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“Creer, siempre creer”

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Las Rayadas del Club de Futbol Monterrey lograron su tercer título y los siguientes fueron ingredientes fundamentales para obtener el competido campeonato: confianza en sí mismas y en cada compañera; mucho trabajo y entrega constante, y hacer valer cada minuto, incluso el último, con la consciencia y esperanza de que cualquiera de ellos puede traer oportunidad.

¿Acaso podemos aplicarles a objetivos de la vida personal y profesional, fuera de la cancha? Sé que sí, que lo he experimentado, por ejemplo, al construir mi tesis de maestría. Ésta implicó, como diría una estupenda profesora, “horas nalga”, disciplina. También fue fundamental la confianza que me transmitió mi director de tesis, y la que finalmente tuve en mí, a través del proceso.

Lo de Rayadas es digno de destacarse y de imitar. Podemos dejarnos contagiar por su deseo de ganar, de construir seguridad, de trabajar duro y constante, que se vio compensado con el campeonato.

Como ya lo decía en otra columna, las futbolistas transmiten valores y actitudes que podemos elegir llevar a nuestro cotidiano y vida propia. Otros elementos para el éxito de las Rayadas, en su caso, es ser parte de un grupo humano que le pone corazón, auto exigencia y ambición al trabajo diario, y que da importancia a la concentración, al trabajo en equipo, al presente (un partido -día- a la vez).

En fin. Lecciones que da el futbol para la vida y viceversa. Gracias por inspirar, Rayadas. Aquí dejo constancia, en esta columna, de su historia -resumida y parcial- con final alegre.

***

Corrían los seis minutos del tiempo añadido de la segunda mitad y, aunque Rayadas insistía en la verticalidad, ya se cantaba la victoria de las americanistas. Sin embargo, literal, durante el último minuto, las del Monterrey consiguieron un tiro de esquina que terminó en mano y en penal a su favor, previa revisión del VAR.

Minuto +11 y ahí estaba la capitana y referente, Rebeca Bernal, a punto de cobrar la pena máxima. Luego sabríamos en entrevista con TUDN que estaba agotada, y que la confianza de sus compañeras, la presencia y energía de las más de 31 mil personas en el estadio, el sentido de responsabilidad, fueron empuje para proyectar el balón al fondo de la red, y otorgar vida y esperanza al equipo, por el título.

“Cada minuto, desde el vestidor, desde los días previos, nuestro lema fue: ‘creer, siempre creer’. Y lo hablamos. Cada segundo que sabíamos que iban a agregar ‘siempre creer’; si nos faltaba un gol, era ‘creer’. Con mucha fe y mucha confianza en que íbamos a tener una (oportunidad para gol) y la íbamos a meter. En lo personal estaba muy cansada, (sin embargo) nunca dejé de creer, nunca dejé de soñar. Dentro de mí sabía que íbamos a tener una (posibilidad de marcar) y fue el penal”.

“No sé de dónde saqué fuerzas, estaba muy cansada, pero vi el estadio, toda la energía, a mi familia, a la gente que siempre estuvo para mí; mis compañeras me dieron toda la energía, y gracias a Dios, gracias a toda la gente, pude anotar ese gol”.

La anotación, vía penal, empató el marcador global (2-2) y, como el partido terminó en esa jugada, la regla indicó definir el desempate y el campeonato, con cinco tiros penal para cada equipo.

En un movimiento estratégico, la directora técnica rayada, Amelia Valverde, metió de cambio a Yamilé Franco, en lo últimos segundos del partido, y justo fue ella quien cobró el primer tiro. El resultado: ¡gol! Lo siguiente fue historia:

Kim Rodríguez convirtió, Rebeca Bernal anotó, Pamela Tajonar atajó el disparo de Karen Luna, y luego Ana Lú Martínez mandó el esférico al poste. Después Kiana Palacios, Merel Van Dongen, Andrea Pereira y Valeria del Campo anotaron para sus equipos. Sin embargo, Aylín Aviléz, en el tiro definitivo, cuando el marcador iba 4-3, no pudo acertar, pues la portera Tajonar intuyó la trayectoria de la pelota y la bloqueó. 

Fin de los cobros. Rayadas no solo había conseguido venir de la ausencia de goles al empate 2-2, sino que había hecho un exitoso cierre en la fase decisiva.

Después de tres torneos sin conseguir llegar a la final de la liguilla, las futbolistas del Club de Futbol Monterrey lograron hacerlo y además llevarse el campeonato. Es una tercera estrella que, por cómo se consiguió, seguro deja huella en muchas personas, más allá de las futbolistas. Los otros dos títulos los ganaron en los torneos Apertura 2019 y Apertura 2021.

Justo en ese último campeonato, el de 2021, la serie se definió por penales. Las Rayadas vencieron en el Estadio Universitario a Tigres, con marcador 3-5. Se habían preparado para llegar a esa instancia de tiros, desde los entrenamientos, pues la veían venir, por la competitividad entre ambos equipos y lo cerrado de la serie. 

Como podemos aprender, también es importante prepararse para los posibles escenarios, para así encararlos con mayor seguridad y práctica. Esto último puede incrementar la probabilidad de triunfar.

Durante el torneo regular, no recuerdo que periodistas o aficionados de la liga colocaran a Rayadas como equipo competidor por el título; le faltaba gol o determinación a la ofensiva, si bien destacó en la defensiva. Tigres pisaba fuerte, Pachuca sorprendía por pisarle los talones. Fue hasta la liguilla que el equipo perteneciente al Club de Futbol Monterrey daba un rostro distinto. 

Bien dicen que lo mental pesa en la vida y en la cancha: Rayadas decidió creer y eligió crear una historia digna del legado que intencionaron conformar desde la era Eva Espejo. Que sigan pues las acciones para construirlo y que siga el contagio de valores hacia la sociedad, que tanto necesitamos. Enhorabuena, campeonas.

P. D. Aquí caben muchas más historias de otros equipos de la Liga, lo del América femenil también tuvo su mérito y algo que me ha maravillado, por ejemplo, de Atlas femenil, es su entrega hasta el último de los minutos, como demostró Rayadas en el partido del 27 de mayo. La competencia futbolística es así: solo gana un equipo el título, aunque varios lo merezcan o aunque todos ganen distintas cuestiones y experiencias.

Sobre la autora

Miriam Padilla nació en la tierra de la torta ahogada y se sabe una apasionada del futbol. Estudió Periodismo en la Universidad de Guadalajara y la maestría en Comunicación de la Ciencia y la Cultura del ITESO. Ha dedicado su tiempo y energía a espacios como el periódico El Informador, a blogs deportivos independientes, y al activismo y la construcción con mujeres, desde el colectivo ciclista Femibici.

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México paga, Argentina critica

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México paga, Argentina critica
El dilema entre la chequera de la Liga MX y la soberbia de la narrativa argentina. Foto: Qucho.com.mx / IA.

​El debate sobre la presencia de futbolistas y directores técnicos procedentes de Argentina en la Liga Mx suele avivarse cada vez que los micrófonos y las redes sociales cruzan fuego dialéctico entre ambos países.

Tras los constantes ataques, descalificaciones y recurrentes campañas desde ciertos sectores de la prensa y las aficiones albicelestes, donde con ligereza se tacha al aficionado mexicano de envidioso o acomplejado, la pregunta inevitable brota con fuerza: ¿Debería el balompié azteca cerrarles de una vez por todas las puertas?

​La narrativa instalada desde el Cono Sur suele pecar de una amnesia interesada. Se nos acusa de mirar con recelo su estilo, su famosa “garra” y su pasión desmedida, cuando la realidad del mercado cuenta una historia diametralmente opuesta.

Para el futbolista argentino, inmerso de forma crónica en un entorno de profunda precariedad económica, inflación galopante y ligas locales desfinanciadas, la Liga MX representa el “Sueño Dorado financiero”.

Aquí encuentran contratos millonarios, estabilidad y un poder adquisitivo que jamás podrían soñar en sus clubes de origen.

La paradoja es evidente y constante. Mientras públicamente se menosprecia el nivel competitivo del fútbol mexicano los despachos de los clubes más poderosos de Buenos Aires miran obsesivamente hacia México para pescar talento o repatriar ídolos a precio de saldo. Ejemplos sobran: desde los intentos de River Plate por seducir a figuras como Ángel Correa en Tigres apelando al romanticismo del “aguante”, pero retorciéndose a la hora de poner sobre la mesa una cláusula de rescisión que supera los 15 millones de dólares, hasta los viejos movimientos de Boca Juniors operando de la misma manera para arrebatarle piezas clave al América como en su día ocurrió con Darío “Pipa” Benedetto. Quieren la calidad y el dinero de México, pero desprecian la mano que les alimenta.

Ante este panorama, la tentación de cerrar la llave económica surge no desde el resentimiento, sino desde la dignidad deportiva y comercial.

Un par de torneos sin el flujo constante de futbolistas, técnicos y promotores argentinos serviría como un ejercicio revelador. Demostraría, sin lugar a dudas, que el verdadero motor de esta relación es puramente económico y que la supuesta superioridad moral futbolística se desvanece cuando se contrasta con la realidad financiera.

Sin embargo, el dilema para la Liga MX va más allá de un berrinche nacionalista. El problema de fondo no es el pasaporte del jugador que llega, sino la falta de proyecto y la comodidad de los directivos locales, quienes prefieren importar veteranos o apuestas seguras del sur antes de invertir con paciencia y rigor en la formación de la cantera mexicana.

​Cerrar las puertas por decreto quizás sea una medida drástica, pero el mensaje debe ser claro. La Liga MX sostiene con billetes verdes una industria que allá se desmorona; ya es hora de que se exija respeto para el producto mexicano y de que el talento local reciba el protagonismo que se le niega por culpa de una dependencia crónica del mercado exterior. ¿Quién terminaría envidiando a quién?La respuesta, con los números de la economía sobre la mesa, es tan clara como incómoda para quienes viven del discurso.


Sobre el autor

Sergio Enrique Hernández Piñón es licenciado en Periodismo por la Universidad de Guadalajara. Tiene más de 20 años en medios con experiencia en radio, prensa escrita y medios digitales. Además, durante 15 años fue director general de la plataforma “Presencia Deportiva”, medio especializado en periodismo deportivo.

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El regreso a la realidad: la Liga MX nos llama

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El regreso a la realidad: la Liga MX nos llama
La Liga MX arranca este jueves con el partido de Necaxa vs Atlante. Foto: Qucho.com.mx / Sergio Enrique Hernández.

Se acabó el brillo del Mundial, las luminarias de las superestrellas globales se apagan y los reflectores regresan a nuestro fútbol azteca. Adiós a la expectativa de ver a Haaland o a la nostalgia de seguir los pasos de Messi y Cristiano; es momento de retomar nuestra “bendita” Liga MX, esa que no entiende de lógica, pero sí de una pasión incondicional que arranca este jueves.

Es momento de cambiar los estadios de clase mundial por el aire fresco del Estadio Victoria, el Estadio Akron o la imponente, aunque ahora compartida, casa del Coloso de Santa Úrsula.

Sin duda, la nota más romántica, y a la vez incierta, es el regreso del Atlante. Tras 12 años en el exilio de la división de plata, los Potros de Hierro vuelven al máximo circuito de la mano de Miguel “Piojo” Herrera.

Es una apuesta arriesgada y llena de morbo que pondrá a prueba si este Atlante llega para ser protagonista o solo espectador.

En Coapa, la presión no conoce vacaciones. El América entra al Apertura 2026 con un proyecto fresco comandado por Guillermo Almada, un estratega que sabe exprimir al máximo a sus planteles.

La “sed de revancha” es el motor azulcrema, especialmente tras un periodo de reconstrucción que ha sido frenado por el Mundial.

Con la mayoría de sus mundialistas reportando apenas días antes del debut, el equipo vuela bajo, pero con la obligación de demostrar que el cambio en el banquillo no es un simple parche, sino el inicio de una nueva era de dominio.

Por su parte, el Guadalajara parece haber entendido que la estabilidad es su mejor activo. Manteniendo la base del torneo anterior y sumando piezas interesantes como Jordan Carrillo y Kevin Castañeda, el Rebaño de Gabriel Milito busca consolidarse.

A diferencia de otros grandes que están en plena reestructuración, Chivas llega con la lección aprendida: en un torneo tan corto y volátil, tener un equipo que se conoce de memoria puede ser la diferencia entre el éxito y el fracaso.

Finalmente, el Atlas de los nuevos dueños llega envuelto en una aureola de misterio y ambición. La directiva ha apostado fuerte, destacando la llegada del marroquí Ryan Mmaee, un delantero con cifras goleadoras imponentes en el fútbol de Chipre.

Los Zorros no quieren ser comparsa; bajo esta nueva administración, el equipo busca sacudirse la medianía con fichajes internacionales que prometen dar espectáculo. Habrá que ver si esta mezcla de talento extranjero y la mística rojinegra es suficiente para pelear los primeros puestos.

El torneo arranca. Quizás ya no tengamos el nivel de una final de Copa del Mundo, pero tenemos el Necaxa vs. Atlante, tenemos la incertidumbre del debut y la esperanza renovada de ver a nuestro equipo favorito levantar el trofeo en diciembre. Porque, al final, esta es nuestra realidad, y no la cambiaríamos por nada.


Sobre el autor

Sergio Enrique Hernández Piñón es licenciado en Periodismo por la Universidad de Guadalajara. Tiene más de 20 años en medios con experiencia en radio, prensa escrita y medios digitales. Además, durante 15 años fue director general de la plataforma “Presencia Deportiva”, medio especializado en periodismo deportivo.

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México, ¿el mismo destino de siempre?

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​La Selección Mexicana terminó con su ciclo mundialista, que prometía una evolución, una reestructuración de fondo y un cambio de mentalidad.
El Tricolor se mantiene en tu techo de cristal de los Octavos de Final a pesar de un papel decoroso en fase de grupos. Foto: AP / Ricardo Mazalan.

La Selección Mexicana terminó con su ciclo mundialista, que prometía una evolución, una reestructuración de fondo y un cambio de mentalidad. Terminó exactamente donde los fantasmas del pasado se sienten más cómodos: en los Octavos de Final.

​Algunos se quedan con una “buena actuación” bajo el argumento de una fase de grupos decorosa. Sin embargo, en el análisis frío y honesto, lo que vimos fue la cruda repetición de un trauma cíclico. 

México compitió mientras el nivel de exigencia era controlado, pero en el instante en que el muro de la jerarquía se presentó, el equipo simplemente se desplomó. 

Fue el primer rival de peso real al que nos enfrentamos y, como tantas otras veces, el resultado fue la incapacidad de dar el paso adelante.

​La derrota no fue obra de la mala suerte, sino de una cadena de errores puntuales en momentos que definen carreras y proyectos.

En la portería, la seguridad se convirtió en duda. La responsabilidad del guardameta en las jugadas decisivas fue evidente; en el Mundial no hay margen para errores técnicos cuando se enfrenta a delanteros de élite.

​Edson Álvarez, como capitán y líder del mediocampo, se esperaba que fuera la brújula del equipo. En lugar de eso, su desempeño fue errático, carente de esa jerarquía necesaria para imponer condiciones frente a un rival superior.

Con ​Gilberto Mora, aunque el talento joven es necesario, la falta de experiencia le pasó factura. El escenario le quedó grande y, en la balanza final, su error en los momentos críticos pesó tanto que costó el segundo gol de los ingleses.

​Pero el golpe de gracia no vino solo desde el campo, sino desde el banquillo. Javier Aguirre, con una trayectoria que debería haberle dotado de un aprendizaje profundo, volvió a tropezar con su propia sombra.

​La decisión de retirar a Julián Quiñones, quien ofrecía desequilibrio y peligro constante, para dar entrada a Memo Martínez fue un movimiento que destruyó la estructura ofensiva del equipo justo cuando más necesitábamos presencia y peligro.

​Es imposible no sentir un deja vu doloroso. Es el mismo Aguirre que, en el 2002, en el partido ante Estados Unidos decidió sacar a Ramón Morales para meter al “Matador” Luis Hernández, desarticulando el funcionamiento que nos había llevado a soñar. 

Es el mismo Aguirre que en 2010 apostó por un Bofo Bautista sin ritmo, condenando al equipo a jugar con diez hombres ante Argentina. Parece que, para el “Vasco”, el aprendizaje es un concepto opcional. Los cambios no fueron solo errores tácticos; fueron una renuncia a la ambición, un mensaje de miedo enviado a sus propios jugadores.

​Más allá de los nombres y los partidos, lo preocupante es la complacencia. Celebramos la victoria contra rivales menores, pero olvidamos que la excelencia no se mide contra los que están por debajo, sino contra aquellos que nos obligan a ser mejores.

​México no perdió por azar; perdió porque sigue creyendo que el esfuerzo compensa la falta de estrategia y porque los líderes, tanto en el campo como en el banquillo, siguen tomando decisiones que pertenecen a otra época. Mientras sigamos confundiendo la “buena disposición” con la competitividad real, los Octavos de Final seguirán siendo nuestro techo de cristal, y el Mundial, nuestra eterna deuda pendiente.


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Sergio Enrique Hernández Piñón es licenciado en Periodismo por la Universidad de Guadalajara. Tiene más de 20 años en medios con experiencia en radio, prensa escrita y medios digitales. Además, durante 15 años fue director general de la plataforma “Presencia Deportiva”, medio especializado en periodismo deportivo.

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¿Y si sí? El sueño mexicano que desafía la historia

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¿y si, sí? México vs Inglaterra
El partido México vs Inglaterra se jugará este domingo, a las 18:00 horas. Foto: Especial.

Lo de México contra Ecuador fue mágico. Desde que tengo uso de razón viendo futbol, es, quizás, la mejor actuación de mi selección en un partido mundialista.

Una gesta que nos eleva a los niveles más altos de entusiasmo, positivismo y fervor nacional.

Cada hombre elegido por Javier Aguirre para saltar al campo ha cumplido satisfactoriamente su misión. Aunque algunos nos quedamos con ganas de ver a Armando “La Hormiga” González, seguramente llegará su oportunidad.

Por su parte, Julián Quiñones se ha consolidado como el mejor futbolista de la convocatoria, cumpliendo con creces la expectativa tras su gran campaña en el futbol árabe.

Mención aparte merece Gilberto Mora: de ser una futura promesa, ha pasado en solo unos partidos a convertirse en una auténtica realidad y con apenas 17 años, es evidente que pronto lo veremos en el futbol europeo, tan pronto alcance la mayoría de edad.

Asimismo, Raúl Rangel ha sido una auténtica barrera en la portería durante todo el torneo; ningún arquero tricolor ha logrado lo que él en una Copa del Mundo. Su récord de imbatibilidad será histórico, y su gesto de compañerismo con Guillermo Ochoa ya ocupa un lugar especial en el corazón de la afición.

Ahora, el reto luce más complicado en el papel. Inglaterra, tras una gran Eurocopa hace dos años y una eliminatoria dominante, se presenta como un rival de cuidado.
Aunque sufrieron frente al Congo, serán una amenaza mayor a todo lo que México ha enfrentado hasta ahora.

Este domingo tenemos una cita con la historia. Para muchos, los recuerdos de la infancia están marcados por las dolorosas derrotas del Tri en mundiales; sin embargo, estos podrían ser eclipsados por un triunfo épico ante los ingleses.

Ellos no guardan precisamente los mejores recuerdos de la cancha del Estadio Azteca. Aunque cambien el nombre del recinto, para Inglaterra sigue siendo el escenario donde derramaron lágrimas hace 40 años, un episodio que bien podría repetirse este domingo.

La ilusión colectiva se resume en la pregunta que todos los mexicanos nos hacemos al cerrar los ojos y soñar: ¿Y si sí?

Dios quiera que sí.


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Sergio Enrique Hernández Piñón es licenciado en Periodismo por la Universidad de Guadalajara. Tiene más de 20 años en medios con experiencia en radio, prensa escrita y medios digitales. Además, durante 15 años fue director general de la plataforma “Presencia Deportiva”, medio especializado en periodismo deportivo.

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