Opinión
De futbolistas a directoras técnicas
¿Imaginan la personalidad y el modelo de juego del equipo que dirija la ‘amazona’ Cristina Ferral? En unos años puede venir una época interesante, de ex jugadoras de la liga mexicana de futbol que se desempeñen como entrenadoras en los clubes a los que pertenecieron o en otros. Varias de las futbolistas estudiaron o estudian con ese propósito.
¿Será que tendrán mayor legitimidad, apoyo y resultados, que los actuales cuerpos técnicos? Aquí, en esta columna, argumento mi respuesta. Lo que puedo adelantar es que será cuando menos atractivo, sobre todo para las personas aficionadas actuales, observar su trayectoria. Y ojalá en su momento éstas tengan presente que todo proceso y proyecto conlleva una curva de aprendizaje y para nada exijan resultados inmediatos.
Todo esto lo menciono a propósito de las gestiones técnicas que recientemente han sido cuestionadas. Con el partido Rayadas vs América, en el que las deportistas del club regio eran goleadas, y la afición volvía a protestar por las decisiones de Amelia Valverde, recordé que por lo menos sé de más de una docena de futbolistas que ya tienen su título de directoras técnicas.
En lo que va de liga femenil (siete años), se han conformado planteles muy atractivos, con contrataciones prometedoras, unas más mediáticas que otras, que luego parecen no rendir frutos suficientes. Uno de los factores más señalados, para resultados poco jugosos en lo colectivo, ha sido la inoperancia de la dirección técnica.
Quienes siguen las conversaciones de varias personas aficionadas y de periodistas que le dan cobertura a la liga, saben que entrenadores como Mila Martínez, Roberto Medina, Amelia Valverde, Eva Espejo y Juan Carlos Cacho, han sido cuestionados en algún momento por las decisiones que tomaron en partidos: qué jugadoras alinear y de qué manera, cuáles cambios hacer y en qué momento.
Para estas personas que han atendido los juegos de Tigres, Rayadas y Pachuca, a los directores técnicos mencionados les ha faltado explotar las capacidades y rendimiento de las futbolistas, para lograr que las individualidades destacadas trabajen en equipo y haya asociaciones y entendimiento notables.
Por supuesto los resultados son multifactoriales y, para mí, los temas de la calendarización (absorbente y mejorable) y el arbitraje, tienen mucho que ver.
Sin embargo, ante estas dudas y la falta de aprobación hacia el desempeño de los cuerpos técnicos anteriores y actuales, recordé entonces a estas futbolistas de la liga que han estudiado el curso de dirección técnica en la Escuela Nacional de Directores Técnicos (ENDIT), que avala la Federación Mexicana de Futbol.
¿Además de tener la preparación teórica y la experiencia en la cancha, la sensibilidad, tendrán también mayor respaldo de las personas aficionadas y periodistas, cuando lleguen a dirigir equipos de la Liga BBVA MX Femenil?
Estoy convencida de que mayormente sí. Porque su trabajo hablará por ellas. Tendrán ingredientes extra para sacar adelante a las escuadras, como lo es el haber crecido con la liga, conocer sus dinámicas y la de las jugadoras, y la conexión afectiva hacia el certamen, y, espero con esperanza, que sí porque contarán con un mucho mejor apoyo de las directivas de los clubes y el futfem habrá crecido más.
La preparación académica futbolística y extra cancha ya la tienen, y es significativa. Platicaba en días recientes con el actual director técnico del Querétaro, Fernando Samayoa, que también ha entrenado a Atlas y al Atlético de San Luis en la liga femenil, con amplia experiencia previa en el futfem universitario:
“En su momento yo decía y lo sigo sosteniendo: en el futbol femenil, a veces, nosotros como entrenadores somos hasta ignorantes al lado de ellas (de las futbolistas). Ellas están preparadas, tienen maestrías, estudiaron en las mejores universidades, intelectualmente son personas inteligentes”.
De acuerdo con Samayoa, “en algún momento nosotros (los actuales entrenadores) seremos borrados porque viene una ola muy fuerte de estas jugadoras, Fer Limón, Zellyka (Arce), (Stephany) Anaya, Faby Ibarra, Karla García, que están preparándose, para al final de su carrera (dirigir equipos); es una gran vertiente”.
En los torneos Apertura 2023 y Clausura 2024 tuvimos una probadita de lo que una ex futbolista de la liga puede sumar, con Majo López, al frente del Puebla femenil. A mí me dejó un buen sabor de boca y me habría gustado que continuara en el banquillo. Sin embargo, tan así destacó, que fue llamada por Chivas para ser auxiliar técnica en el Primer Equipo femenil.
Hasta donde sé, las siguientes futbolistas se han graduado de la ENDIT: Majo López López, Natalia Gómez-Junco, Cristina Ferral, Desirée Monsiváis, Dinora Garza, Mariana Cadena, Diana Evangelista, Fernanda Limón, Stephany Anaya, Miriam Castillo, Michelle González, Rubí Soto, Casandra Montero, Jaqueline Rodríguez y Dania Padilla.
Sé que comenzaron el curso, mas no pude confirmar la obtención del título (mea culpa): Fabiola Ibarra, Arlett Tovar, Zellyka Arce, Liliana Mercado, Fernanda Elizondo, Nancy Zaragoza, Andrea Hernández y Mariana Zárraga.
Seguro hay muchas más futbolistas que estudiaron o estudian para ser directoras técnicas, sería cuestión de recabar la información con ENDIT o incluso con la Liga o los clubes.
En suma, sé que las que sean ex futbolistas de la liga y lleguen a dirigir tendrán una preparación en varios niveles/ámbitos, para hacer disfrutable y destacado al futbol del certamen. Por supuesto, habrá una curva de aprendizaje, como lo decía, y, sin embargo, el compromiso, la responsabilidad, el talento y el entendimiento que han demostrado, el cariño a la liga y a los equipos que las vieron desarrollarse profesionalmente pesará y sumará grandes cosas. Deseo vivir en primera fila el futbol que se despliegue para entonces. Auguro muy buenas cosas.
Sobre la autora
Miriam Padilla nació en la tierra de la torta ahogada y se sabe una apasionada del futbol. Estudió Periodismo en la Universidad de Guadalajara y la maestría en Comunicación de la Ciencia y la Cultura del ITESO. Ha dedicado su tiempo y energía a espacios como el periódico El Informador, a blogs deportivos independientes, y al activismo y la construcción con mujeres, desde el colectivo ciclista Femibici.
Opinión
Liga MX aporta 26 jugadores al Mundial, 12 con México y 14 en otras selecciones
La internacionalización de la Liga MX es una realidad que se hace cada vez más evidente en los torneos de alta competencia.
Con la publicación oficial de las listas de convocados por parte de la FIFA, un dato salta a la vista y enciende el debate: 26 futbolistas que militan en el balompié mexicano estarán representando a diversas selecciones nacionales.
Lo verdaderamente interesante de esta cifra es su equilibrio y lo que revela sobre la naturaleza de nuestra liga: de esos 26 convocados, 12 son futbolistas mexicanos y 14 son extranjeros.
Este reparto nos invita a reflexionar sobre el rol actual de la Liga MX en el panorama continental.
Lejos de ser un circuito aislado, el fútbol mexicano se ha consolidado como un imán de talento y un aparador crucial para múltiples federaciones de la Conmebol y la Concacaf, tales como Colombia, Ecuador, Uruguay, Estados Unidos y Panamá.
A primera vista, que 14 futbolistas extranjeros de la Liga MX sean llamados por sus países de origen es un síntoma de prestigio y poder económico.
Habla de una liga que paga bien, que compite a un nivel físico demandante y que mantiene a los jugadores en el radar de sus seleccionadores nacionales.
Para el balompié azteca, esto es una medalla de validación competitiva.
Sin embargo, el reverso de la moneda nos muestra que la representación local se queda ligeramente por detrás solo 12 mexicanos.
En un ecosistema donde los clubes locales suelen saturar sus alineaciones con talento foráneo, este dato refleja la eterna paradoja de nuestro fútbol: importamos un volumen altísimo de calidad, pero a menudo lo hacemos a expensas de la proyección del futbolista nativo.
Lo valioso de esta exportación temporal es que no se concentra en uno o dos equipos “poderosos”. La diversidad de clubes de la Liga MX que aportan jugadores a este torneo demuestra que el nivel está repartido. Desde las plantillas robustas del norte hasta equipos de media tabla hacia abajo, la liga funciona como un trampolín uniforme.
Para selecciones como Ecuador o Panamá, la Liga MX ha sido históricamente un territorio de maduración ideal: un fútbol rápido, de mucha presión mediática y con una infraestructura de primer nivel que prepara a sus atletas para la máxima exigencia internacional.
El dato oficial de la FIFA no miente. La Liga MX ya no es solo la casa del fútbol mexicano; es un motor regulador del fútbol en América.
El reto de cara al futuro no será frenar la llegada de estos 14 (o más) extranjeros de selección, sino lograr que el nivel de competencia que ellos imponen sirva para catapultar a los jóvenes de casa, de modo que en las próximas listas oficiales, los mexicanos vuelvan a ser mayoría en su propia tierra.
Sobre el autor
Sergio Enrique Hernández Piñón es licenciado en Periodismo por la Universidad de Guadalajara. Tiene más de 20 años en medios con experiencia en radio, prensa escrita y medios digitales. Además, durante 15 años fue director general de la plataforma “Presencia Deportiva”, medio especializado en periodismo deportivo.
Opinión
El olvidadizo aplauso del resultado
Existe una vieja y desgastada máxima en el fútbol mexicano que reza: “Técnico que debuta, gana”. Es una frase hecha, casi un amuleto folclórico, pero cuando la realidad se empeña en darle la razón, el entorno de nuestro balompié pierde la cabeza de inmediato.
El caso más reciente de Cruz Azul no sólo confirma la regla, sino que expone la alarmante falta de memoria —tanto a corto como a largo plazo— que padece el periodismo deportivo nacional.
La llegada de Joel Huiqui al banquillo cementero en la recta final del torneo regular fue un auténtico salto al vacío. Un movimiento de timón tan sorpresivo como impulsivo, operado directamente desde el escritorio de la presidencia por Víctor Velázquez, saltándose las trancas y la jerarquía de su propio director deportivo, Iván Alonso.
En su momento, la destitución de Nicolás Larcamón encendió las alarmas y las mesas de debate. A Velázquez le llovieron adjetivos: “temperamental”, “autócrata” e “impulsivo” fueron los calificativos más suaves en un mar de críticas justificadas por las formas.
Después de todo, La Máquina venía en caída libre, hilando tropiezos en la liga y sufriendo una dolorosa eliminación en la Concachampions.
Sin embargo, el fútbol es el único escenario donde el fin absuelve cualquier pecado de origen.
Hoy, con la décima estrella grabada en el escudo, el panorama es radicalmente opuesto.
Aquellos que dinamitaban la gestión directiva por su falta de estructura hoy redactan loas a la “intuición” y el “carácter” de la cúpula celeste. Las críticas feroces se transformaron en alabanzas almibaradas.
Este fenómeno no hace más que desnudar la alarmante inmediatez de la crónica deportiva actual, una industria que padece de amnesia selectiva y que suele juzgar los procesos únicamente con el diario del lunes en la mano.
Ganar la décima es un mérito indiscutible de Huiqui y sus futbolistas, pero el campeonato no debería borrar el desorden institucional que precedió al milagro.
En el fútbol mexicano, lamentablemente, el análisis serio siempre será esclavo del marcador de los últimos noventa minutos.
Hoy Cruz Azul festeja, la prensa aplaude y la memoria, una vez más, se queda en la banca.
Sobre el autor
Sergio Enrique Hernández Piñón es licenciado en Periodismo por la Universidad de Guadalajara. Tiene más de 20 años en medios con experiencia en radio, prensa escrita y medios digitales. Además, durante 15 años fue director general de la plataforma “Presencia Deportiva”, medio especializado en periodismo deportivo.
Opinión
La redención de Gabriel Milito: El arquitecto del récord de puntos en Chivas
El fútbol mexicano suele adolecer de una memoria cortoplacista y una alarmante falta de paciencia. Hace apenas unos meses, durante el arranque del Apertura 2025, el proyecto de Gabriel Milito al frente del Club Deportivo Guadalajara parecía caminar sobre la cuerda floja.
Las dudas llovían desde la tribuna, la prensa cuestionaba su capacidad de adaptación al entorno rojiblanco y el fantasma del cese prematuro merodeaba Verde Valle.
Hoy la narrativa es diametralmente opuesta: el estratega argentino no solo acalló las críticas, sino que acaba de firmar el torneo corto con mayor puntaje en la historia del club.
¿Cómo se transformó un proceso tambaleante en una maquinaria histórica? La respuesta no radica en la fortuna, sino en la capacidad de Milito para recomponerse, diagnosticar sus propios errores y ejecutar una metamorfosis táctica impecable cuando las circunstancias más lo exigían.
La genialidad del técnico no estuvo en morir con la suya, sino en saber evolucionar. Milito entendió que el protagonismo no se negocia, pero las vías para alcanzarlo sí.
El Guadalajara del Clausura 2026 mutó hacia un equipo mucho más pragmático y vertical. Sin renunciar al buen trato de la pelota, el argentino implementó una presión tras pérdida asfixiante en campo rival, acortando las distancias entre líneas y permitiendo que el talento dinámico de sus mediocampistas y extremos pesara de verdad en el último tercio, en lugar de desgastarse en la aduana de la salida.
Lejos de quejarse por la falta de variantes o de casarse con un once inamovible, el timonel supo reactivar piezas que parecían perdidas y potenciar a los jóvenes de la cantera, combinando la exigencia táctica con una notable gestión humana.
Sus ajustes sobre la marcha evidenciaron una lectura de partido excelsa. Chivas aprendió a cambiar de piel según el rival y el escenario:
Capaz de sostener un 4-3-3 agresivo y de amplitud total en el Estadio Akron.
Flexible para mutar a una línea de tres centrales o un 4-4-2 rocoso cuando el trámite fuera de casa exigía cerrar los caminos y apelar al contragolpe.
Esa riqueza estratégica convirtió a Chivas en un enigma indescifrable para las pizarras rivales.
Superar las míticas barreras de puntos que el club impuso en los torneos de los noventa o la era de Hans Westerhof no es una casualidad. Es el dividendo de un cuerpo técnico que supo mantener el temple en la tormenta y que convenció al futbolista mexicano de que el orden y la intensidad son las llaves del éxito.
Gabriel Milito ha devuelto a Chivas la autoridad competitiva que su historia demanda. Por lo pronto, el banquillo del Guadalajara tiene un estratega con mayúsculas.
Opinión
El vuelo rasante: ¿Es el fin de la era Jardine en el Nido?
El fútbol tiene una memoria tan corta como cruel. Hace apenas unos meses, el Club América tocaba el cielo con las manos al consumar un tricampeonato histórico que parecía instaurar una dinastía imbatible.
Ahora el panorama en Coapa es sombrío: la reciente eliminación ante Pumas en los Cuartos de Final del Clausura 2026 no fue solo una derrota, fue el eco de un desplome que viene avisando desde hace tiempo.
Ser tricampeón en México es una gesta heroica, pero para el América, los títulos también se han convertido en una cómoda zona de confort. La “maldición del éxito” parece haberle robado el hambre a una plantilla que hoy luce apática, sin gol y, sobre todo, sin la agresividad que André Jardine les inyectó en su llegada.
El arranque del Clausura 2026 fue alarmante, con jornadas enteras sin marcar, evidenciando que las individualidades, como Brian Rodríguez o Zendejas, ya no bastan para ocultar las carencias colectivas.
Lo que más pesa en la balanza crítica es la incapacidad de Jardine para trascender fuera de la Liga MX. Eliminaciones consecutivas en Concachampions, el amargo tras no poder llegar al Mundial de Clubes 2025 y el nulo impacto en la Leagues Cup sugieren que el modelo de juego del brasileño tiene un techo muy marcado ante rivales de otra jerarquía.
La directiva se encuentra en la encrucijada más difícil de la década. Por un lado, despedir al técnico más exitoso de la época reciente suena a ingratitud; por otro, mantenerlo se siente como una apuesta por un proyecto que ya dio todo lo que tenía que dar.
Jardine ha pedido el regreso de Gustavo Leal como condición para seguir, buscando reconstruir esa estructura de trabajo que lo llevó a la gloria.
El ciclo actual está agotado. La eliminación ante Pumas —con un global de 6-6 que favoreció a los universitarios por posición en la tabla— dejó claro que la fragilidad mental ha regresado al Nido.
El América no necesita “ajustes”; necesita una reestructura profunda que empiece por sacudir el vestuario y, posiblemente, refrescar el banquillo.
Si Jardine se queda, será bajo la sombra de la duda y con un crédito que se agotará al primer tropiezo del Apertura 2026.
El fin de una era no tiene por qué ser una tragedia, sino la oportunidad de evitar que el vuelo de las Águilas se convierta en una caída libre.
Sobre el autor
Sergio Enrique Hernández Piñón es licenciado en Periodismo por la Universidad de Guadalajara. Tiene más de 20 años en medios con experiencia en radio, prensa escrita y medios digitales. Además, durante 15 años fue director general de la plataforma “Presencia Deportiva”, medio especializado en periodismo deportivo.
