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Opinión

El Día de Fernando Valenzuela: Un acto de poder político y celebración cultural

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opinión de Fernando Arango sobre el Día de Fernando Valenzuela

El 1 de noviembre, conocido en México como el día anterior a la celebración del Día de los Muertos, se ha convertido en una fecha de gran significado para la comunidad mexicano-estadounidense en California. 

El gobernador Gavin Newsom ha declarado este día como el Día de Fernando Valenzuela, un acto que va más allá de un simple reconocimiento deportivo. Esta decisión, con sus profundas implicaciones políticas, económicas y sociales, se interpreta como un desafío directo al legado de la administración de Donald Trump, conocida por sus políticas migratorias restrictivas.

La dimensión política: Un desafío a la narrativa anti-inmigrante

El gesto de Newsom, al honrar a un ícono mexicano, es una declaración política audaz que se contrapone directamente a las políticas de la administración de Donald Trump. La proclamación del Día de Fernando Valenzuela en California envía un mensaje de inclusión y respeto hacia la comunidad inmigrante, un claro contraste con la retórica de construcción de muros y la demonización de los inmigrantes que caracterizaron la presidencia de Trump. 

Este acto no es meramente simbólico, sino que busca solidificar el apoyo del electorado méxico-americano, que en California representa una fuerza demográfica y electoral crucial. Al reconocer la contribución cultural de una figura como Valenzuela, Newsom se posiciona como un defensor de los valores de diversidad e integración.

Este reconocimiento va más allá de un simple nombramiento. Es una estrategia para marcar una identidad política distinta a la del gobierno federal republicano. California, un estado con una de las mayores poblaciones méxico–americanas y jaliscienses en los Estados Unidos, utiliza el poder de su gobernador para proyectar una visión alternativa de Estados Unidos: una en la que la herencia cultural mexicana es celebrada, no estigmatizada. Al honrar a Valenzuela, Newsom está validando la experiencia de millones de inmigrantes y sus descendientes, enviando un mensaje de bienvenida y pertenencia en un clima político a menudo hostil. La elección de la fecha, el 1 de noviembre, justo antes del Día de los Muertos, es una genialidad política que une el reconocimiento deportivo con una profunda tradición cultural, haciendo el mensaje aún más resonante y significativo para la comunidad.

La proclamación de este día es un acto de diplomacia interna que busca fortalecer los lazos entre el estado de California y la comunidad mexicana. El legado de Valenzuela sirve como un puente cultural, y su reconocimiento oficial por parte del estado demuestra un compromiso con la diversidad. En un momento de polarización, esta acción de Newsom es un intento de construir puentes, no muros, y de reafirmar que la identidad californiana está intrínsecamente ligada a la herencia mexicana y latina. Este gesto estratégico subraya la autonomía de los estados para establecer sus propias agendas y valores en contraposición a las políticas federales, demostrando que California es una potencia que puede desafiar y ofrecer una narrativa alternativa. 

En el contexto de la política estadounidense, donde la inmigración es un tema central y divisivo, la decisión de Newsom de honrar a Valenzuela es un claro desafío ideológico. Es un rechazo a la idea de que la cultura y los logros de los inmigrantes deben ser marginados. En cambio, Valenzuela es elevado al estatus de un héroe estatal, su historia de éxito se convierte en un símbolo del sueño americano, redefinido para incluir la experiencia inmigrante. Al hacer esto, Newsom no solo está celebrando a un deportista, sino que está reivindicando la contribución de los inmigrantes a la sociedad estadounidense, utilizando a una figura universalmente querida para ganar la batalla por los corazones y mentes de los votantes en un estado clave.

El impacto económico: El poder del mercado latino

La “Fernandomania” no fue sólo un fenómeno deportivo, fue un catalizador económico masivo para los Dodgers y la ciudad de Los Ángeles. La llegada de Valenzuela en 1981 atrajo a una base de fanáticos completamente nueva, compuesta por inmigrantes mexicanos y sus familias, muchos de los cuales nunca habían asistido a un juego de béisbol. La afluencia de esta audiencia se tradujo en un incremento exponencial en la venta de boletos, llenando el Dodger Stadium de una energía sin precedentes. Este nuevo mercado demostró su poder adquisitivo no sólo en entradas, sino también en la compra de merchandising de los Dodgers, desde gorras hasta camisetas con el número 34, creando una nueva fuente de ingresos para la franquicia.

El impacto económico de Valenzuela se extendió más allá del estadio. Los derechos de transmisión de los juegos de los Dodgers se volvieron inmensamente valiosos para el mercado méxico-americano, y mexicano, sobre todo, lo que llevó a las cadenas de televisión a invertir en transmisiones en español. Esto no sólo aumentó los ingresos por publicidad, sino que también expandió el alcance y la influencia de la marca Dodgers en toda América Latina. 

La proclamación del Día de Fernando Valenzuela reconoce oficialmente este legado económico, celebrando cómo un solo jugador pudo desbloquear el poder del mercado latino, un poder que sigue siendo un pilar de la economía de California.

La relación entre los Dodgers y la comunidad mexicana y méxico-americana es un modelo de éxito de marketing y compromiso comunitario. Al honrar a Valenzuela, el estado de California está validando la estrategia de los Dodgers, que han cultivado esta relación a lo largo de décadas. El hecho de que la organización se haya manifestado en contra de políticas anti-inmigrantes, como al rechazar la entrada de agentes del ICE a sus instalaciones, ha fortalecido el vínculo de lealtad con su base de fanáticos latinos. Este apoyo mutuo es un ejemplo de cómo una organización deportiva puede alinear sus valores con los de su comunidad, creando una relación simbiótica que beneficia a ambas partes económica y socialmente.

El legado de Valenzuela es una lección para empresas y organizaciones sobre la importancia de la inclusión cultural. Su éxito mostró que invertir en figuras y eventos que resuenan con la comunidad méxico-americana no es sólo una cuestión de responsabilidad social, sino una estrategia comercial brillante. La conmemoración de este día es un recordatorio de que la diversidad es una ventaja económica, un motor de crecimiento que puede generar nuevas audiencias y lealtades. Al celebrar el impacto de Valenzuela, California está enviando un mensaje a todas las industrias de que reconocer y honrar las contribuciones de las comunidades minoritarias es crucial para el éxito en el siglo XXI.

El legado social: Un símbolo de orgullo y conexión

Fernando Valenzuela no es sólo un ícono deportivo, es un símbolo de esperanza y orgullo para la comunidad mexicana y méxico-americana. Su historia, la de un joven de un pequeño pueblo en Sonora que llegó a la cima del béisbol profesional en Estados Unidos, resonó profundamente con la experiencia de los inmigrantes y sus hijos. Su éxito en la Major League Baseball no fue visto simplemente como un logro personal, sino como una victoria colectiva. Al verlo dominar a los mejores bateadores, la comunidad sintió que sus propias luchas y aspiraciones estaban siendo representadas en el escenario más grande. La “Fernandomania” unificó a la comunidad méxico-americana, dándoles una figura a quien podían llamar “propia”.

El impacto de Valenzuela en la sociedad fue tan profundo que transformó la relación entre México y el béisbol en Estados Unidos. Antes de él, el béisbol no era el deporte más popular en México, pero su éxito creó una generación de fanáticos de los Dodgers. Su legado social es haber creado un puente cultural entre dos naciones, utilizando el deporte como un lenguaje universal. La gente en México siempre estuvo al pendiente para ver sus juegos, y la victoria de los Dodgers de 1981 fue celebrada con tanto fervor en México como en Los Ángeles. El Día de Fernando Valenzuela es una formalización de este lazo cultural, reconociendo que el deporte puede ser un poderoso vehículo para la conexión y la identidad cultural.

La relación entre los Dodgers y la comunidad latina se ha cimentado a lo largo de los años gracias a este legado. El equipo ha sido un aliado crucial para la comunidad, y su decisión de no permitir la entrada a agentes del ICE a sus instalaciones es una manifestación directa de este apoyo. Este acto de solidaridad resonó profundamente en la comunidad inmigrante, reforzando la percepción de que los Dodgers no son solo un equipo deportivo, sino un miembro activo y solidario de su comunidad. El Día de Fernando Valenzuela es una celebración de esta lealtad y apoyo mutuo, reconociendo cómo un equipo y una comunidad pueden unirse en defensa de valores compartidos.

En un sentido más amplio, el legado de Valenzuela es una narrativa de la diáspora mexicana en Estados Unidos. Su historia representa la perseverancia, el talento y la contribución de los inmigrantes que, a menudo, son marginados. La proclamación de este día es una afirmación de que la cultura mexicana y sus héroes son parte integral del tejido de California. Al celebrar a Valenzuela, el estado no solo está rindiendo homenaje a un deportista, sino que está reconociendo la historia y la identidad de millones de personas, haciendo un gesto de inclusión que trasciende el deporte y se convierte en una poderosa declaración social.

El vínculo de Jalisco y California: Una hermandad a través del béisbol

La trayectoria de Fernando Valenzuela en la Liga Mexicana de Beisbol, particularmente con los Charros de Jalisco, añade una capa más profunda a la relación cultural y política entre México, Jalisco y California. La historia de Valenzuela no se limita a su éxito en Los Ángeles; su paso por los campos mexicanos lo conecta directamente con el corazón de la afición mexicana. Al honrar a Valenzuela, Gavin Newsom no solo reconoce a la comunidad mexicana en California, sino que también establece un puente simbólico con Jalisco, un estado de México del cual provienen una gran cantidad de inmigrantes que han establecido sus vidas en California.

Esta conexión es estratégicamente valiosa para Newsom, ya que el apoyo de la comunidad jalisciense en California es significativo. El acto de honrar a su ídolo deportivo es percibido por esta comunidad como un reconocimiento directo de sus raíces y su identidad. 

Los Charros de Jalisco no son sólo un equipo para los aficionados, son una institución que representa la cultura de la región. El hecho de que Valenzuela haya jugado para ellos refuerza la idea de que su legado está intrínsecamente ligado al espíritu de Jalisco. La proclamación del Día de Fernando Valenzuela es, por lo tanto, un acto que fortalece los lazos de esta hermandad cultural, proyectando a Newsom como un líder que comprende y valora la conexión transfronteriza.

El apoyo de esta comunidad a Newsom es una ganancia política significativa. Al celebrar a una figura que es tan querida en Jalisco, el gobernador californiano está enviando un mensaje de solidaridad y aprecio que resuena profundamente. Este gesto puede traducirse en una mayor participación electoral y apoyo a las políticas del Partido Demócrata, cimentando su base entre un electorado clave.  

En un contexto donde las políticas migratorias son un tema central, la celebración de un ícono que une a ambos estados es un acto de poder blando, demostrando que la cooperación cultural puede ser una herramienta efectiva para la diplomacia y el fortalecimiento de alianzas políticas.

El legado de Valenzuela en los Charros de Jalisco simboliza la hermandad entre dos economías y sociedades. La migración de jaliscienses a California ha creado un flujo constante de personas, bienes e ideas, y el béisbol, a través de Valenzuela, ha servido como un punto de conexión emocional y cultural. El hecho de que el gobernador Newsom celebre esta conexión es una muestra de que California ve a Jalisco no sólo como un origen de inmigrantes, sino como un socio cultural y social. 

Al honrar a la leyenda que unió a ambas regiones, Newsom refuerza su posición como un líder que fomenta la unidad y el respeto mutuo, desafiando cualquier intento de división y celebrando la rica historia compartida.

Sobre el autor

Fernando Arango Ávila es jurista y académico. Doctor en Ciencias de lo Fiscal, y actualmente cursa un posdoctorado en Derecho. Actualmente, combina su experiencia práctica con su labor investigativa. Escribe: drarango83@gmail.com.

Opinión

El uso del género como atajo al Mundial

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Columna de Sergio Enrique Hernández

El arbitraje en el fútbol mexicano siempre ha sido un terreno de polémicas y errores graves. El problema surge cuando esas críticas se diluyen o se magnifican según agendas ajenas al rendimiento sobre el césped.

Katia Itzel García fue designada como árbitra central mexicana para el Mundial 2026, convirtiéndose en la primera mujer en lograrlo. Nadie discute el derecho de las mujeres a arbitrar en la élite si demuestran capacidad. 

El problema surge cuando las evaluaciones técnicas parecen secundarias frente a la narrativa de “primera mujer mexicana”.

El caso del partido Pumas vs. Mazatlán ilustra el problema con claridad. García cortó una jugada de peligro evidente al final del primer tiempo y expulsó al entrenador Sergio Bueno tras sus reclamos. 

Lo grave ocurrió después: Bueno fue sancionado por un supuesto comentario machista que nunca quedó registrado en la cédula arbitral. 

Que la Comisión Disciplinaria de la FMF (Federación Mexicana de Fútbol) solo aplicara multa, horas de labor social y un partido de suspensión tras la presión pública y la intervención del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) genera dudas razonables sobre el procedimiento. 

Cuando la documentación oficial es sustituida por testimonios externos y redes sociales, el proceso deja de ser transparente.

Este mismo patrón se repite con sus actuaciones en el campo. Ex árbitros, como Fernando Guerrero, han señalado fallas concretas en su posicionamiento, en la lectura de jugadas de peligro y en la administración del tiempo agregado. 

Errores que, en árbitros masculinos, suelen terminar en descensos o informes técnicos severos. Sin embargo, cualquier cuestionamiento técnico se responde con la etiqueta de “ataque machista” en lugar de rebatirse con repeticiones y análisis arbitral.

El arbitraje no admite cuotas ni narrativas ideológicas. Un mal pitazo duele igual si lo comete un hombre o una mujer, y un buen arbitraje se respeta por igual. 

La FIFA y la FMF deben priorizar la excelencia sobre la simbología. De lo contrario, no estaremos rompiendo techos de cristal, sino instalando techos de cartón que se derrumban al primer error serio en un Mundial. 

El fútbol merece árbitros elegidos por su silbato, no por su discurso.

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Opinión

Chivas, lección 2: Compromiso

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Chivas, lección 2: Compromiso

Construir una relación sana con la deuda implica, antes que nada, entenderla sin prejuicios. Cuando aparecen la ansiedad, el remordimiento o el estrés, conviene recordar algo fundamental: las decisiones financieras son personales y responden a contextos específicos. Asumirlas con claridad evita caer en la tentación de repartir culpas y permite enfocarse en lo verdaderamente importante: la responsabilidad que conllevan.

La semana pasada abordé el componente de incertidumbre que acompaña a la deuda, así como su percepción dentro de la cultura mexicana. Hoy el enfoque es distinto, pero complementario. Se trata de una palabra clave que muchas veces se menciona, pero pocas se dimensiona en su totalidad: compromiso.

El compromiso está presente en casi todos los aspectos de la vida cotidiana. Basta pensar en algo tan común como mejorar la salud física. No es suficiente con desearlo; implica asumir hábitos concretos: alimentación balanceada, disciplina en el ejercicio y constancia. Sin ese compromiso, cualquier intención se diluye con el tiempo.

En el ámbito financiero ocurre exactamente lo mismo. La deuda puede entenderse como el compromiso que adquirimos al disponer hoy de un dinero que no tenemos, con la obligación de pagarlo en el futuro. En ese proceso intervienen factores como el tiempo y los intereses, que modifican el valor original. Ahí radica tanto su atractivo como su riesgo.

La deuda no es, por definición, un elemento negativo. Bien utilizada, puede ser una herramienta que acelere objetivos: adquirir una vivienda, invertir en un negocio, atender una necesidad urgente o incluso reorganizar compromisos previos. Es, en muchos sentidos, un recurso que amplía posibilidades. Sin embargo, su efectividad depende completamente del criterio con el que se utilice y, sobre todo, del compromiso que se asuma al adquirirla.

El problema surge cuando la decisión se toma desde la urgencia o la emoción, sin dimensionar las implicaciones reales. En ese punto, la deuda deja de ser una herramienta y se convierte en una carga. No por su naturaleza, sino por la falta de claridad al momento de asumirla.

Para entender mejor esta idea, vale la pena trasladarla a un terreno familiar: el fútbol. A lo largo de su historia, el Club Guadalajara ha realizado inversiones importantes para reforzar su plantilla, apostando por los mejores jugadores mexicanos disponibles en el mercado. Esta estrategia responde a una característica única que distingue al equipo: su identidad basada exclusivamente en futbolistas nacionales.

Esa misma identidad, sin embargo, genera un efecto en el mercado. Otros equipos saben que Guadalajara tiene un margen limitado y ajustan sus precios en consecuencia. El resultado es conocido: fichajes costosos que elevan las expectativas deportivas y financieras.

Pero aquí es donde entra el compromiso como factor decisivo. No basta con incorporar talento o con el prestigio que acompaña a ciertos jugadores. Si quienes llegan no asumen la responsabilidad de rendir al máximo nivel, de mantenerse en forma y de alinear sus objetivos personales con los del equipo, la inversión pierde sentido. El resultado no sólo se refleja en la cancha, sino también en las finanzas del club.

Lo mismo ocurre con la deuda a nivel personal. Cuando no existe un compromiso real para cumplir con las obligaciones adquiridas, las consecuencias se acumulan. Los pagos pendientes crecen, los intereses se multiplican y el margen de maniobra se reduce. Lo que en un inicio parecía una solución, termina por convertirse en un problema mayor.

El fútbol actual ofrece múltiples ejemplos de ello. Equipos con grandes figuras que no logran consolidarse como conjunto, jugadores con talento indiscutible que no alcanzan su máximo nivel por falta de disciplina, y proyectos que se quedan a medio camino por no sostener un compromiso colectivo. En contraste, los equipos que logran trascender suelen tener una base clara: disciplina, responsabilidad y objetivos compartidos.

En las finanzas personales, el principio es el mismo. No se trata únicamente de acceder a recursos, sino de saber administrarlos con responsabilidad. El compromiso no es una idea abstracta; se traduce en acciones concretas: planificar, priorizar, cumplir plazos y anticipar escenarios.

Vale más una decisión bien pensada y respaldada por un compromiso firme, que múltiples intentos impulsivos sin dirección clara. En el fútbol, un equipo comprometido suele imponerse sobre el talento aislado. En la vida financiera, ocurre algo similar.

El compromiso, tanto en la deuda como en la cancha, no es opcional. Es la base que determina si una decisión se convierte en una oportunidad o en una carga. Sin compromiso, no hay resultados sostenibles. Sin compromiso, cualquier ventaja inicial se desvanece con el tiempo.

El balón, una vez más, sigue botando.

Sobre el autor

Soy Gustavo Vaca, especialista en hacienda pública, finanzas y políticas públicas. Tengo experiencia en el diseño, gestión y evaluación de programas públicos. De formación soy administrador, docente de profesión y por las noches intento de futbolista. X:@GustavoVacaM.

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Quiñones, lección 1: Incertidumbre

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Gustavo Vaca escribe en su columna sobre Julián Quiñones

Hablar de deuda es hablar de una de las decisiones financieras más comunes y, al mismo tiempo, más incomprendidas. En términos simples, la deuda es un compromiso: dinero que recibimos hoy y que deberemos devolver en el futuro, generalmente con un costo adicional. Sin embargo, más allá de su definición técnica, la deuda tiene un componente emocional poderoso: genera incertidumbre.

¿Por qué la deuda provoca ansiedad? La respuesta está en lo que no controlamos. Cuando una persona se endeuda, adquiere una obligación que se proyecta hacia el futuro, un terreno donde intervienen múltiples variables: ingresos, estabilidad laboral, emergencias, tasas de interés y condiciones económicas. Esa falta de certeza es la que activa una sensación de alerta constante.

A esto se suma una realidad frecuente: muchas personas no se endeudan para invertir o crecer, sino para resolver pendientes. Es decir, recurren al crédito para cubrir gastos ya vencidos o compromisos inmediatos. De ahí surge la conocida dinámica de “hacer un hoyo para tapar otro hoyo”, un círculo que, lejos de resolver el problema, puede ampliarlo si no se gestiona con cuidado.

Esta combinación —incertidumbre más presión financiera— explica por qué la deuda suele percibirse como un riesgo antes que como una herramienta. Y, sin embargo, también puede ser lo contrario. Bien utilizada, la deuda permite acceder a oportunidades, impulsar proyectos o resolver necesidades estratégicas. La clave está en entenderla, planificarla y dimensionar sus efectos en el tiempo.

Para ilustrarlo, vale la pena mirar hacia un terreno conocido: el fútbol.

En el mercado de fichajes, existen equipos con gran poder económico que pueden adquirir a los mejores jugadores. Pero no todos los clubes tienen esa capacidad. Por ello, recurren a otra figura: el préstamo. Un equipo cede temporalmente a un jugador a otro club, que lo incorpora con la esperanza de mejorar su rendimiento deportivo.

En ese acuerdo hay una apuesta. El equipo que recibe al jugador confía en que su incorporación generará resultados: más victorias, mayor asistencia al estadio, venta de mercancía o visibilidad mediática. Sin embargo, no hay garantías. El jugador puede adaptarse rápidamente y marcar diferencia… o puede no rendir como se esperaba.

Ahí aparece la incertidumbre.

El préstamo, como la deuda, implica tomar una decisión hoy con base en un beneficio esperado mañana. Pero ese resultado depende de múltiples factores: el desempeño del jugador, la dinámica del equipo, las lesiones, la presión del entorno. No todo está bajo control.

Un ejemplo claro es el de Julián Quiñones. A lo largo de su carrera, fue cedido a distintos equipos como parte de su desarrollo. En su paso por el Atlas, su rendimiento superó expectativas y se convirtió en pieza clave para romper una sequía histórica sin títulos. En ese momento, el nivel de incertidumbre era alto: nadie podía asegurar que el resultado sería ese. Sin embargo, la apuesta funcionó.

Lo mismo ocurre con la deuda. No es buena ni mala por sí misma. Su impacto depende del contexto, del uso que se le dé y, sobre todo, de la capacidad de quien la adquiere para administrarla. Endeudarse sin planificación aumenta el riesgo y la ansiedad. Hacerlo con estrategia puede generar beneficios concretos.

Por eso, más que temerle a la deuda, conviene entenderla. Saber cuánto se puede pagar, en qué plazo, con qué tasa y bajo qué condiciones. Evaluar escenarios: qué pasa si los ingresos cambian, si surge un imprevisto o si el costo del crédito aumenta. Esa planeación no elimina la incertidumbre, pero sí la reduce y la vuelve manejable.

En finanzas, el tiempo es un factor determinante. Las decisiones que se toman hoy tienen efectos acumulativos en el futuro. Lo mismo en el fútbol: una contratación, un préstamo o una apuesta pueden transformar el destino de un equipo… o convertirse en una carga.

La diferencia está en la estrategia.

La deuda, como el balón, siempre estará en juego. La pregunta no es si participamos o no, sino cómo lo hacemos. Porque, al final, no se trata de evitar la incertidumbre, sino de aprender a jugar con ella.

Sobre el autor

Soy Gustavo Vaca, especialista en hacienda pública, finanzas y políticas públicas. Tengo experiencia en el diseño, gestión y evaluación de programas públicos. De formación soy administrador, docente de profesión y por las noches intento de futbolista. X:@GustavoVacaM.

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Atacar o defender: la economía también juega

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Columna de opinión de Gustavo Vaca, quien escribe de la economía en el futbol

En el fútbol, como en la economía, no todo se reduce a elegir entre atacar o defender. La verdadera diferencia está en saber cuándo hacer cada cosa.

Hoy escuchamos con frecuencia términos como inflación, tasas de interés o crecimiento económico. Sabemos que el precio de la gasolina sube, que el Banco de México ajusta la tasa de referencia o que el gobierno modifica el gasto público. Pero detrás de esos movimientos hay dos grandes fuerzas que, aunque distintas, buscan el mismo objetivo: mantener el equilibrio.

Por un lado, está la política monetaria. Su campo de acción es claro: controlar la inflación y regular la cantidad de dinero en circulación. Para lograrlo, utiliza herramientas como la tasa de interés. Si la economía se acelera demasiado, sube las tasas para frenar el consumo. Si se desacelera, las baja para incentivar el gasto.

Por otro lado, está la política fiscal. Aquí entran el gasto público, los impuestos y la deuda. El gobierno decide cuánto gastar, en qué invertir y cómo recaudar. Su objetivo es estabilizar la economía y, en muchos casos, redistribuir el ingreso.

Dos estrategias distintas. Dos formas de intervenir. Un mismo objetivo: que la economía no se desborde ni se estanque.

Hasta aquí, todo suena técnico. Pero traslademos esta lógica al fútbol.

Un equipo también enfrenta decisiones constantes: atacar o defender, presionar o esperar, arriesgar o contener. No existe un solo camino hacia la victoria, pero sí una constante: el equilibrio.

Pensemos en el Barcelona de Pep Guardiola. Su propuesta era ofensiva, dominante, casi obsesiva con el balón. Pero su éxito no se explicaba solo por atacar. Detrás había una defensa adelantada, valiente, capaz de sostener duelos individuales en campo abierto. Sin esa base, su estilo ofensivo habría sido insostenible.

Ahora recordemos a Italia en el Mundial de 2006. Su fortaleza estaba en el orden defensivo, en la disciplina táctica y en la capacidad de cerrar espacios. No necesitaba abrumar al rival; le bastaba con neutralizarlo y aprovechar los momentos clave.

Dos estilos opuestos, ambos exitosos

Lo mismo ocurre en la economía. Una política expansiva —equivalente a un equipo que ataca constantemente— busca dinamizar el crecimiento: más dinero en circulación, más consumo, más inversión. Pero si se exagera, puede generar inflación descontrolada.

En cambio, una política restrictiva —como un equipo que prioriza defender— intenta enfriar la economía: menos gasto, menos liquidez, más control. El riesgo es caer en estancamiento.

La clave, en ambos casos, no es elegir un extremo, sino saber ajustar.

Ni el mejor ataque gana sin respaldo defensivo. Ni la defensa más sólida resiste sin capacidad de respuesta ofensiva. En la economía, tampoco basta con estimular o frenar: hay que leer el contexto y actuar en consecuencia.

Por eso, el verdadero reto —para entrenadores y para quienes diseñan la política económica— no es definir un estilo, sino adaptarlo. Entender el momento, interpretar al rival, anticipar escenarios.

Porque ni las camisetas ganan partidos ni las teorías, por sí solas, estabilizan economías.

Ganar —en la cancha o en los mercados— es el resultado de decisiones coherentes, ajustes constantes y equilibrio estratégico.

El balón sigue botando. Y la economía, también.

Sobre el autor

Soy Gustavo Vaca, especialista en hacienda pública, finanzas y políticas públicas. Tengo experiencia en el diseño, gestión y evaluación de programas públicos. De formación soy administrador, docente de profesión y por las noches intento de futbolista. X:@GustavoVacaM.

Con fotografía en portada de AP.

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