Opinión
Grandeza o popularidad
De acuerdo al diccionario de la Real Academia de la Lengua establecemos los siguientes conceptos; grandeza: tamaño de algo con respecto de otra cosa del mismo género; Convocatoria; convocatoria: acto en virtud del cual se cita o llama, por escrito personal o público anuncio a una o varias personas, para que concurran a determinado lugar.
Asímismo si contabilizamos la cantidad de titulos de un equipo, podemos establecer que esta condicionante los ubica por encima de sus competidores, en ocasiones puede conincidir, que además, de ser el equipo con mayor cantidad de títulos vaya acompañado de la cantidad de seguidores; no obstante, la cantidad de seguidores no regula o determina la grandeza de un equipo; por el contrario, solo los sitúa en su nivel de popularidad; que en resumidas cuentas, lo popular no es sinónimo de ser los mejores.
En ese sentido y con base en las condicionantes de los equipos deportivos a nivel mundial, podemos entender que la grandeza o hegemonía de un conjunto está apoyada en la cantidad de logros y títulos por encima de sus competidores de la especialidad; en la MLB, los mulos de Manhattan es la novena más ganadora de la liga mayor de beisbol, la cantidad de títulos suma a 27 ocasiones de levantar el Trofeo del Comisioado.
La NBA tiene como máximo jerarca a las quintetas de Boston Celtic´s y Los Ágeles Lakers con 17 títulos cada uno en sus vitrinas, comparten la posición de privilegio; siendo su más cercano perseguidor la escuadra de los Golden State Warriors con 7 ocasiones en levantar el trofeo Larry O´Brien.
En la NFL, el conjunto que sigue mandando en la cantidad de ocasiones de levantar el trofeo Vince Lombardi es, sin duda, los equipos de Pittsburgh Steelers y New England Patriots, con 6 ocasiones en las que han sido compeones, seguidos de los Dallas Cowboys y de los San Francisco 49ers con cinco.
En el futbol, a nivel de selecciones, la oncena verdeamarela sigue estando situada como la selección con mayor cantidad de títulos mundiales; en sus vitrinas alberga cinco copas mundiales; tres trofeos Jules Rimet por haber logrado los campeonatos de 1958, 1962 y 1970; y dos trofeos de la Copa Mundial de FIFA, por conseuir los títulos de las ediciones de 1994 y 2002; Italia y Alemania comparten la segunda posición con 4 títulos obtenidos.
En México, en la liga local, los números son contundentes, América es el máximo ganador de la liga con 14 títulos, su más cercano perseguidor es el deportivo Guadalajara con 12 ocasiones que ha sido campeón, además de los títulos de liga, el América también es el más ganador de trofeos, pues tiene en sus vitrinas 7 títulos de copa y 6 de campeón de campeones a nivel nacional, de corte internacional tiene en su haber 8 títulos de Concachampions y gigantes de la Concacaf y 2 copas interamericanas para llegar a 37 títulos.
Al margen de la cantidad de títulos, no solo de liga, Chivas tiene 4 titulos de copa, 7 camepón de campeones, 1 supercopa y 2 de la Liga de campeones de la Concacaf; para sumar 26 galardones, cabe mencionar que solamente rebasan a los plumiferos del sur de CDMX es en el poder de convocatoria.
Un dato importante es que los rojiblancos, luego de 1970, solo han sido campeones en 4 ocasiones, mientras que las Águilas del América han sido el máximo jerarca en 13 veces, una cifra muy superiror al cuadro tapatío.
Los números son contundentes, pero es decisión del aficionado determinar a quién le da el título de equipo más grande de México.
¡Corte y queda!
Sobre el autor
Luis Alfredo Dominguez, docente universitario y analista deportivo. @LAlfredoDG
Opinión
La Leyenda de Plata cumple 109 años
¡Hablar de la baraja luchística nacional es mencionar obligatoriamente a una de las máximas insignias del deporte espectáculo! Este 23 de septiembre, los encordados se visten de gala y la afición mexicana se une en una sola voz para conmemorar el 109 aniversario del natalicio de Rodolfo Guzmán Huerta, el hombre que transformó su identidad para convertirse en la inmortal Leyenda de Plata: ¡El Santo!
Originario de Tulancingo, Hidalgo, y forjado en el barrio bravo de Tepito, el quinto de los hermanos Guzmán Huerta jamás imaginó que aquel joven entusiasta del béisbol y el futbol americano encontraría en el pancracio su trinchera definitiva.
Tras probar suerte bajo distintos nombres, como Rudy Guzmán o El Murciélago II, fue de la mano de Jesús Lomelí que comenzó a escribirse la leyenda detrás de la icónica máscara plateada.
Del cuadrilátero a la pantalla grande
El Santo portó con orgullo campeonatos nacionales en las divisiones de peso medio, wélter y semicompleto, además de formar parejas memorables con figuras como el Rayo de Jalisco.
Sin embargo, su figura rebasó rápidamente las cuatro esquinas del cuadrilátero.
El Enmascarado de Plata trascendió las fronteras de la lucha libre para convertirse también en estrella del cine, protagonizando más de 50 películas en las que enfrentó vampiros, momias, científicos, monstruos y seres de otros mundos.
Así construyó una imagen que mezcló al luchador con el justiciero y lo convirtió en uno de los personajes más reconocibles de la cultura popular mexicana.
Durante décadas, su máscara plateada dejó de pertenecer únicamente a las arenas para aparecer en historietas, carteles, películas y en el imaginario colectivo de varias generaciones.
El Santo nunca perdió la máscara
Rodolfo Guzmán Huerta se retiró de los encordados en 1982, después de una carrera que lo convirtió en referente indiscutible de la lucha libre mexicana.
El misterio alrededor de su rostro permaneció prácticamente intacto hasta el final. Poco antes de su muerte mostró públicamente parte de su identidad en televisión, en uno de los momentos más recordados de su historia.
Murió el 5 de febrero de 1984 y fue sepultado con su inseparable máscara plateada.
Su legado continuó dentro del cuadrilátero a través de su hijo, El Hijo del Santo, quien mantuvo viva una de las dinastías más reconocidas de la lucha libre nacional.
Una leyenda que sigue sobre la lona
A 109 años de su nacimiento, las arenas de México todavía respiran su mística.
Tulancingo mantiene viva la memoria de uno de sus hijos más célebres, mientras que generaciones de aficionados siguen reconociendo aquella máscara plateada que convirtió a un luchador en símbolo de toda una época.
Y en Qucho.com lo recordamos como siempre fue para millones de aficionados: un héroe surgido de los encordados, protagonista de innumerables batallas y eterno dueño de la Leyenda de Plata.
Porque mientras exista una arena, una máscara y alguien que se emocione cuando escuche el tradicional “¡Lucharán a dos de tres caídas, sin límite de tiempo!”, El Santo seguirá subiendo al cuadrilátero en la memoria de México.
Sobre el autor
Sergio Enrique Hernández Piñón es licenciado en Periodismo por la Universidad de Guadalajara. Tiene más de 20 años en medios con experiencia en radio, prensa escrita y medios digitales. Además, durante 15 años fue director general de la plataforma “Presencia Deportiva”, medio especializado en periodismo deportivo.
Opinión
La Sinfonía Colectiva del Rebaño y la batuta de Gabriel Milito
Hay torneos donde los equipos se arman a golpe de chequera y dependencia individual, y luego hay proyectos que nacen desde la pizarra y la convicción profunda.
En este Apertura 2026, el Guadalajara de Gabriel Milito ha dejado de ser una promesa intermitente para convertirse en el equipo mejor trabado de la Liga MX.
Con el orgullo intacto tras haber rozado el liderato general de la competencia y consolidado una racha arrolladora que incluyó una contundente victoria ante Pumas, el Rebaño Sagrado pisa la grama del Estadio Azteca con la jerarquía de ser el colectivo más fiable del campeonato.
Mientras una buena parte de los 18 clubes de la Primera División descansan su suerte en destellos aislados o en la dependencia absoluta de una o dos figuras rutilantes, el sello de Milito en Chivas es radicalmente distinto.
El estratega argentino ha conseguido algo complejo en el fútbol mexicano: una idea de juego fija e inquebrantable. Juegue quien juegue, el funcionamiento no se negocia. La presión tras pérdida, la sincronía en la salida y la ocupación inteligente de los espacios operan como un reloj suizo.
Esa identidad inamovible tiene este fin de semana su examen más exigente en el Clásico Nacional ante el América. Un triunfo rojiblanco no solo devolvería a los tapatíos a la cúspide de la tabla general, sino que consagraría matemáticamente al proyecto que mejor fútbol ha desplegado en esta primera mitad del certamen.
El gran mérito de este momento futbolístico no recae exclusivamente en el libreto táctico, sino en la frescura desbordante de sus joyas de fuerzas básicas. Santiago Sandoval vive un estado de gracia absoluta, evidenciado en su reciente doblete y su olfato letal en el área, bien secundado por la inteligencia y el vértigo de Hugo Camberos en la zona de creación.
Ambos juveniles se han echado al equipo al hombro sin perder el piso, guiados por la firme advertencia de su técnico: la humildad no se negocia.
A esto se le suma una noticia capital para el banquillo rojiblanco: la enfermería comienza a vaciarse. La recuperación de elementos fundamentales como Bryan González y Richard Ledezma dota a Milito de un fondo de armario envidiable.
Tener variantes de jerarquía permite sostener la intensidad física durante los noventa minutos, un hándicap que solía castigar al Guadalajara en torneos anteriores.
Las estadísticas respaldan el buen momento del Rebaño, que pisa fuerte en los primeros puestos con 17 unidades y argumentos futbolísticos de sobra. Enfrente estará el acérrimo rival, herido y obligado, pero con la inercia de depender de chispazos individuales.
El Clásico de este sábado no es un partido cualquiera. Es la oportunidad perfecta para que Chivas confirme que su liderato fugaz fue solo el preludio de una realidad innegable: en el césped, el fútbol colectivo siempre termina pesando más que las individualidades. Si el Guadalajara mantiene la concentración y la memoria táctica, el vuelo de las Águilas chocará contra una muralla de idea, talento y fervor rojiblanco.
Sobre el autor
Sergio Enrique Hernández Piñón es licenciado en Periodismo por la Universidad de Guadalajara. Tiene más de 20 años en medios con experiencia en radio, prensa escrita y medios digitales. Además, durante 15 años fue director general de la plataforma “Presencia Deportiva”, medio especializado en periodismo deportivo.
Opinión
La Liga MX flaquea (otra vez) en la Leagues Cup
Cada temporada, el inicio de la Leagues Cup nos sacude con la misma ilusión y, casi de manera irremediable, desemboca en la misma frustración colectiva para el fútbol mexicano.
A medida que el torneo avanza y nos acercamos a la recta final de su primera fase, los equipos de la Major League Soccer (MLS) vuelven a inclinar la balanza a su favor, acumulando triunfos clave y dejando en evidencia que, para los clubes de la Liga MX, competir en el país vecino del norte es mucho más que un simple partido de fútbol: es un laberinto logístico y deportivo del que parecen no saber cómo salir.
Reducir el dominio de la MLS en este certamen a una cuestión de falta de calidad técnica sería un análisis superficial e injusto. Si bien el crecimiento de la liga estadounidense es innegable —con una infraestructura envidiable, estadios llenos y planteles cada vez más competitivos—, el factor geográfico y organizativo juega un papel lapidario.
Los equipos mexicanos cargan con el desgaste de una mudanza constante. Mientras los conjuntos de la MLS duermen en sus camas, entrenan en sus instalaciones habituales y se benefician del apoyo incondicional de jugar como locales, los representantes de la Liga MX se convierten en feriantes del balón: vuelos interminables, cambios de horario, hoteles impersonales y canchas con superficies sintéticas a las que no siempre se adaptan.
Como bien lo han señalado diversos estrategas, el torneo se convierte en una auténtica “carnicería física” para el futbolista debido al trajín de los traslados. Pretender que compitan al ciento por ciento de su capacidad bajo ese ritmo es ignorar la fisiología humana más básica.
Otro de los puntos de quiebre en la recta final de la fase inicial es el momento físico y emocional en el que ambos torneos se encuentran. La MLS está en pleno corazón de su temporada, con un ritmo competitivo feroz, una maquinaria aceitada y planteles diseñados específicamente bajo el tope salarial y las reglas de su propio ecosistema.
Por el contrario, la Liga MX suele arrancar su participación con el torneo doméstico recién comenzado. En el momento en que se definen los boletos a la fase de eliminación directa, los altibajos tácticos y la falta de rodaje colectivo de los equipos mexicanos se pagan caros.
A esto se suma un reglamento que no perdona: la prohibición del empate y la resolución exprés en tanda de penales han demostrado premiar la resiliencia y el conocimiento milimétrico de las condiciones de localía que manejan los clubes norteamericanos.
La Liga MX sigue viviendo de los destellos individuales de sus figuras y del peso histórico de sus instituciones, pero el fútbol moderno se alimenta de planeación, logística y equidad de condiciones.
Si el torneo binacional pretende ser una verdadera fiesta de integración y competencia regional, las reglas del juego tendrán que revisarse y el reparto de la localía deberá equilibrarse de forma real.
Hasta que eso ocurra, los equipos mexicanos seguirán chocando contra el mismo muro invisible en la recta final de la primera fase. La Leagues Cup, más que una oportunidad de revancha, se ha convertido en un espejo incómodo que le recuerda al balompié azteca que la chequera, la comodidad logística y la planeación institucional de la MLS ya no están un paso atrás, sino que le han tomado ventaja de manera implacable.
Sobre el autor
Sergio Enrique Hernández Piñón es licenciado en Periodismo por la Universidad de Guadalajara. Tiene más de 20 años en medios con experiencia en radio, prensa escrita y medios digitales. Además, durante 15 años fue director general de la plataforma “Presencia Deportiva”, medio especializado en periodismo deportivo.
Opinión
El descaro de colgarse medallas ajenas
Hay gestos que retratan de cuerpo entero la miseria institucional del deporte mexicano. El histórico y titánico tercer lugar de Isaac del Toro en el Tour de Francia no es solo una gesta sin precedentes para el ciclismo nacional; es, sobre todo, una cachetada con guante blanco a la desidia gubernamental.
Sin embargo, fiel a la más rancia escuela del oportunismo político, la maquinaria de la llamada Cuarta Transformación (4T) no tardó en activar su aparato de relaciones públicas para intentar capitalizar un éxito en el que jamás creyeron, ni mucho menos invirtieron.
La más reciente y bochornosa muestra de ello provino de las redes sociales del director de la CONADE, Rommel Pacheco. Con la ligereza de quien presume un logro propio, el ex clavadista se apresuró a publicar un mensaje triunfalista acompañado de una fotografía junto al ciclista, intentando vender la narrativa de un Estado benefactor que cobija a sus talentos.
Durante la etapa formativa y los años más oscuros y tortuosos de preparación para Isaac del Toro, la CONADE brilló por su absoluta y cruel ausencia.
Como bien lo denunció en su momento, con indignación, el padre del atleta, José del Toro, el camino de “El Torito” se pavimentó a base de sacrificios familiares, de tocar puertas infinitas y de cubrir de su propio bolsillo inscripciones, viáticos y pasajes.
Para el aparato oficial, el hoy héroe nacional era invisible. La única “ayuda” gubernamental que la familia recordaba tras múltiples ruegos fue una miseria inferior a los 2,000 pesos; una limosna institucional que retrata la humillación a la que se somete sistemáticamente a los deportistas de alto rendimiento en México.
Lo ocurrido con Rommel Pacheco y la 4T no es un hecho aislado, sino la repetición sistemática de una fórmula propagandística: abandonar en el calvario presupuestal al atleta y aparecerse puntualmente con la chequera de los aplausos y los reflectores cuando la gloria ya fue conquistada con esfuerzo privado.
Pretender colgarse la medalla de bronce del Tour de Francia, un logro forjado en las exigentes rutas europeas, gracias al talento innato del ciclista y al soporte de estructuras internacionales, es una falta de respeto a la inteligencia de los mexicanos.
Es muy cómodo tomarse la foto con el deportista consagrado, sonreír para la posteridad y colgarse medallas ajenas, cuando la realidad en las instalaciones y federaciones sigue siendo el desamparo para cientos de niñas, niños y jóvenes que hoy sueñan con emular a Del Toro sin un centavo de respaldo real.
El histórico podio de Isaac del Toro en el Tour de Francia nos pertenece a todos, sí, pero de una forma muy particular: pertenece a su familia, a su disciplina y a su férrea voluntad.
No le pertenece a la CONADE ni a la narrativa oficialista que hoy intenta subirse de última hora a la bicicleta del triunfo.
Menos demagogia en las plataformas digitales, menos fotos oportunistas y mucha más vergüenza institucional.
Si Rommel Pacheco y la 4T realmente quisieran honrar el éxito de “El Torito”, lo congruente sería dejar de parasitar los triunfos ajenos y garantizar, de una vez por todas, presupuestos dignos para que ningún otro talento mexicano tenga que mendigar apoyos para triunfar en el mundo.
Ahora viene el proceso rumbo a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028 y ahí se verá el apoyo real de la CONADE y de Pacheco para Del Toro.
Sobre el autor
Sergio Enrique Hernández Piñón es licenciado en Periodismo por la Universidad de Guadalajara. Tiene más de 20 años en medios con experiencia en radio, prensa escrita y medios digitales. Además, durante 15 años fue director general de la plataforma “Presencia Deportiva”, medio especializado en periodismo deportivo.
