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Una liga femenil “movida”

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Alzar la voz, documentar la protesta y movilizar

Solo 39 futbolistas que debutaron en el primer año de existencia de la liga profesional mexicana están activas en el club con el que empezaron su carrera. La Liga BBVA MX Femenil suma siete años de continuidad, y actualmente la integran 402 deportistas mexicanas.

Es decir, tomando en cuenta que se mantuviera el promedio de futbolistas por plantel, tenemos que solo alrededor del 10% de las jugadoras ha permanecido en un mismo equipo, por lo que es evidente la movilidad que hay en la liga. Futbolistas nacionales han dejado el certamen, otras se han incorporado a otros equipos y una de cada 10 ha hecho trayectoria en un mismo sitio, desde el inicio.

¿De qué nos habla todo esto? ¿Qué lleva a las jugadoras a cambiar de club, y por tanto -en varias ocasiones- de ciudad de residencia? ¿Cuáles son las historias detrás y los retos que implica mantenerse como profesional de la liga?

Por lo que hemos podido saber, de entrevistas con las futbolistas, entre las razones para moverse de club están la intención de una mejora salarial y de las condiciones de trabajo, la apuesta por un crecimiento deportivo por competencia interna y por esas mejores condiciones de empleabilidad. También incluso por cierre de ciclo, por proyectos de pareja y por la aspiración de sumar más minutos.

Otro factor para tomar en cuenta es que al comienzo de la liga las mujeres deportistas no tenían la certeza de que ésta perdurara, y de cómo caminaría. Y los salarios fueron simbólicos, injustos. A lo máximo que podían aspirar era a ¡dos mil pesos! Los clubes de la Liga MX impusieron topes máximos a los salarios de las jugadoras, de noviembre de 2016 a mayo de 2019.

Esa condición también pudo influir en la salida de varias. Sabemos lo importante que ha sido el apoyo familiar para las deportistas, en varios sentidos, el económico, uno de ellos. Mantenerse en el alto rendimiento tiene un coste particular, tan solo imaginemos lo que implica la alimentación sana y rigurosa.

También lo estructural ha influido en la movilidad en la liga, ya que los contratos suelen ser de un año y hasta tres, y en la industria se promueve como un atractivo, la constante compra de fichajes que implica dar de baja a otras jugadoras y jugadores.

Me pregunto si también hay futbolistas que han migrado para evitar el acoso sexual del que hemos sabido hubo reportes, por ejemplo, en Necaxa. Es desafortunado, mas es una realidad. También para salir de un ambiente poco propicio, como en su momento sucedió en Chivas, con Ramón Villa Zeballos en la dirección técnica.

De entre las 39 futbolistas, hay jugadoras que han comenzado con un club, luego han representado a otro (s) y actualmente trabajan para la institución original; se dio un retorno. Se trata de Karol Bernal, Jana Gutiérrez, Nailea Vidrio, Liliana Rodríguez, Esmeralda Verdugo, Maritza Maldonado, Sanjuana Muñoz, Fernanda Tarango, Jessica Tenorio, Sahiry Cruz y Ana Gabriela Huerta.

Tigres, Chivas y Pumas son las escuadras que más jugadoras conservan, con seis, cinco y cuatro de ellas, respectivamente. En tanto, Querétaro, Cruz Azul y Atlético de San Luis han renovado completamente sus planteles y nadie queda del primer año y medio de liga. Cada equipo tiene de 18 hasta 27 futbolistas mexicanas. Recordemos que no fue hasta el Apertura 2021 que se permitió deportistas extranjeras en la liga.

Emili Bautista es un caso particular. Las Bravas de Juárez comenzaron su participación en la liga en el torneo Apertura 2019. Ella debutó en Necaxa en el Clausura 2018, al poco de cumplir 15 años, sin embargo, cuando se supo que había equipo en su ciudad natal, Juárez, deseó sumarse y lo logró en la siguiente temporada, la del Clausura 2020. La defensa de 21 años, con todo y su juventud, es la jugadora más antigua del actual plantel.

Por ejemplo, Atlas actualmente tiene reflejado en su plantel -dato disponible en el sitio web de la liga- a 22 jugadoras mexicanas, y cuatro extranjeras. Pues bien, del verano de 2017 a este cierre de 2024, 107 mujeres fueron convocadas a los partidos oficiales de Primera División para representar al club rojinegro tapatío. De ese poco más de centenar, 43 ingresaron al club en los tres torneos que comprendieron 2017 y 2018, el primer año y medio de liga, y solo dos de ellas están activas hoy en Atlas.

Por supuesto que el sistema social y económico en el que estamos insertos alcanza a las futbolistas, solo que no por eso deja de ser cuestionable y/o mejorable cómo se dan las contrataciones y (in) estabilidad laboral en la industria del deporte.

Otros interrogantes que podemos plantear es: por qué permanecen las que lo hacen, y qué características y herramientas tienen para lograr lo que parece una hazaña. 

Es notable que los clubes más ganadores en la categoría, los que suelen ser protagonistas e instalarse en liguillas, los que poseen regularidad, tienen menos rotación de jugadoras -o mantiene una cierta base por un tiempo- y eso abona al buen funcionamiento del equipo. Mientras que otros, como Mazatlán, permanentemente en el fondo de la tabla, renueva cada torneo a un buen porcentaje de su plantel. También podríamos hablar del nivel de compromiso de las instituciones con sus primeros equipos femeniles. Ojo con la movilidad de la liga y sus repercusiones. Las ventajas y desventajas, la totalidad de lo que ocurre. Aquí por mientras un bosquejo de parte de la realidad construida.

Las jugadoras “casadas” con un club

Rayadas: Diana Evangelista (Copa), Rebeca Bernal (AP17) y Karol Bernal (AP18).

Tigres: Belén Cruz (Copa), Ofelia Solís, Jacqueline Ovalle, Natalia Villareal, Nayeli Rangel (AP17), y Fernanda Elizondo (CL18).

América: Casandra Cuevas (AP17) y Jana Gutiérrez (CL18).

Pachuca: Mónica Ocampo, Karla Nieto, y Nailea Vidrio.

Juárez: La historia de las Bravas inició en el Apertura 2019, Emili Bautista llegó en el CL20, es la jugadora más antigua, a sus 21 años.

Chivas: Victoria Acevedo, Blanca Félix (Copa), Rubí Soto (CL18), Angélica Torres (AP18), Kinberly Guzmán (AP18).

Pumas: Dania Padilla, Dirce Delgado (AP17), Melany Villeda (CL18), Paola Chavero (CL18).

Toluca: Liliana Rodríguez.

Tijuana: Inglis Hernández (Copa), Esmeralda Verdugo.

Querétaro: 0

Atlas: Maritza Maldonado (AP17), Andrea García (AP18).

Cruz Azul: 0

León: Brenda Díaz, Sanjuana Muñoz.

Atlético San Luis: 0

Mazatlán: Fernanda Tarango, Paola Selvas (AP20).

Puebla: Ivonne Najar (AP18), Jessica Tenorio (AP18).

Santos: Marianne Martínez (AP18).

Necaxa: Lucía Muñoz (Copa), Sahiry Cruz (AP17), Ana Gabriela Huerta (AP17).

Opinión

Liga MX aporta 26 jugadores al Mundial, 12 con México y 14 en otras selecciones

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Columna de Sergio Enrique Hernández
14 futbolistas extranjeros de la Liga MX fueron convocados por sus selecciones. Foto: @LigaBBVAMX

La internacionalización de la Liga MX es una realidad que se hace cada vez más evidente en los torneos de alta competencia.

Con la publicación oficial de las listas de convocados por parte de la FIFA, un dato salta a la vista y enciende el debate: 26 futbolistas que militan en el balompié mexicano estarán representando a diversas selecciones nacionales.

Lo verdaderamente interesante de esta cifra es su equilibrio y lo que revela sobre la naturaleza de nuestra liga: de esos 26 convocados, 12 son futbolistas mexicanos y 14 son extranjeros.

​Este reparto nos invita a reflexionar sobre el rol actual de la Liga MX en el panorama continental.

Lejos de ser un circuito aislado, el fútbol mexicano se ha consolidado como un imán de talento y un aparador crucial para múltiples federaciones de la Conmebol y la Concacaf, tales como Colombia, Ecuador, Uruguay, Estados Unidos y Panamá.

A primera vista, que 14 futbolistas extranjeros de la Liga MX sean llamados por sus países de origen es un síntoma de prestigio y poder económico.

Habla de una liga que paga bien, que compite a un nivel físico demandante y que mantiene a los jugadores en el radar de sus seleccionadores nacionales.

Para el balompié azteca, esto es una medalla de validación competitiva.

Sin embargo, el reverso de la moneda nos muestra que la representación local se queda ligeramente por detrás solo 12 mexicanos.

En un ecosistema donde los clubes locales suelen saturar sus alineaciones con talento foráneo, este dato refleja la eterna paradoja de nuestro fútbol: importamos un volumen altísimo de calidad, pero a menudo lo hacemos a expensas de la proyección del futbolista nativo.

Lo valioso de esta exportación temporal es que no se concentra en uno o dos equipos “poderosos”. La diversidad de clubes de la Liga MX que aportan jugadores a este torneo demuestra que el nivel está repartido. Desde las plantillas robustas del norte hasta equipos de media tabla hacia abajo, la liga funciona como un trampolín uniforme.

Para selecciones como Ecuador o Panamá, la Liga MX ha sido históricamente un territorio de maduración ideal: un fútbol rápido, de mucha presión mediática y con una infraestructura de primer nivel que prepara a sus atletas para la máxima exigencia internacional.

​El dato oficial de la FIFA no miente. La Liga MX ya no es solo la casa del fútbol mexicano; es un motor regulador del fútbol en América.

El reto de cara al futuro no será frenar la llegada de estos 14 (o más) extranjeros de selección, sino lograr que el nivel de competencia que ellos imponen sirva para catapultar a los jóvenes de casa, de modo que en las próximas listas oficiales, los mexicanos vuelvan a ser mayoría en su propia tierra.


Sobre el autor

Sergio Enrique Hernández Piñón es licenciado en Periodismo por la Universidad de Guadalajara. Tiene más de 20 años en medios con experiencia en radio, prensa escrita y medios digitales. Además, durante 15 años fue director general de la plataforma “Presencia Deportiva”, medio especializado en periodismo deportivo.

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​El olvidadizo aplauso del resultado

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El caso más reciente de Cruz Azul no sólo confirma la regla
La llegada de Huiqui al banquillo Azul provocó críticas que hoy son silenciadas con el título. Foto: @CruzAzul.

Existe una vieja y desgastada máxima en el fútbol mexicano que reza: “Técnico que debuta, gana”. Es una frase hecha, casi un amuleto folclórico, pero cuando la realidad se empeña en darle la razón, el entorno de nuestro balompié pierde la cabeza de inmediato. 

El caso más reciente de Cruz Azul no sólo confirma la regla, sino que expone la alarmante falta de memoria —tanto a corto como a largo plazo— que padece el periodismo deportivo nacional.

​La llegada de Joel Huiqui al banquillo cementero en la recta final del torneo regular fue un auténtico salto al vacío. Un movimiento de timón tan sorpresivo como impulsivo, operado directamente desde el escritorio de la presidencia por Víctor Velázquez, saltándose las trancas y la jerarquía de su propio director deportivo, Iván Alonso. 

En su momento, la destitución de Nicolás Larcamón encendió las alarmas y las mesas de debate. A Velázquez le llovieron adjetivos: “temperamental”, “autócrata” e “impulsivo” fueron los calificativos más suaves en un mar de críticas justificadas por las formas. 

Después de todo, La Máquina venía en caída libre, hilando tropiezos en la liga y sufriendo una dolorosa eliminación en la Concachampions.

​Sin embargo, el fútbol es el único escenario donde el fin absuelve cualquier pecado de origen.

Hoy, con la décima estrella grabada en el escudo, el panorama es radicalmente opuesto. 

Aquellos que dinamitaban la gestión directiva por su falta de estructura hoy redactan loas a la “intuición” y el “carácter” de la cúpula celeste. Las críticas feroces se transformaron en alabanzas almibaradas.

​Este fenómeno no hace más que desnudar la alarmante inmediatez de la crónica deportiva actual, una industria que padece de amnesia selectiva y que suele juzgar los procesos únicamente con el diario del lunes en la mano. 

Ganar la décima es un mérito indiscutible de Huiqui y sus futbolistas, pero el campeonato no debería borrar el desorden institucional que precedió al milagro.

​En el fútbol mexicano, lamentablemente, el análisis serio siempre será esclavo del marcador de los últimos noventa minutos. 

Hoy Cruz Azul festeja, la prensa aplaude y la memoria, una vez más, se queda en la banca.


Sobre el autor

Sergio Enrique Hernández Piñón es licenciado en Periodismo por la Universidad de Guadalajara. Tiene más de 20 años en medios con experiencia en radio, prensa escrita y medios digitales. Además, durante 15 años fue director general de la plataforma “Presencia Deportiva”, medio especializado en periodismo deportivo.

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La redención de Gabriel Milito: El arquitecto del récord de puntos en Chivas

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La redención de Gabriel Milito: El arquitecto del récord de puntos en Chivas

El fútbol mexicano suele adolecer de una memoria cortoplacista y una alarmante falta de paciencia. Hace apenas unos meses, durante el arranque del Apertura 2025, el proyecto de Gabriel Milito al frente del Club Deportivo Guadalajara parecía caminar sobre la cuerda floja. 

Las dudas llovían desde la tribuna, la prensa cuestionaba su capacidad de adaptación al entorno rojiblanco y el fantasma del cese prematuro merodeaba Verde Valle. 

Hoy la narrativa es diametralmente opuesta: el estratega argentino no solo acalló las críticas, sino que acaba de firmar el torneo corto con mayor puntaje en la historia del club.

​¿Cómo se transformó un proceso tambaleante en una maquinaria histórica? La respuesta no radica en la fortuna, sino en la capacidad de Milito para recomponerse, diagnosticar sus propios errores y ejecutar una metamorfosis táctica impecable cuando las circunstancias más lo exigían.

​La genialidad del técnico no estuvo en morir con la suya, sino en saber evolucionar. Milito entendió que el protagonismo no se negocia, pero las vías para alcanzarlo sí. 

El Guadalajara del Clausura 2026 mutó hacia un equipo mucho más pragmático y vertical. Sin renunciar al buen trato de la pelota, el argentino implementó una presión tras pérdida asfixiante en campo rival, acortando las distancias entre líneas y permitiendo que el talento dinámico de sus mediocampistas y extremos pesara de verdad en el último tercio, en lugar de desgastarse en la aduana de la salida.

Lejos de quejarse por la falta de variantes o de casarse con un once inamovible, el timonel supo reactivar piezas que parecían perdidas y potenciar a los jóvenes de la cantera, combinando la exigencia táctica con una notable gestión humana.

​Sus ajustes sobre la marcha evidenciaron una lectura de partido excelsa. Chivas aprendió a cambiar de piel según el rival y el escenario:

​Capaz de sostener un 4-3-3 agresivo y de amplitud total en el Estadio Akron.

​Flexible para mutar a una línea de tres centrales o un 4-4-2 rocoso cuando el trámite fuera de casa exigía cerrar los caminos y apelar al contragolpe.

​Esa riqueza estratégica convirtió a Chivas en un enigma indescifrable para las pizarras rivales.

​Superar las míticas barreras de puntos que el club impuso en los torneos de los noventa o la era de Hans Westerhof no es una casualidad. Es el dividendo de un cuerpo técnico que supo mantener el temple en la tormenta y que convenció al futbolista mexicano de que el orden y la intensidad son las llaves del éxito.

​Gabriel Milito ha devuelto a Chivas la autoridad competitiva que su historia demanda. Por lo pronto, el banquillo del Guadalajara tiene un estratega con mayúsculas.

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El vuelo rasante: ¿Es el fin de la era Jardine en el Nido?

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El Vuelo Rasante: ¿Es el fin de la era Jardine en el Nido?
Las Águilas ya no tienen la agresividad que André Jardine les inyectó en su llegada. Foto: Especial

El fútbol tiene una memoria tan corta como cruel. Hace apenas unos meses, el Club América tocaba el cielo con las manos al consumar un tricampeonato histórico que parecía instaurar una dinastía imbatible.

Ahora el panorama en Coapa es sombrío: la reciente eliminación ante Pumas en los Cuartos de Final del Clausura 2026 no fue solo una derrota, fue el eco de un desplome que viene avisando desde hace tiempo.

​Ser tricampeón en México es una gesta heroica, pero para el América, los títulos también se han convertido en una cómoda zona de confort. La “maldición del éxito” parece haberle robado el hambre a una plantilla que hoy luce apática, sin gol y, sobre todo, sin la agresividad que André Jardine les inyectó en su llegada.

​El arranque del Clausura 2026 fue alarmante, con jornadas enteras sin marcar, evidenciando que las individualidades, como Brian Rodríguez o Zendejas, ya no bastan para ocultar las carencias colectivas.

Lo que más pesa en la balanza crítica es la incapacidad de Jardine para trascender fuera de la Liga MX. Eliminaciones consecutivas en Concachampions, el amargo tras no poder llegar al Mundial de Clubes 2025 y el nulo impacto en la Leagues Cup sugieren que el modelo de juego del brasileño tiene un techo muy marcado ante rivales de otra jerarquía.

La directiva se encuentra en la encrucijada más difícil de la década. Por un lado, despedir al técnico más exitoso de la época reciente suena a ingratitud; por otro, mantenerlo se siente como una apuesta por un proyecto que ya dio todo lo que tenía que dar.

Jardine ha pedido el regreso de Gustavo Leal como condición para seguir, buscando reconstruir esa estructura de trabajo que lo llevó a la gloria.

El ciclo actual está agotado. La eliminación ante Pumas —con un global de 6-6 que favoreció a los universitarios por posición en la tabla— dejó claro que la fragilidad mental ha regresado al Nido.

El América no necesita “ajustes”; necesita una reestructura profunda que empiece por sacudir el vestuario y, posiblemente, refrescar el banquillo.
​Si Jardine se queda, será bajo la sombra de la duda y con un crédito que se agotará al primer tropiezo del Apertura 2026.

El fin de una era no tiene por qué ser una tragedia, sino la oportunidad de evitar que el vuelo de las Águilas se convierta en una caída libre.


Sobre el autor

Sergio Enrique Hernández Piñón es licenciado en Periodismo por la Universidad de Guadalajara. Tiene más de 20 años en medios con experiencia en radio, prensa escrita y medios digitales. Además, durante 15 años fue director general de la plataforma “Presencia Deportiva”, medio especializado en periodismo deportivo.

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