Opinión
Por qué la FIFA debe revocar el Mundial 2026 en EE.UU.
El fútbol es el deporte que une al mundo, una celebración de la diversidad donde la habilidad y la pasión trascienden las barreras de la raza, el idioma y la nacionalidad. Sin embargo, un reciente fallo de la Corte Suprema de los Estados Unidos ha puesto en tela de juicio los valores fundamentales de este deporte. Esta resolución, que permitiría a las autoridades detener a personas basándose únicamente en su raza, idioma o apariencia, representa una amenaza directa para la seguridad y la inclusión de millones de aficionados y jugadores de todo el mundo.
Proponer la revocación del Mundial 2026 en Estados Unidos no es solo una declaración política, sino un acto de defensa moral. La FIFA, como ente rector, tiene la obligación de demostrar que sus valores no son negociables. Permitir que un evento que se jacta de unir al mundo se celebre en un país donde los aficionados de Brasil, Argentina, Colombia, Uruguay, la selección multiétnica de Inglaterra y los equipos de los países africanos corren el riesgo de ser perfilados racialmente es una burla a la universalidad del deporte. Este fallo judicial, con sus tintes supremacistas, convierte el Mundial en un evento de riesgo para cualquier persona que no se ajuste a un perfil racial determinado, desvirtuando la esencia misma de la competencia.
La idea de que el Mundial se convierta en un evento exclusivo para ciertos grupos raciales es una burla a la esencia misma del deporte. La FIFA, como ente rector, debe posicionarse y demostrar que sus valores no son negociables. Los jugadores latinoamericanos, considerados entre los mejores del mundo, son en su mayoría de ascendencia mestiza, indígena y afrodescendiente. El fallo de la corte podría generar un ambiente de hostilidad y miedo, donde estos atletas y sus familias podrían ser perseguidos por sus características raciales. El fútbol es más que un juego; es una declaración de que somos uno, sin importar de dónde vengamos o el color de nuestra piel. Es momento de que la FIFA y las aficiones se unan para defender este ideal.
Un fallo que divide y un discurso que alarma
La decisión de la Corte Suprema de EE. UU. que ha generado tanta polémica y que defensores de derechos humanos califican como una licencia para el perfilamiento racial, ha sido defendida por la administración del actual presidente Donald Trump. Su gobierno ha argumentado la necesidad de un “perfil razonablemente amplio” para la aplicación de la ley migratoria en regiones con una alta población indocumentada. Esta postura, junto con declaraciones que sugieren un desdén por los derechos de los inmigrantes, sirve como un catalizador para que la comunidad futbolística se pronuncie. La FIFA, en este contexto, debe demostrar que el fútbol es un espacio de inclusión y respeto, no un escenario para la discriminación.
Esta preocupación se extiende a nivel global. Selecciones europeas con una gran diversidad racial, como Francia, Países Bajos y Bélgica, cuentan con jugadores de color que son íconos para sus países. ¿Podrían estos atletas, o sus familias y aficionados, enfrentar detenciones arbitrarias? Y si equipos como Irán o Corea del Norte lograran clasificar, ¿al igual como países como El Salvador, Guatemala y Honduras?, ¿serían sus aficionados blancos de las autoridades de inmigración, el ICE, que los perseguirían basados en su nacionalidad o su apariencia? El fútbol es la única herramienta para hacer un frente a las políticas de un presidente que ha mencionado expresamente que disfruta el aroma de las detenciones de inmigrantes por las mañanas, una declaración que deja en claro el desprecio hacia la vida de los inmigrantes.
La alternativa: México y Canadá como sedes del Mundial
Ante la amenaza inminente de un Mundial manchado por el perfilamiento racial en Estados Unidos, la FIFA tiene la oportunidad de reubicar la sede en sus países vecinos, México y Canadá. Ambas naciones, que ya formaban parte del plan original, no solo poseen la infraestructura necesaria, sino que también ofrecen un ambiente de mayor inclusión y respeto a la diversidad. Los sistemas legales y las políticas de estos países están más alineados con los principios de no discriminación y derechos humanos que el fútbol dice defender, lo que garantizaría la seguridad y la bienvenida a todos los aficionados, sin importar su origen étnico.
México y Canadá han demostrado su capacidad para albergar eventos de magnitud mundial en el pasado. México, con la experiencia de haber sido sede en 1970 y 1986, cuenta con estadios icónicos y una pasión futbolística inigualable. Canadá, por su parte, ha organizado exitosamente torneos de la FIFA y cuenta con ciudades cosmopolitas y una infraestructura moderna. Al consolidar la sede en estos dos países, la FIFA enviaría un mensaje claro al mundo: la seguridad de los aficionados es una prioridad, y los valores de la inclusión no serán sacrificados por ninguna ley o política discriminatoria.
Esta reubicación no es solo una solución logística, sino una declaración poderosa contra el racismo y la intolerancia. Al trasladar el epicentro del Mundial a naciones que celebran la diversidad, la FIFA se posicionaría como un líder moral en el deporte, defendiendo la dignidad humana por encima de las ganancias económicas. Sería un golpe directo a las políticas de la administración estadounidense que buscan dividir a la gente. La cancha del Mundial debe ser un lugar de fiesta y unión, no de miedo y persecución, y México y Canadá ofrecen el entorno perfecto para que la verdadera esencia del fútbol prevalezca.
El “soft power” mexicano: un terremoto cultural que ninguna ley puede vencer
En un mundo cada vez más polarizado, donde las divisiones políticas y sociales parecen insalvables, emerge un relato singular que vincula el poder de la cultura popular con la geopolítica. Este análisis propone un paralelismo entre la derrota del antagonista en una película de culto y un escenario político real, sugiriendo que las herramientas del “soft power” y la pasión colectiva pueden ser la clave para superar los desafíos más complejos.
En la película “Gangs of New York”, Bill “el Carnicero” Cutting es un personaje formidable, una encarnación del nacionalismo xenófobo y la intolerancia. Su dominio sobre los “nativos” de la ciudad de Five Points se basa en el miedo y la violencia. Sin embargo, su derrota no llega por la simple fuerza física, sino por una conjunción de factores que desmantelan su ideología. En la batalla final, a pesar de su habilidad con el cuchillo y su ferocidad, Bill es herido de muerte por Amsterdam Vallon. Su muerte es simbólica, un momento de justicia poética en el que la nueva generación supera a la vieja, y el futuro se abre paso a través de las ruinas del pasado. La derrota de Bill el carnicero no es solo la caída de un hombre, sino el colapso de una mentalidad. Su visión del mundo, arraigada en el odio y la exclusión, se ve superada por la aparición de una nueva realidad, una en la que la diversidad y la unión prevalecen sobre el tribalismo.
En este mismo contexto, la figura de Donald Trump y su retórica sobre la inmigración, que se ha interpretado como un “trauma por la alienación demográfica”, presenta un desafío similar. Al igual que Bill el Carnicero, Trump ha capitalizado el miedo a los “otros”, a la pérdida de identidad nacional y a los cambios demográficos. Su discurso se ha centrado en la construcción de muros, tanto físicos como ideológicos, y en la demonización de los inmigrantes. Sin embargo, este paradigma podría ser desafiado y, en última instancia, superado por una fuerza inesperada: el fútbol y el “soft power” de México. México, un país que a menudo se ha visto en el centro de los debates sobre inmigración, podría demostrar que su verdadera fortaleza reside en su gente y su pasión. El fútbol, el deporte más popular del mundo, se convierte en un vehículo ideal para esta manifestación.
La unión de las aficiones, un llamado a la acción
Es en este momento de incertidumbre que la fuerza de la afición debe ser el motor del cambio. En las calles de Estados Unidos, los seguidores de clubes latinoamericanos como el América, las Chivas, los Pumas, y el Cruz Azul de México, así como los de Boca Juniors y River Plate de Argentina, Flamengo y Fluminense de Brasil, Peñarol y Nacional de Uruguay, y Colo-Colo de Chile, son más que simples fanáticos: son comunidades vibrantes y organizadas. Estas aficiones, con su inmensa presencia y pasión en el territorio estadounidense, tienen el poder de unirse y llevar a cabo manifestaciones masivas para protestar contra este fallo.
Al presenciar la potencia de la afición mexicana, su alegría, su energía y su capacidad para crear un ambiente festivo y pacífico, el mundo entero, y en particular aquellos en Estados Unidos que han sido expuestos a la retórica anti-inmigrante, podrían ver una realidad diferente. Esta presencia masiva y festiva es una forma de “soft power” en su máxima expresión: una influencia cultural que suaviza las hostilidades y construye puentes. El fútbol y la afición mexicana demuestran que la “alienación demográfica” no es una amenaza, sino una fuente de riqueza cultural y una oportunidad para la unión. Al igual que la derrota de Bill el Carnicero fue la caída de una ideología, la victoria sobre la mentalidad anti-inmigrante podría venir de la mano de la vibrante cultura mexicana, manifestada en su pasión por el fútbol. En el escenario mundial, la afición mexicana se convierte en un símbolo de la fuerza de la diversidad y la prueba de que el futuro es uno en el que la unión y la inclusión prevalecen sobre la división y el miedo.
Hacemos un llamado directo al gobernador de California, Gavin Newsom, cuyo estado alberga a la comunidad latina más grande de la nación y será sede de partidos mundialistas. Newsom debe alzar la voz en contra de la decisión de la Corte Suprema y apoyar las protestas de los aficionados. Su liderazgo podría ser el catalizador para que otros estados anfitriones se sumen a esta causa.
La propuesta de Gavin Newsom: Un liderazgo anti-racista para el fútbol y el mundo
El fútbol, con su inmenso alcance, se convierte en la plataforma perfecta para un nuevo frente de batalla contra las políticas racistas. El epicentro de este movimiento debe ser Los Ángeles, la ciudad con más mexicanos en el mundo después de la Ciudad de México y una de las sedes clave del Mundial. Es aquí donde el gobernador Gavin Newsom tiene la oportunidad histórica de tomar el liderazgo de un frente antirracista que trascienda las fronteras estatales.
Newsom no puede limitarse a la protesta silenciosa. Debe convocar a los gobernadores demócratas de los estados anfitriones: Oregon, Washington, Nuevo México, Nueva York e Illinois. Este frente de gobernadores no solo se opondría al fallo de la Corte Suprema, sino que también establecería políticas estatales para proteger a los aficionados, jugadores y sus familias de la discriminación racial. Sería una declaración poderosa de que, en un país dividido, existen líderes dispuestos a defender los valores universales de la dignidad y la inclusión, sin importar las implicaciones políticas.
Este frente de líderes estatales se alzaría contra las políticas de un presidente que, como se ha mencionado, disfruta el aroma de las detenciones de inmigrantes por las mañanas. Su postura, que mancha al mundo, a la pelota y al fútbol, debe ser contrarrestada con un liderazgo que celebre la diversidad y la unión. La lucha por un Mundial inclusivo es, en esencia, la lucha por los valores que el fútbol representa, y el gobernador Newsom tiene la oportunidad de ser el abanderado de esta causa, enviando un mensaje claro al mundo: el odio no tiene cabida en el deporte ni en la sociedad.
Violación de los derechos humanos
La resolución de la Corte Suprema que permite el perfilamiento racial y lingüístico para las detenciones transgrede directamente varios derechos humanos fundamentales, reconocidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Entre los más vulnerados se encuentran:
- Derecho a la igualdad y la no discriminación (Artículo 2): Este principio fundamental establece que toda persona tiene todos los derechos y libertades sin distinción de raza, color, idioma, o cualquier otra condición. La decisión judicial que permite el perfilamiento racial es una violación directa de este derecho.
- Derecho a la libertad y a la seguridad de la persona (Artículo 3): Este artículo garantiza que nadie puede ser sometido a detenciones o prisiones arbitrarias. Las detenciones basadas en el color de la piel, el idioma o el acento no se basan en una sospecha razonable de un delito, sino en prejuicios, lo que las hace inherentemente arbitrarias.
- Libre tránsito y movimiento (Artículo 13): La amenaza de detención basada en la raza o el idioma limita la libertad de las personas para moverse libremente dentro de un país.
- Garantías judiciales (Artículo 10): Permite a una persona tener un juicio justo. La discriminación inherente al perfilamiento racial socava el principio de un trato igualitario bajo la ley.
Conclusión: La victoria del soft power mexicano
El trauma de la alienación demográfica del presidente Donald Trump es más que una simple retórica política; es un miedo profundo y visceral a la irreversible transformación de la identidad estadounidense. Este temor se ve exacerbado por la presencia de los más de sesenta millones de mexicanos en Estados Unidos, una comunidad que ha demostrado una resiliencia y una fuerza cultural inquebrantables. El Mundial de 2026, lejos de ser una amenaza, se presenta como el escenario donde esta fuerza de cambio se manifestará de manera festiva y pacífica. La victoria del soft power mexicano no se logrará con leyes o violencia, sino con la simple y abrumadora presencia de una cultura vibrante que se niega a ser marginada o a desaparecer. Es la fuerza de una identidad que florece, mientras que la cultura supremacista de la América de Trump se reduce a un fenómeno aislado y contenido dentro de sus propias fronteras.
Mientras que la cultura americana, a menudo percibida a través de su política y sus leyes de inmigración, parece respirar con tintes raciales y supremacistas en su propio país, el soft power de México ha trascendido las fronteras, convirtiéndose en una de las fuerzas culturales más potentes del mundo. No necesita misiles, guerras comerciales o actos de violencia para ejercer su influencia; su poder radica en su música, su gastronomía, su arte y, sobre todo, en la pasión de su gente por el fútbol. Es una victoria silenciosa, sin una sola bala, donde la resiliencia cultural se impone a la intolerancia.
En la redacción de este artículo, en ningún momento estoy incitando a la violencia o a la secesión, ni hay riesgo o peligro inminente de que esto suceda. Este texto se encuentra amparado bajo la Primera Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos, que protege la libertad de expresión, y específicamente por la jurisprudencia de la doctrina de Brandenburg v. Ohio. Al igual que en ese caso, este escrito no promueve un “peligro claro e inminente” de violencia, sino que se limita a la crítica de un fallo judicial y a la expresión de una opinión sobre el poder de la cultura y el deporte. Por lo tanto, su redacción es un ejercicio de la libertad de expresión, que se encuentra protegido por la ley.
Sobre el autor
Fernando Arango Ávila es jurista y académico. Doctor en Ciencias de lo Fiscal, y actualmente cursa un posdoctorado en Derecho. Actualmente, combina su experiencia práctica con su labor investigativa. Escribe: drarango83@gmail.com.
Opinión
La Leyenda de Plata cumple 109 años
¡Hablar de la baraja luchística nacional es mencionar obligatoriamente a una de las máximas insignias del deporte espectáculo! Este 23 de septiembre, los encordados se visten de gala y la afición mexicana se une en una sola voz para conmemorar el 109 aniversario del natalicio de Rodolfo Guzmán Huerta, el hombre que transformó su identidad para convertirse en la inmortal Leyenda de Plata: ¡El Santo!
Originario de Tulancingo, Hidalgo, y forjado en el barrio bravo de Tepito, el quinto de los hermanos Guzmán Huerta jamás imaginó que aquel joven entusiasta del béisbol y el futbol americano encontraría en el pancracio su trinchera definitiva.
Tras probar suerte bajo distintos nombres, como Rudy Guzmán o El Murciélago II, fue de la mano de Jesús Lomelí que comenzó a escribirse la leyenda detrás de la icónica máscara plateada.
Del cuadrilátero a la pantalla grande
El Santo portó con orgullo campeonatos nacionales en las divisiones de peso medio, wélter y semicompleto, además de formar parejas memorables con figuras como el Rayo de Jalisco.
Sin embargo, su figura rebasó rápidamente las cuatro esquinas del cuadrilátero.
El Enmascarado de Plata trascendió las fronteras de la lucha libre para convertirse también en estrella del cine, protagonizando más de 50 películas en las que enfrentó vampiros, momias, científicos, monstruos y seres de otros mundos.
Así construyó una imagen que mezcló al luchador con el justiciero y lo convirtió en uno de los personajes más reconocibles de la cultura popular mexicana.
Durante décadas, su máscara plateada dejó de pertenecer únicamente a las arenas para aparecer en historietas, carteles, películas y en el imaginario colectivo de varias generaciones.
El Santo nunca perdió la máscara
Rodolfo Guzmán Huerta se retiró de los encordados en 1982, después de una carrera que lo convirtió en referente indiscutible de la lucha libre mexicana.
El misterio alrededor de su rostro permaneció prácticamente intacto hasta el final. Poco antes de su muerte mostró públicamente parte de su identidad en televisión, en uno de los momentos más recordados de su historia.
Murió el 5 de febrero de 1984 y fue sepultado con su inseparable máscara plateada.
Su legado continuó dentro del cuadrilátero a través de su hijo, El Hijo del Santo, quien mantuvo viva una de las dinastías más reconocidas de la lucha libre nacional.
Una leyenda que sigue sobre la lona
A 109 años de su nacimiento, las arenas de México todavía respiran su mística.
Tulancingo mantiene viva la memoria de uno de sus hijos más célebres, mientras que generaciones de aficionados siguen reconociendo aquella máscara plateada que convirtió a un luchador en símbolo de toda una época.
Y en Qucho.com lo recordamos como siempre fue para millones de aficionados: un héroe surgido de los encordados, protagonista de innumerables batallas y eterno dueño de la Leyenda de Plata.
Porque mientras exista una arena, una máscara y alguien que se emocione cuando escuche el tradicional “¡Lucharán a dos de tres caídas, sin límite de tiempo!”, El Santo seguirá subiendo al cuadrilátero en la memoria de México.
Sobre el autor
Sergio Enrique Hernández Piñón es licenciado en Periodismo por la Universidad de Guadalajara. Tiene más de 20 años en medios con experiencia en radio, prensa escrita y medios digitales. Además, durante 15 años fue director general de la plataforma “Presencia Deportiva”, medio especializado en periodismo deportivo.
Opinión
La Sinfonía Colectiva del Rebaño y la batuta de Gabriel Milito
Hay torneos donde los equipos se arman a golpe de chequera y dependencia individual, y luego hay proyectos que nacen desde la pizarra y la convicción profunda.
En este Apertura 2026, el Guadalajara de Gabriel Milito ha dejado de ser una promesa intermitente para convertirse en el equipo mejor trabado de la Liga MX.
Con el orgullo intacto tras haber rozado el liderato general de la competencia y consolidado una racha arrolladora que incluyó una contundente victoria ante Pumas, el Rebaño Sagrado pisa la grama del Estadio Azteca con la jerarquía de ser el colectivo más fiable del campeonato.
Mientras una buena parte de los 18 clubes de la Primera División descansan su suerte en destellos aislados o en la dependencia absoluta de una o dos figuras rutilantes, el sello de Milito en Chivas es radicalmente distinto.
El estratega argentino ha conseguido algo complejo en el fútbol mexicano: una idea de juego fija e inquebrantable. Juegue quien juegue, el funcionamiento no se negocia. La presión tras pérdida, la sincronía en la salida y la ocupación inteligente de los espacios operan como un reloj suizo.
Esa identidad inamovible tiene este fin de semana su examen más exigente en el Clásico Nacional ante el América. Un triunfo rojiblanco no solo devolvería a los tapatíos a la cúspide de la tabla general, sino que consagraría matemáticamente al proyecto que mejor fútbol ha desplegado en esta primera mitad del certamen.
El gran mérito de este momento futbolístico no recae exclusivamente en el libreto táctico, sino en la frescura desbordante de sus joyas de fuerzas básicas. Santiago Sandoval vive un estado de gracia absoluta, evidenciado en su reciente doblete y su olfato letal en el área, bien secundado por la inteligencia y el vértigo de Hugo Camberos en la zona de creación.
Ambos juveniles se han echado al equipo al hombro sin perder el piso, guiados por la firme advertencia de su técnico: la humildad no se negocia.
A esto se le suma una noticia capital para el banquillo rojiblanco: la enfermería comienza a vaciarse. La recuperación de elementos fundamentales como Bryan González y Richard Ledezma dota a Milito de un fondo de armario envidiable.
Tener variantes de jerarquía permite sostener la intensidad física durante los noventa minutos, un hándicap que solía castigar al Guadalajara en torneos anteriores.
Las estadísticas respaldan el buen momento del Rebaño, que pisa fuerte en los primeros puestos con 17 unidades y argumentos futbolísticos de sobra. Enfrente estará el acérrimo rival, herido y obligado, pero con la inercia de depender de chispazos individuales.
El Clásico de este sábado no es un partido cualquiera. Es la oportunidad perfecta para que Chivas confirme que su liderato fugaz fue solo el preludio de una realidad innegable: en el césped, el fútbol colectivo siempre termina pesando más que las individualidades. Si el Guadalajara mantiene la concentración y la memoria táctica, el vuelo de las Águilas chocará contra una muralla de idea, talento y fervor rojiblanco.
Sobre el autor
Sergio Enrique Hernández Piñón es licenciado en Periodismo por la Universidad de Guadalajara. Tiene más de 20 años en medios con experiencia en radio, prensa escrita y medios digitales. Además, durante 15 años fue director general de la plataforma “Presencia Deportiva”, medio especializado en periodismo deportivo.
Opinión
La Liga MX flaquea (otra vez) en la Leagues Cup
Cada temporada, el inicio de la Leagues Cup nos sacude con la misma ilusión y, casi de manera irremediable, desemboca en la misma frustración colectiva para el fútbol mexicano.
A medida que el torneo avanza y nos acercamos a la recta final de su primera fase, los equipos de la Major League Soccer (MLS) vuelven a inclinar la balanza a su favor, acumulando triunfos clave y dejando en evidencia que, para los clubes de la Liga MX, competir en el país vecino del norte es mucho más que un simple partido de fútbol: es un laberinto logístico y deportivo del que parecen no saber cómo salir.
Reducir el dominio de la MLS en este certamen a una cuestión de falta de calidad técnica sería un análisis superficial e injusto. Si bien el crecimiento de la liga estadounidense es innegable —con una infraestructura envidiable, estadios llenos y planteles cada vez más competitivos—, el factor geográfico y organizativo juega un papel lapidario.
Los equipos mexicanos cargan con el desgaste de una mudanza constante. Mientras los conjuntos de la MLS duermen en sus camas, entrenan en sus instalaciones habituales y se benefician del apoyo incondicional de jugar como locales, los representantes de la Liga MX se convierten en feriantes del balón: vuelos interminables, cambios de horario, hoteles impersonales y canchas con superficies sintéticas a las que no siempre se adaptan.
Como bien lo han señalado diversos estrategas, el torneo se convierte en una auténtica “carnicería física” para el futbolista debido al trajín de los traslados. Pretender que compitan al ciento por ciento de su capacidad bajo ese ritmo es ignorar la fisiología humana más básica.
Otro de los puntos de quiebre en la recta final de la fase inicial es el momento físico y emocional en el que ambos torneos se encuentran. La MLS está en pleno corazón de su temporada, con un ritmo competitivo feroz, una maquinaria aceitada y planteles diseñados específicamente bajo el tope salarial y las reglas de su propio ecosistema.
Por el contrario, la Liga MX suele arrancar su participación con el torneo doméstico recién comenzado. En el momento en que se definen los boletos a la fase de eliminación directa, los altibajos tácticos y la falta de rodaje colectivo de los equipos mexicanos se pagan caros.
A esto se suma un reglamento que no perdona: la prohibición del empate y la resolución exprés en tanda de penales han demostrado premiar la resiliencia y el conocimiento milimétrico de las condiciones de localía que manejan los clubes norteamericanos.
La Liga MX sigue viviendo de los destellos individuales de sus figuras y del peso histórico de sus instituciones, pero el fútbol moderno se alimenta de planeación, logística y equidad de condiciones.
Si el torneo binacional pretende ser una verdadera fiesta de integración y competencia regional, las reglas del juego tendrán que revisarse y el reparto de la localía deberá equilibrarse de forma real.
Hasta que eso ocurra, los equipos mexicanos seguirán chocando contra el mismo muro invisible en la recta final de la primera fase. La Leagues Cup, más que una oportunidad de revancha, se ha convertido en un espejo incómodo que le recuerda al balompié azteca que la chequera, la comodidad logística y la planeación institucional de la MLS ya no están un paso atrás, sino que le han tomado ventaja de manera implacable.
Sobre el autor
Sergio Enrique Hernández Piñón es licenciado en Periodismo por la Universidad de Guadalajara. Tiene más de 20 años en medios con experiencia en radio, prensa escrita y medios digitales. Además, durante 15 años fue director general de la plataforma “Presencia Deportiva”, medio especializado en periodismo deportivo.
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El descaro de colgarse medallas ajenas
Hay gestos que retratan de cuerpo entero la miseria institucional del deporte mexicano. El histórico y titánico tercer lugar de Isaac del Toro en el Tour de Francia no es solo una gesta sin precedentes para el ciclismo nacional; es, sobre todo, una cachetada con guante blanco a la desidia gubernamental.
Sin embargo, fiel a la más rancia escuela del oportunismo político, la maquinaria de la llamada Cuarta Transformación (4T) no tardó en activar su aparato de relaciones públicas para intentar capitalizar un éxito en el que jamás creyeron, ni mucho menos invirtieron.
La más reciente y bochornosa muestra de ello provino de las redes sociales del director de la CONADE, Rommel Pacheco. Con la ligereza de quien presume un logro propio, el ex clavadista se apresuró a publicar un mensaje triunfalista acompañado de una fotografía junto al ciclista, intentando vender la narrativa de un Estado benefactor que cobija a sus talentos.
Durante la etapa formativa y los años más oscuros y tortuosos de preparación para Isaac del Toro, la CONADE brilló por su absoluta y cruel ausencia.
Como bien lo denunció en su momento, con indignación, el padre del atleta, José del Toro, el camino de “El Torito” se pavimentó a base de sacrificios familiares, de tocar puertas infinitas y de cubrir de su propio bolsillo inscripciones, viáticos y pasajes.
Para el aparato oficial, el hoy héroe nacional era invisible. La única “ayuda” gubernamental que la familia recordaba tras múltiples ruegos fue una miseria inferior a los 2,000 pesos; una limosna institucional que retrata la humillación a la que se somete sistemáticamente a los deportistas de alto rendimiento en México.
Lo ocurrido con Rommel Pacheco y la 4T no es un hecho aislado, sino la repetición sistemática de una fórmula propagandística: abandonar en el calvario presupuestal al atleta y aparecerse puntualmente con la chequera de los aplausos y los reflectores cuando la gloria ya fue conquistada con esfuerzo privado.
Pretender colgarse la medalla de bronce del Tour de Francia, un logro forjado en las exigentes rutas europeas, gracias al talento innato del ciclista y al soporte de estructuras internacionales, es una falta de respeto a la inteligencia de los mexicanos.
Es muy cómodo tomarse la foto con el deportista consagrado, sonreír para la posteridad y colgarse medallas ajenas, cuando la realidad en las instalaciones y federaciones sigue siendo el desamparo para cientos de niñas, niños y jóvenes que hoy sueñan con emular a Del Toro sin un centavo de respaldo real.
El histórico podio de Isaac del Toro en el Tour de Francia nos pertenece a todos, sí, pero de una forma muy particular: pertenece a su familia, a su disciplina y a su férrea voluntad.
No le pertenece a la CONADE ni a la narrativa oficialista que hoy intenta subirse de última hora a la bicicleta del triunfo.
Menos demagogia en las plataformas digitales, menos fotos oportunistas y mucha más vergüenza institucional.
Si Rommel Pacheco y la 4T realmente quisieran honrar el éxito de “El Torito”, lo congruente sería dejar de parasitar los triunfos ajenos y garantizar, de una vez por todas, presupuestos dignos para que ningún otro talento mexicano tenga que mendigar apoyos para triunfar en el mundo.
Ahora viene el proceso rumbo a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028 y ahí se verá el apoyo real de la CONADE y de Pacheco para Del Toro.
Sobre el autor
Sergio Enrique Hernández Piñón es licenciado en Periodismo por la Universidad de Guadalajara. Tiene más de 20 años en medios con experiencia en radio, prensa escrita y medios digitales. Además, durante 15 años fue director general de la plataforma “Presencia Deportiva”, medio especializado en periodismo deportivo.
