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Opinión

¡Nadie nos quita lo bailado!

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La tasa de trabajo infantil en niños fue de 15.5%, mientras que de 10.7% en el caso de las niñas.

Agradecimiento especial a Adrianelly Hernández, por compartir la noticia sobre la prohibición en el reglamento y retroalimentar este artículo de opinión.

El asombro, la inteligencia, el aprendizaje y el disfrute llegaron en combo, a la narración y análisis de las acciones del futbol mexicano, con la dupla Julia Headley-Desirée Monsiváis, en febrero de este año. Algo único y para agradecer.

Sin embargo, ¿qué creen? Los directivos del futbol profesional prohibieron recientemente que las personas futbolistas en activo participen en las labores de medios de comunicación. La fiesta que vivimos con la transmisión de la Copa Oro W mediante esta dupla y con la participación de Monsiváis en una mesa de análisis en particular, se esfumó.

“Nadie nos quita lo bailado”, aunque francamente lo considero un desacierto y me pregunto cuál es la intención detrás. ¿Qué les activó las alarmas? Necesitamos más de esa calidad de transmisiones, ante la oferta actual. Ya hemos visto, con Monsiváis y en múltiples entrevistas, que las futbolistas tienen mucha riqueza para aportar, desde su experiencia, conocimientos y palabra.

Y es que Desirée es una apasionada y conocedora del futbol, en la práctica y en la teoría. Para quienes no tengan el gusto de conocerla, menciono algunas de sus credenciales:

Es una de las goleadoras históricas y pionera de la liga, con 133 goles; ha sido campeona dos veces con el Club de Futbol Monterrey, y su talento y personalidad la han llevado a jugar para tres escuadras internacionales y tres nacionales. Estudió Dirección Técnica en la ENDIT (Escuela Nacional De Directores Técnicos), de la Federación Mexicana de Futbol (Femexfut), y tiene estudios en arquitectura y la práctica como tal, aparte de su formación como futbolista profesional.

El “Reglamento de competencia, temporada 2024-2025”, que contempla su cumplimiento hasta el torneo Clausura 2025, de la Liga BBVA MX Femenil, y aprobado por el Comité Ejecutivo el 03 de julio de 2024, dice:

“Conforme al artículo 23 del Reglamento de Afiliación, Nombre y Sede de la FMF, las jugadoras e integrantes del cuerpo técnico que sean registradas en los clubes de la LIGA MX Femenil, no deberán ejercer actividades de prensa escrita, radio o televisión o cualquier otro medio de comunicación”.

Hay que decir que también el reglamento para la categoría varonil tiene prácticamente el mismo párrafo incluido. Sin embargo, es distinto el impacto que puede traer consigo en términos de garantizar calidad en la difusión del futbol femenil y sus activos. O así lo veo.

En la columna pasada señalaba que aún a la fecha, después de siete años recién cumplidos (28 de julio) de liga profesional femenil, aún continúan los casos en los que se banalizan las coberturas del futbol hecho por mujeres. Se cuelan manifestaciones del discurso patriarcal como la infantilización de las jugadoras y generizar en masculino (hablan de “la árbitro”, en vez de “la árbitra”). Y sí, son mayormente hombres los que están en los medios y los que cometen estos horrores.

Dudo mucho que falte preparación de los partidos del varonil para, entre otras cuestiones, acertar en los nombres de los jugadores o evitar llamarles “niños” o “chicos”, aunque confieso que dejé de seguir la categoría tipo en 2012, por desencanto.

Ser mujer no te da en automático una perspectiva de género, es necesaria una deconstrucción, bien dice Adrianelly Hernández, periodista, investigadora y docente mexicana, egresada de la UNAM. Sin embargo, sé que varias futbolistas la tienen y que en general ellas tenderían a hacer lo mejor posible, en un papel comunicativo, porque, entre otras cosas, ellas han sido las protagonistas, y muchas veces las afectadas, en cómo desde la palabra escrita y oral han sido incorporadas (o no) al mundo, como parte activa del universo futbol-sociedad.

Lo que experimentamos con Headley y Monsiváis fue profesionalismo puro e inteligencia. Se notó preparación, proporcionaron datos, comunicaron con calidad y claridad, les aprendimos, les escuchamos verdades-pensamiento crítico, disfrutamos de sus voces y conocimiento, de su pasión y del respeto hacia las jugadoras. Prácticamente cada persona aficionada, en “X”, que valoro y sigo, las felicitó y halagó a ambas, por su desempeño para narrar las acciones de la Selección Nacional Mayor.

Desirée tiene una inteligencia y elegancia para decir las cosas… Lo mostró en Futbol picante (ESPN). Y fue disfrutable verla ahí no solo por la comunicación verbal y no verbal que tuvo, sino por romper con esa imagen gastada (y cada vez más refrescada por mujeres) de una mesa de análisis únicamente conformada por hombres, que ha perdurado por años en ámbitos como la política y el deporte. Fue épico por demostrar que el futbol, y hablar de futbol, nada tiene que ver con el género, como también han probado otras compañeras. Monsiváis es capaz, tiene la preparación y el profesionalismo, y destaca en sus participaciones ante medios.

Entonces, si futbolistas en activo como ella sumaron a la comunicación de nuestro futbol e hicieron la diferencia, con respecto a personas que llevan años en el medio, ¿para qué evitar que participen?

Sí tengo pruebas y carezco de dudas de que muchas futbolistas, en activo, tienen la capacidad y el conocimiento para abonar a las prácticas comunicativas en torno a la industria del futbol. Porque también las ayuda su preparación académica para ello. 

Sabemos que la Liga BBVA MX Femenil tiene una incidencia significativa en estudios de licenciatura e incluso posgrado (61.9%, en 2021, El Economista); prácticamente todas tienen al menos el nivel de preparatoria cumplimentado. Y varias han estudiado para dirigir equipos (ENDIT, Femexfut).

De cara a un nuevo reglamento, vigente a partir del Apertura 2025, en vez del prohibicionismo, podría plantearse cómo sí participar de las actividades de los medios, y quizá marcar algunos límites, porque no todas las personas futbolistas tienen el profesionalismo para cuidar y desempeñar ambos roles.

En fin. Muchas gracias a Desirée, por lo vivido, disfrutado y abonado. En su momento solo reconocí su labor en una publicación en “X”, aún cuando ya tenía esta columna. Ahora gozo del recuerdo, de retomar su caso, y hago votos porque podamos escuchar cada vez más las voces de las mujeres futbolistas -y de otras profesiones- que suman a lo que engloba la industria del futbol, porque tienen como uno de sus valores: la responsabilidad.

Opinión

Liga MX aporta 26 jugadores al Mundial, 12 con México y 14 en otras selecciones

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Columna de Sergio Enrique Hernández
14 futbolistas extranjeros de la Liga MX fueron convocados por sus selecciones. Foto: @LigaBBVAMX

La internacionalización de la Liga MX es una realidad que se hace cada vez más evidente en los torneos de alta competencia.

Con la publicación oficial de las listas de convocados por parte de la FIFA, un dato salta a la vista y enciende el debate: 26 futbolistas que militan en el balompié mexicano estarán representando a diversas selecciones nacionales.

Lo verdaderamente interesante de esta cifra es su equilibrio y lo que revela sobre la naturaleza de nuestra liga: de esos 26 convocados, 12 son futbolistas mexicanos y 14 son extranjeros.

​Este reparto nos invita a reflexionar sobre el rol actual de la Liga MX en el panorama continental.

Lejos de ser un circuito aislado, el fútbol mexicano se ha consolidado como un imán de talento y un aparador crucial para múltiples federaciones de la Conmebol y la Concacaf, tales como Colombia, Ecuador, Uruguay, Estados Unidos y Panamá.

A primera vista, que 14 futbolistas extranjeros de la Liga MX sean llamados por sus países de origen es un síntoma de prestigio y poder económico.

Habla de una liga que paga bien, que compite a un nivel físico demandante y que mantiene a los jugadores en el radar de sus seleccionadores nacionales.

Para el balompié azteca, esto es una medalla de validación competitiva.

Sin embargo, el reverso de la moneda nos muestra que la representación local se queda ligeramente por detrás solo 12 mexicanos.

En un ecosistema donde los clubes locales suelen saturar sus alineaciones con talento foráneo, este dato refleja la eterna paradoja de nuestro fútbol: importamos un volumen altísimo de calidad, pero a menudo lo hacemos a expensas de la proyección del futbolista nativo.

Lo valioso de esta exportación temporal es que no se concentra en uno o dos equipos “poderosos”. La diversidad de clubes de la Liga MX que aportan jugadores a este torneo demuestra que el nivel está repartido. Desde las plantillas robustas del norte hasta equipos de media tabla hacia abajo, la liga funciona como un trampolín uniforme.

Para selecciones como Ecuador o Panamá, la Liga MX ha sido históricamente un territorio de maduración ideal: un fútbol rápido, de mucha presión mediática y con una infraestructura de primer nivel que prepara a sus atletas para la máxima exigencia internacional.

​El dato oficial de la FIFA no miente. La Liga MX ya no es solo la casa del fútbol mexicano; es un motor regulador del fútbol en América.

El reto de cara al futuro no será frenar la llegada de estos 14 (o más) extranjeros de selección, sino lograr que el nivel de competencia que ellos imponen sirva para catapultar a los jóvenes de casa, de modo que en las próximas listas oficiales, los mexicanos vuelvan a ser mayoría en su propia tierra.


Sobre el autor

Sergio Enrique Hernández Piñón es licenciado en Periodismo por la Universidad de Guadalajara. Tiene más de 20 años en medios con experiencia en radio, prensa escrita y medios digitales. Además, durante 15 años fue director general de la plataforma “Presencia Deportiva”, medio especializado en periodismo deportivo.

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​El olvidadizo aplauso del resultado

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El caso más reciente de Cruz Azul no sólo confirma la regla
La llegada de Huiqui al banquillo Azul provocó críticas que hoy son silenciadas con el título. Foto: @CruzAzul.

Existe una vieja y desgastada máxima en el fútbol mexicano que reza: “Técnico que debuta, gana”. Es una frase hecha, casi un amuleto folclórico, pero cuando la realidad se empeña en darle la razón, el entorno de nuestro balompié pierde la cabeza de inmediato. 

El caso más reciente de Cruz Azul no sólo confirma la regla, sino que expone la alarmante falta de memoria —tanto a corto como a largo plazo— que padece el periodismo deportivo nacional.

​La llegada de Joel Huiqui al banquillo cementero en la recta final del torneo regular fue un auténtico salto al vacío. Un movimiento de timón tan sorpresivo como impulsivo, operado directamente desde el escritorio de la presidencia por Víctor Velázquez, saltándose las trancas y la jerarquía de su propio director deportivo, Iván Alonso. 

En su momento, la destitución de Nicolás Larcamón encendió las alarmas y las mesas de debate. A Velázquez le llovieron adjetivos: “temperamental”, “autócrata” e “impulsivo” fueron los calificativos más suaves en un mar de críticas justificadas por las formas. 

Después de todo, La Máquina venía en caída libre, hilando tropiezos en la liga y sufriendo una dolorosa eliminación en la Concachampions.

​Sin embargo, el fútbol es el único escenario donde el fin absuelve cualquier pecado de origen.

Hoy, con la décima estrella grabada en el escudo, el panorama es radicalmente opuesto. 

Aquellos que dinamitaban la gestión directiva por su falta de estructura hoy redactan loas a la “intuición” y el “carácter” de la cúpula celeste. Las críticas feroces se transformaron en alabanzas almibaradas.

​Este fenómeno no hace más que desnudar la alarmante inmediatez de la crónica deportiva actual, una industria que padece de amnesia selectiva y que suele juzgar los procesos únicamente con el diario del lunes en la mano. 

Ganar la décima es un mérito indiscutible de Huiqui y sus futbolistas, pero el campeonato no debería borrar el desorden institucional que precedió al milagro.

​En el fútbol mexicano, lamentablemente, el análisis serio siempre será esclavo del marcador de los últimos noventa minutos. 

Hoy Cruz Azul festeja, la prensa aplaude y la memoria, una vez más, se queda en la banca.


Sobre el autor

Sergio Enrique Hernández Piñón es licenciado en Periodismo por la Universidad de Guadalajara. Tiene más de 20 años en medios con experiencia en radio, prensa escrita y medios digitales. Además, durante 15 años fue director general de la plataforma “Presencia Deportiva”, medio especializado en periodismo deportivo.

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La redención de Gabriel Milito: El arquitecto del récord de puntos en Chivas

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La redención de Gabriel Milito: El arquitecto del récord de puntos en Chivas

El fútbol mexicano suele adolecer de una memoria cortoplacista y una alarmante falta de paciencia. Hace apenas unos meses, durante el arranque del Apertura 2025, el proyecto de Gabriel Milito al frente del Club Deportivo Guadalajara parecía caminar sobre la cuerda floja. 

Las dudas llovían desde la tribuna, la prensa cuestionaba su capacidad de adaptación al entorno rojiblanco y el fantasma del cese prematuro merodeaba Verde Valle. 

Hoy la narrativa es diametralmente opuesta: el estratega argentino no solo acalló las críticas, sino que acaba de firmar el torneo corto con mayor puntaje en la historia del club.

​¿Cómo se transformó un proceso tambaleante en una maquinaria histórica? La respuesta no radica en la fortuna, sino en la capacidad de Milito para recomponerse, diagnosticar sus propios errores y ejecutar una metamorfosis táctica impecable cuando las circunstancias más lo exigían.

​La genialidad del técnico no estuvo en morir con la suya, sino en saber evolucionar. Milito entendió que el protagonismo no se negocia, pero las vías para alcanzarlo sí. 

El Guadalajara del Clausura 2026 mutó hacia un equipo mucho más pragmático y vertical. Sin renunciar al buen trato de la pelota, el argentino implementó una presión tras pérdida asfixiante en campo rival, acortando las distancias entre líneas y permitiendo que el talento dinámico de sus mediocampistas y extremos pesara de verdad en el último tercio, en lugar de desgastarse en la aduana de la salida.

Lejos de quejarse por la falta de variantes o de casarse con un once inamovible, el timonel supo reactivar piezas que parecían perdidas y potenciar a los jóvenes de la cantera, combinando la exigencia táctica con una notable gestión humana.

​Sus ajustes sobre la marcha evidenciaron una lectura de partido excelsa. Chivas aprendió a cambiar de piel según el rival y el escenario:

​Capaz de sostener un 4-3-3 agresivo y de amplitud total en el Estadio Akron.

​Flexible para mutar a una línea de tres centrales o un 4-4-2 rocoso cuando el trámite fuera de casa exigía cerrar los caminos y apelar al contragolpe.

​Esa riqueza estratégica convirtió a Chivas en un enigma indescifrable para las pizarras rivales.

​Superar las míticas barreras de puntos que el club impuso en los torneos de los noventa o la era de Hans Westerhof no es una casualidad. Es el dividendo de un cuerpo técnico que supo mantener el temple en la tormenta y que convenció al futbolista mexicano de que el orden y la intensidad son las llaves del éxito.

​Gabriel Milito ha devuelto a Chivas la autoridad competitiva que su historia demanda. Por lo pronto, el banquillo del Guadalajara tiene un estratega con mayúsculas.

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El vuelo rasante: ¿Es el fin de la era Jardine en el Nido?

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El Vuelo Rasante: ¿Es el fin de la era Jardine en el Nido?
Las Águilas ya no tienen la agresividad que André Jardine les inyectó en su llegada. Foto: Especial

El fútbol tiene una memoria tan corta como cruel. Hace apenas unos meses, el Club América tocaba el cielo con las manos al consumar un tricampeonato histórico que parecía instaurar una dinastía imbatible.

Ahora el panorama en Coapa es sombrío: la reciente eliminación ante Pumas en los Cuartos de Final del Clausura 2026 no fue solo una derrota, fue el eco de un desplome que viene avisando desde hace tiempo.

​Ser tricampeón en México es una gesta heroica, pero para el América, los títulos también se han convertido en una cómoda zona de confort. La “maldición del éxito” parece haberle robado el hambre a una plantilla que hoy luce apática, sin gol y, sobre todo, sin la agresividad que André Jardine les inyectó en su llegada.

​El arranque del Clausura 2026 fue alarmante, con jornadas enteras sin marcar, evidenciando que las individualidades, como Brian Rodríguez o Zendejas, ya no bastan para ocultar las carencias colectivas.

Lo que más pesa en la balanza crítica es la incapacidad de Jardine para trascender fuera de la Liga MX. Eliminaciones consecutivas en Concachampions, el amargo tras no poder llegar al Mundial de Clubes 2025 y el nulo impacto en la Leagues Cup sugieren que el modelo de juego del brasileño tiene un techo muy marcado ante rivales de otra jerarquía.

La directiva se encuentra en la encrucijada más difícil de la década. Por un lado, despedir al técnico más exitoso de la época reciente suena a ingratitud; por otro, mantenerlo se siente como una apuesta por un proyecto que ya dio todo lo que tenía que dar.

Jardine ha pedido el regreso de Gustavo Leal como condición para seguir, buscando reconstruir esa estructura de trabajo que lo llevó a la gloria.

El ciclo actual está agotado. La eliminación ante Pumas —con un global de 6-6 que favoreció a los universitarios por posición en la tabla— dejó claro que la fragilidad mental ha regresado al Nido.

El América no necesita “ajustes”; necesita una reestructura profunda que empiece por sacudir el vestuario y, posiblemente, refrescar el banquillo.
​Si Jardine se queda, será bajo la sombra de la duda y con un crédito que se agotará al primer tropiezo del Apertura 2026.

El fin de una era no tiene por qué ser una tragedia, sino la oportunidad de evitar que el vuelo de las Águilas se convierta en una caída libre.


Sobre el autor

Sergio Enrique Hernández Piñón es licenciado en Periodismo por la Universidad de Guadalajara. Tiene más de 20 años en medios con experiencia en radio, prensa escrita y medios digitales. Además, durante 15 años fue director general de la plataforma “Presencia Deportiva”, medio especializado en periodismo deportivo.

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