Opinión
Para que la cuña apriete…
Hablar de épocas doradas en los equipos de futbol es señalar los momentos cumbres en su accionar en el rectángulo verde, es establecer las condiciones físico-tácticas de 11 jugadores en un terreno de juego; Chivas de los años 50-60, Cruz Azul de los 70, América de los 80, son casos muy puntuales de épocas doradas de cada equipo; el caso de Leones Negros de finales de los 80 y principios de los 90 es un caso muy particular, prácticamente el último gran momento competitivo de la escuadra.
Aquella plantilla en la que participaban jugadores como Jorge Dávalos, un verdadero líder en medio campo; Víctor Rodríguez, un volante de gran ida y vuelta; además, sobresalieron Daniel Guzmán, un gran ariete distinto, con grandes condiciones de técnica individual, Humberto Romero “Romerito” un defensa férreo que sabía acomodar a la zaga, Octavio Mora, un medio ofensivo de gran pegada de media distancia, visión de campo y enorme técnica individual; un recuperador como Alfonso Sosa que cubría el ecuador de la cancha como una autentica fiera; Luis Felipe “El Halconcito” Peña, un central de buena lectura de juego rival, Martín Vázquez, Luis Flores y el arquero Víctor Manuel Aguado, entre otros grandes nombres.
De esta excelente plantilla hay un personaje que roba cámara, Luis Alfonso Sosa Cisneros, sin duda es un técnico que ha puesto su sello y su filosofía en el terreno de juego como estratega, ha dejado de manifiesto que a base de trabajo le puede dar estilo de juego a un conjunto, y es que el ascenso logrado con el equipo de sus amores en 2014, con Necaxa en 2016 y con Atlético San Luis en 2019, lo catapultan como un técnico de gran conocimiento y aplicación de variantes tácticas para potencializar el rendimiento colectivo de un conjunto.
Es cierto que en algún momento busca la aplicación del conocimiento con el libro bajo el brazo, pero también es una verdad innegable que ha sabido sacar mucho provecho con poco material futbolístico y eso es lo que lo ubica como un técnico de gran valía, un técnico por encima de ser cumplidor, un técnico que se aplica en procesos largos, que a final de cuentas, en el futbol es lo que deja dividendos.
Luis Alfonso Sosa, en Leones Negros, ha dejado buenos números, en la primera fase dirigió un total de 148 partidos dejando una pizarra de 50 triunfos, 45 empates y 53 derrotas, nada despreciable su rendimiento; ahora en una nueva fase, desde el 8 de septiembre de 2021 ha acumulado 100 partidos como estratega melenudo, lleva hasta el momento la siguiente marca, 46 triunfos, 25 empates y 29 derrotas, sin duda ha evolucionado como estratega.
Los números siempre son fríos y contundentes, alguna vez, en 1986 llegó el legendario director técnico Ignacio Trelles y ni con su fama o conocimiento del tema pudo catapultar al conjunto universitario como fue la encomienda, perdió una final ante UNAM y eso enterró sus aspiraciones como técnico melenudo, si nos apoyamos en los números estableceremos que el desempeño de Alfonso Sosa, está por encima del mítico Nacho Trelles, su rendimiento es claro, sus números son tajantes; no hay relación más simbionte que la de Leones Negros y Alfonso Sosa.
Sin duda, hay estrategas hechos para equipos específicos y el caso de Sosa Cisneros es el ejemplo ideal que está hecho para ser el director técnico de la Universidad de Guadalajara, a base de trabajo ofrece las condiciones para darle identidad al equipo, no cabe duda que para que la cuña apriete debe ser del mismo palo, larga vida a Sosa.
¡Corte y queda!
Sobre el autor
Luis Alfredo Dominguez, docente universitario y analista deportivo. @LAlfredoDG
Opinión
Liga MX aporta 26 jugadores al Mundial, 12 con México y 14 en otras selecciones
La internacionalización de la Liga MX es una realidad que se hace cada vez más evidente en los torneos de alta competencia.
Con la publicación oficial de las listas de convocados por parte de la FIFA, un dato salta a la vista y enciende el debate: 26 futbolistas que militan en el balompié mexicano estarán representando a diversas selecciones nacionales.
Lo verdaderamente interesante de esta cifra es su equilibrio y lo que revela sobre la naturaleza de nuestra liga: de esos 26 convocados, 12 son futbolistas mexicanos y 14 son extranjeros.
Este reparto nos invita a reflexionar sobre el rol actual de la Liga MX en el panorama continental.
Lejos de ser un circuito aislado, el fútbol mexicano se ha consolidado como un imán de talento y un aparador crucial para múltiples federaciones de la Conmebol y la Concacaf, tales como Colombia, Ecuador, Uruguay, Estados Unidos y Panamá.
A primera vista, que 14 futbolistas extranjeros de la Liga MX sean llamados por sus países de origen es un síntoma de prestigio y poder económico.
Habla de una liga que paga bien, que compite a un nivel físico demandante y que mantiene a los jugadores en el radar de sus seleccionadores nacionales.
Para el balompié azteca, esto es una medalla de validación competitiva.
Sin embargo, el reverso de la moneda nos muestra que la representación local se queda ligeramente por detrás solo 12 mexicanos.
En un ecosistema donde los clubes locales suelen saturar sus alineaciones con talento foráneo, este dato refleja la eterna paradoja de nuestro fútbol: importamos un volumen altísimo de calidad, pero a menudo lo hacemos a expensas de la proyección del futbolista nativo.
Lo valioso de esta exportación temporal es que no se concentra en uno o dos equipos “poderosos”. La diversidad de clubes de la Liga MX que aportan jugadores a este torneo demuestra que el nivel está repartido. Desde las plantillas robustas del norte hasta equipos de media tabla hacia abajo, la liga funciona como un trampolín uniforme.
Para selecciones como Ecuador o Panamá, la Liga MX ha sido históricamente un territorio de maduración ideal: un fútbol rápido, de mucha presión mediática y con una infraestructura de primer nivel que prepara a sus atletas para la máxima exigencia internacional.
El dato oficial de la FIFA no miente. La Liga MX ya no es solo la casa del fútbol mexicano; es un motor regulador del fútbol en América.
El reto de cara al futuro no será frenar la llegada de estos 14 (o más) extranjeros de selección, sino lograr que el nivel de competencia que ellos imponen sirva para catapultar a los jóvenes de casa, de modo que en las próximas listas oficiales, los mexicanos vuelvan a ser mayoría en su propia tierra.
Sobre el autor
Sergio Enrique Hernández Piñón es licenciado en Periodismo por la Universidad de Guadalajara. Tiene más de 20 años en medios con experiencia en radio, prensa escrita y medios digitales. Además, durante 15 años fue director general de la plataforma “Presencia Deportiva”, medio especializado en periodismo deportivo.
Opinión
El olvidadizo aplauso del resultado
Existe una vieja y desgastada máxima en el fútbol mexicano que reza: “Técnico que debuta, gana”. Es una frase hecha, casi un amuleto folclórico, pero cuando la realidad se empeña en darle la razón, el entorno de nuestro balompié pierde la cabeza de inmediato.
El caso más reciente de Cruz Azul no sólo confirma la regla, sino que expone la alarmante falta de memoria —tanto a corto como a largo plazo— que padece el periodismo deportivo nacional.
La llegada de Joel Huiqui al banquillo cementero en la recta final del torneo regular fue un auténtico salto al vacío. Un movimiento de timón tan sorpresivo como impulsivo, operado directamente desde el escritorio de la presidencia por Víctor Velázquez, saltándose las trancas y la jerarquía de su propio director deportivo, Iván Alonso.
En su momento, la destitución de Nicolás Larcamón encendió las alarmas y las mesas de debate. A Velázquez le llovieron adjetivos: “temperamental”, “autócrata” e “impulsivo” fueron los calificativos más suaves en un mar de críticas justificadas por las formas.
Después de todo, La Máquina venía en caída libre, hilando tropiezos en la liga y sufriendo una dolorosa eliminación en la Concachampions.
Sin embargo, el fútbol es el único escenario donde el fin absuelve cualquier pecado de origen.
Hoy, con la décima estrella grabada en el escudo, el panorama es radicalmente opuesto.
Aquellos que dinamitaban la gestión directiva por su falta de estructura hoy redactan loas a la “intuición” y el “carácter” de la cúpula celeste. Las críticas feroces se transformaron en alabanzas almibaradas.
Este fenómeno no hace más que desnudar la alarmante inmediatez de la crónica deportiva actual, una industria que padece de amnesia selectiva y que suele juzgar los procesos únicamente con el diario del lunes en la mano.
Ganar la décima es un mérito indiscutible de Huiqui y sus futbolistas, pero el campeonato no debería borrar el desorden institucional que precedió al milagro.
En el fútbol mexicano, lamentablemente, el análisis serio siempre será esclavo del marcador de los últimos noventa minutos.
Hoy Cruz Azul festeja, la prensa aplaude y la memoria, una vez más, se queda en la banca.
Sobre el autor
Sergio Enrique Hernández Piñón es licenciado en Periodismo por la Universidad de Guadalajara. Tiene más de 20 años en medios con experiencia en radio, prensa escrita y medios digitales. Además, durante 15 años fue director general de la plataforma “Presencia Deportiva”, medio especializado en periodismo deportivo.
Opinión
La redención de Gabriel Milito: El arquitecto del récord de puntos en Chivas
El fútbol mexicano suele adolecer de una memoria cortoplacista y una alarmante falta de paciencia. Hace apenas unos meses, durante el arranque del Apertura 2025, el proyecto de Gabriel Milito al frente del Club Deportivo Guadalajara parecía caminar sobre la cuerda floja.
Las dudas llovían desde la tribuna, la prensa cuestionaba su capacidad de adaptación al entorno rojiblanco y el fantasma del cese prematuro merodeaba Verde Valle.
Hoy la narrativa es diametralmente opuesta: el estratega argentino no solo acalló las críticas, sino que acaba de firmar el torneo corto con mayor puntaje en la historia del club.
¿Cómo se transformó un proceso tambaleante en una maquinaria histórica? La respuesta no radica en la fortuna, sino en la capacidad de Milito para recomponerse, diagnosticar sus propios errores y ejecutar una metamorfosis táctica impecable cuando las circunstancias más lo exigían.
La genialidad del técnico no estuvo en morir con la suya, sino en saber evolucionar. Milito entendió que el protagonismo no se negocia, pero las vías para alcanzarlo sí.
El Guadalajara del Clausura 2026 mutó hacia un equipo mucho más pragmático y vertical. Sin renunciar al buen trato de la pelota, el argentino implementó una presión tras pérdida asfixiante en campo rival, acortando las distancias entre líneas y permitiendo que el talento dinámico de sus mediocampistas y extremos pesara de verdad en el último tercio, en lugar de desgastarse en la aduana de la salida.
Lejos de quejarse por la falta de variantes o de casarse con un once inamovible, el timonel supo reactivar piezas que parecían perdidas y potenciar a los jóvenes de la cantera, combinando la exigencia táctica con una notable gestión humana.
Sus ajustes sobre la marcha evidenciaron una lectura de partido excelsa. Chivas aprendió a cambiar de piel según el rival y el escenario:
Capaz de sostener un 4-3-3 agresivo y de amplitud total en el Estadio Akron.
Flexible para mutar a una línea de tres centrales o un 4-4-2 rocoso cuando el trámite fuera de casa exigía cerrar los caminos y apelar al contragolpe.
Esa riqueza estratégica convirtió a Chivas en un enigma indescifrable para las pizarras rivales.
Superar las míticas barreras de puntos que el club impuso en los torneos de los noventa o la era de Hans Westerhof no es una casualidad. Es el dividendo de un cuerpo técnico que supo mantener el temple en la tormenta y que convenció al futbolista mexicano de que el orden y la intensidad son las llaves del éxito.
Gabriel Milito ha devuelto a Chivas la autoridad competitiva que su historia demanda. Por lo pronto, el banquillo del Guadalajara tiene un estratega con mayúsculas.
Opinión
El vuelo rasante: ¿Es el fin de la era Jardine en el Nido?
El fútbol tiene una memoria tan corta como cruel. Hace apenas unos meses, el Club América tocaba el cielo con las manos al consumar un tricampeonato histórico que parecía instaurar una dinastía imbatible.
Ahora el panorama en Coapa es sombrío: la reciente eliminación ante Pumas en los Cuartos de Final del Clausura 2026 no fue solo una derrota, fue el eco de un desplome que viene avisando desde hace tiempo.
Ser tricampeón en México es una gesta heroica, pero para el América, los títulos también se han convertido en una cómoda zona de confort. La “maldición del éxito” parece haberle robado el hambre a una plantilla que hoy luce apática, sin gol y, sobre todo, sin la agresividad que André Jardine les inyectó en su llegada.
El arranque del Clausura 2026 fue alarmante, con jornadas enteras sin marcar, evidenciando que las individualidades, como Brian Rodríguez o Zendejas, ya no bastan para ocultar las carencias colectivas.
Lo que más pesa en la balanza crítica es la incapacidad de Jardine para trascender fuera de la Liga MX. Eliminaciones consecutivas en Concachampions, el amargo tras no poder llegar al Mundial de Clubes 2025 y el nulo impacto en la Leagues Cup sugieren que el modelo de juego del brasileño tiene un techo muy marcado ante rivales de otra jerarquía.
La directiva se encuentra en la encrucijada más difícil de la década. Por un lado, despedir al técnico más exitoso de la época reciente suena a ingratitud; por otro, mantenerlo se siente como una apuesta por un proyecto que ya dio todo lo que tenía que dar.
Jardine ha pedido el regreso de Gustavo Leal como condición para seguir, buscando reconstruir esa estructura de trabajo que lo llevó a la gloria.
El ciclo actual está agotado. La eliminación ante Pumas —con un global de 6-6 que favoreció a los universitarios por posición en la tabla— dejó claro que la fragilidad mental ha regresado al Nido.
El América no necesita “ajustes”; necesita una reestructura profunda que empiece por sacudir el vestuario y, posiblemente, refrescar el banquillo.
Si Jardine se queda, será bajo la sombra de la duda y con un crédito que se agotará al primer tropiezo del Apertura 2026.
El fin de una era no tiene por qué ser una tragedia, sino la oportunidad de evitar que el vuelo de las Águilas se convierta en una caída libre.
Sobre el autor
Sergio Enrique Hernández Piñón es licenciado en Periodismo por la Universidad de Guadalajara. Tiene más de 20 años en medios con experiencia en radio, prensa escrita y medios digitales. Además, durante 15 años fue director general de la plataforma “Presencia Deportiva”, medio especializado en periodismo deportivo.
