tercer lugar de Isaac del Toro en el Tour de Francia no es solo una gesta sin precedentes para el ciclismo nacional; es, sobre todo, una cachetada con guante blanco a la desidia gubernamental.
Isaac del Toro consiguió el tercer lugar general del Tour de Francia 2026, el máximo logro para un ciclista mexicano.

Hay gestos que retratan de cuerpo entero la miseria institucional del deporte mexicano. El histórico y titánico tercer lugar de Isaac del Toro en el Tour de Francia no es solo una gesta sin precedentes para el ciclismo nacional; es, sobre todo, una cachetada con guante blanco a la desidia gubernamental.

Sin embargo, fiel a la más rancia escuela del oportunismo político, la maquinaria de la llamada Cuarta Transformación (4T) no tardó en activar su aparato de relaciones públicas para intentar capitalizar un éxito en el que jamás creyeron, ni mucho menos invirtieron.

La más reciente y bochornosa muestra de ello provino de las redes sociales del director de la CONADE, Rommel Pacheco. Con la ligereza de quien presume un logro propio, el ex clavadista se apresuró a publicar un mensaje triunfalista acompañado de una fotografía junto al ciclista, intentando vender la narrativa de un Estado benefactor que cobija a sus talentos.

Durante la etapa formativa y los años más oscuros y tortuosos de preparación para Isaac del Toro, la CONADE brilló por su absoluta y cruel ausencia.
Como bien lo denunció en su momento, con indignación, el padre del atleta, José del Toro, el camino de “El Torito” se pavimentó a base de sacrificios familiares, de tocar puertas infinitas y de cubrir de su propio bolsillo inscripciones, viáticos y pasajes.

Para el aparato oficial, el hoy héroe nacional era invisible. La única “ayuda” gubernamental que la familia recordaba tras múltiples ruegos fue una miseria inferior a los 2,000 pesos; una limosna institucional que retrata la humillación a la que se somete sistemáticamente a los deportistas de alto rendimiento en México.

Lo ocurrido con Rommel Pacheco y la 4T no es un hecho aislado, sino la repetición sistemática de una fórmula propagandística: abandonar en el calvario presupuestal al atleta y aparecerse puntualmente con la chequera de los aplausos y los reflectores cuando la gloria ya fue conquistada con esfuerzo privado.

Pretender colgarse la medalla de bronce del Tour de Francia, un logro forjado en las exigentes rutas europeas, gracias al talento innato del ciclista y al soporte de estructuras internacionales, es una falta de respeto a la inteligencia de los mexicanos.

Es muy cómodo tomarse la foto con el deportista consagrado, sonreír para la posteridad y colgarse medallas ajenas, cuando la realidad en las instalaciones y federaciones sigue siendo el desamparo para cientos de niñas, niños y jóvenes que hoy sueñan con emular a Del Toro sin un centavo de respaldo real.

El histórico podio de Isaac del Toro en el Tour de Francia nos pertenece a todos, sí, pero de una forma muy particular: pertenece a su familia, a su disciplina y a su férrea voluntad.

No le pertenece a la CONADE ni a la narrativa oficialista que hoy intenta subirse de última hora a la bicicleta del triunfo.

Menos demagogia en las plataformas digitales, menos fotos oportunistas y mucha más vergüenza institucional.

Si Rommel Pacheco y la 4T realmente quisieran honrar el éxito de “El Torito”, lo congruente sería dejar de parasitar los triunfos ajenos y garantizar, de una vez por todas, presupuestos dignos para que ningún otro talento mexicano tenga que mendigar apoyos para triunfar en el mundo.

Ahora viene el proceso rumbo a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028 y ahí se verá el apoyo real de la CONADE y de Pacheco para Del Toro.


Sobre el autor

Sergio Enrique Hernández Piñón es licenciado en Periodismo por la Universidad de Guadalajara. Tiene más de 20 años en medios con experiencia en radio, prensa escrita y medios digitales. Además, durante 15 años fue director general de la plataforma “Presencia Deportiva”, medio especializado en periodismo deportivo.

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México paga, Argentina critica

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México paga, Argentina critica
El dilema entre la chequera de la Liga MX y la soberbia de la narrativa argentina. Foto: Qucho.com.mx / IA.

​El debate sobre la presencia de futbolistas y directores técnicos procedentes de Argentina en la Liga Mx suele avivarse cada vez que los micrófonos y las redes sociales cruzan fuego dialéctico entre ambos países.

Tras los constantes ataques, descalificaciones y recurrentes campañas desde ciertos sectores de la prensa y las aficiones albicelestes, donde con ligereza se tacha al aficionado mexicano de envidioso o acomplejado, la pregunta inevitable brota con fuerza: ¿Debería el balompié azteca cerrarles de una vez por todas las puertas?

​La narrativa instalada desde el Cono Sur suele pecar de una amnesia interesada. Se nos acusa de mirar con recelo su estilo, su famosa “garra” y su pasión desmedida, cuando la realidad del mercado cuenta una historia diametralmente opuesta.

Para el futbolista argentino, inmerso de forma crónica en un entorno de profunda precariedad económica, inflación galopante y ligas locales desfinanciadas, la Liga MX representa el “Sueño Dorado financiero”.

Aquí encuentran contratos millonarios, estabilidad y un poder adquisitivo que jamás podrían soñar en sus clubes de origen.

La paradoja es evidente y constante. Mientras públicamente se menosprecia el nivel competitivo del fútbol mexicano los despachos de los clubes más poderosos de Buenos Aires miran obsesivamente hacia México para pescar talento o repatriar ídolos a precio de saldo. Ejemplos sobran: desde los intentos de River Plate por seducir a figuras como Ángel Correa en Tigres apelando al romanticismo del “aguante”, pero retorciéndose a la hora de poner sobre la mesa una cláusula de rescisión que supera los 15 millones de dólares, hasta los viejos movimientos de Boca Juniors operando de la misma manera para arrebatarle piezas clave al América como en su día ocurrió con Darío “Pipa” Benedetto. Quieren la calidad y el dinero de México, pero desprecian la mano que les alimenta.

Ante este panorama, la tentación de cerrar la llave económica surge no desde el resentimiento, sino desde la dignidad deportiva y comercial.

Un par de torneos sin el flujo constante de futbolistas, técnicos y promotores argentinos serviría como un ejercicio revelador. Demostraría, sin lugar a dudas, que el verdadero motor de esta relación es puramente económico y que la supuesta superioridad moral futbolística se desvanece cuando se contrasta con la realidad financiera.

Sin embargo, el dilema para la Liga MX va más allá de un berrinche nacionalista. El problema de fondo no es el pasaporte del jugador que llega, sino la falta de proyecto y la comodidad de los directivos locales, quienes prefieren importar veteranos o apuestas seguras del sur antes de invertir con paciencia y rigor en la formación de la cantera mexicana.

​Cerrar las puertas por decreto quizás sea una medida drástica, pero el mensaje debe ser claro. La Liga MX sostiene con billetes verdes una industria que allá se desmorona; ya es hora de que se exija respeto para el producto mexicano y de que el talento local reciba el protagonismo que se le niega por culpa de una dependencia crónica del mercado exterior. ¿Quién terminaría envidiando a quién?La respuesta, con los números de la economía sobre la mesa, es tan clara como incómoda para quienes viven del discurso.


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Sergio Enrique Hernández Piñón es licenciado en Periodismo por la Universidad de Guadalajara. Tiene más de 20 años en medios con experiencia en radio, prensa escrita y medios digitales. Además, durante 15 años fue director general de la plataforma “Presencia Deportiva”, medio especializado en periodismo deportivo.

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El regreso a la realidad: la Liga MX nos llama

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El regreso a la realidad: la Liga MX nos llama
La Liga MX arranca este jueves con el partido de Necaxa vs Atlante. Foto: Qucho.com.mx / Sergio Enrique Hernández.

Se acabó el brillo del Mundial, las luminarias de las superestrellas globales se apagan y los reflectores regresan a nuestro fútbol azteca. Adiós a la expectativa de ver a Haaland o a la nostalgia de seguir los pasos de Messi y Cristiano; es momento de retomar nuestra “bendita” Liga MX, esa que no entiende de lógica, pero sí de una pasión incondicional que arranca este jueves.

Es momento de cambiar los estadios de clase mundial por el aire fresco del Estadio Victoria, el Estadio Akron o la imponente, aunque ahora compartida, casa del Coloso de Santa Úrsula.

Sin duda, la nota más romántica, y a la vez incierta, es el regreso del Atlante. Tras 12 años en el exilio de la división de plata, los Potros de Hierro vuelven al máximo circuito de la mano de Miguel “Piojo” Herrera.

Es una apuesta arriesgada y llena de morbo que pondrá a prueba si este Atlante llega para ser protagonista o solo espectador.

En Coapa, la presión no conoce vacaciones. El América entra al Apertura 2026 con un proyecto fresco comandado por Guillermo Almada, un estratega que sabe exprimir al máximo a sus planteles.

La “sed de revancha” es el motor azulcrema, especialmente tras un periodo de reconstrucción que ha sido frenado por el Mundial.

Con la mayoría de sus mundialistas reportando apenas días antes del debut, el equipo vuela bajo, pero con la obligación de demostrar que el cambio en el banquillo no es un simple parche, sino el inicio de una nueva era de dominio.

Por su parte, el Guadalajara parece haber entendido que la estabilidad es su mejor activo. Manteniendo la base del torneo anterior y sumando piezas interesantes como Jordan Carrillo y Kevin Castañeda, el Rebaño de Gabriel Milito busca consolidarse.

A diferencia de otros grandes que están en plena reestructuración, Chivas llega con la lección aprendida: en un torneo tan corto y volátil, tener un equipo que se conoce de memoria puede ser la diferencia entre el éxito y el fracaso.

Finalmente, el Atlas de los nuevos dueños llega envuelto en una aureola de misterio y ambición. La directiva ha apostado fuerte, destacando la llegada del marroquí Ryan Mmaee, un delantero con cifras goleadoras imponentes en el fútbol de Chipre.

Los Zorros no quieren ser comparsa; bajo esta nueva administración, el equipo busca sacudirse la medianía con fichajes internacionales que prometen dar espectáculo. Habrá que ver si esta mezcla de talento extranjero y la mística rojinegra es suficiente para pelear los primeros puestos.

El torneo arranca. Quizás ya no tengamos el nivel de una final de Copa del Mundo, pero tenemos el Necaxa vs. Atlante, tenemos la incertidumbre del debut y la esperanza renovada de ver a nuestro equipo favorito levantar el trofeo en diciembre. Porque, al final, esta es nuestra realidad, y no la cambiaríamos por nada.


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Sergio Enrique Hernández Piñón es licenciado en Periodismo por la Universidad de Guadalajara. Tiene más de 20 años en medios con experiencia en radio, prensa escrita y medios digitales. Además, durante 15 años fue director general de la plataforma “Presencia Deportiva”, medio especializado en periodismo deportivo.

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