Opinión
La Leyenda de Plata cumple 109 años
¡Hablar de la baraja luchística nacional es mencionar obligatoriamente a una de las máximas insignias del deporte espectáculo! Este 23 de septiembre, los encordados se visten de gala y la afición mexicana se une en una sola voz para conmemorar el 109 aniversario del natalicio de Rodolfo Guzmán Huerta, el hombre que transformó su identidad para convertirse en la inmortal Leyenda de Plata: ¡El Santo!
Originario de Tulancingo, Hidalgo, y forjado en el barrio bravo de Tepito, el quinto de los hermanos Guzmán Huerta jamás imaginó que aquel joven entusiasta del béisbol y el futbol americano encontraría en el pancracio su trinchera definitiva.
Tras probar suerte bajo distintos nombres, como Rudy Guzmán o El Murciélago II, fue de la mano de Jesús Lomelí que comenzó a escribirse la leyenda detrás de la icónica máscara plateada.
Del cuadrilátero a la pantalla grande
El Santo portó con orgullo campeonatos nacionales en las divisiones de peso medio, wélter y semicompleto, además de formar parejas memorables con figuras como el Rayo de Jalisco.
Sin embargo, su figura rebasó rápidamente las cuatro esquinas del cuadrilátero.
El Enmascarado de Plata trascendió las fronteras de la lucha libre para convertirse también en estrella del cine, protagonizando más de 50 películas en las que enfrentó vampiros, momias, científicos, monstruos y seres de otros mundos.
Así construyó una imagen que mezcló al luchador con el justiciero y lo convirtió en uno de los personajes más reconocibles de la cultura popular mexicana.
Durante décadas, su máscara plateada dejó de pertenecer únicamente a las arenas para aparecer en historietas, carteles, películas y en el imaginario colectivo de varias generaciones.
El Santo nunca perdió la máscara
Rodolfo Guzmán Huerta se retiró de los encordados en 1982, después de una carrera que lo convirtió en referente indiscutible de la lucha libre mexicana.
El misterio alrededor de su rostro permaneció prácticamente intacto hasta el final. Poco antes de su muerte mostró públicamente parte de su identidad en televisión, en uno de los momentos más recordados de su historia.
Murió el 5 de febrero de 1984 y fue sepultado con su inseparable máscara plateada.
Su legado continuó dentro del cuadrilátero a través de su hijo, El Hijo del Santo, quien mantuvo viva una de las dinastías más reconocidas de la lucha libre nacional.
Una leyenda que sigue sobre la lona
A 109 años de su nacimiento, las arenas de México todavía respiran su mística.
Tulancingo mantiene viva la memoria de uno de sus hijos más célebres, mientras que generaciones de aficionados siguen reconociendo aquella máscara plateada que convirtió a un luchador en símbolo de toda una época.
Y en Qucho.com lo recordamos como siempre fue para millones de aficionados: un héroe surgido de los encordados, protagonista de innumerables batallas y eterno dueño de la Leyenda de Plata.
Porque mientras exista una arena, una máscara y alguien que se emocione cuando escuche el tradicional “¡Lucharán a dos de tres caídas, sin límite de tiempo!”, El Santo seguirá subiendo al cuadrilátero en la memoria de México.
Sobre el autor
Sergio Enrique Hernández Piñón es licenciado en Periodismo por la Universidad de Guadalajara. Tiene más de 20 años en medios con experiencia en radio, prensa escrita y medios digitales. Además, durante 15 años fue director general de la plataforma “Presencia Deportiva”, medio especializado en periodismo deportivo.
Opinión
La Sinfonía Colectiva del Rebaño y la batuta de Gabriel Milito
Hay torneos donde los equipos se arman a golpe de chequera y dependencia individual, y luego hay proyectos que nacen desde la pizarra y la convicción profunda.
En este Apertura 2026, el Guadalajara de Gabriel Milito ha dejado de ser una promesa intermitente para convertirse en el equipo mejor trabado de la Liga MX.
Con el orgullo intacto tras haber rozado el liderato general de la competencia y consolidado una racha arrolladora que incluyó una contundente victoria ante Pumas, el Rebaño Sagrado pisa la grama del Estadio Azteca con la jerarquía de ser el colectivo más fiable del campeonato.
Mientras una buena parte de los 18 clubes de la Primera División descansan su suerte en destellos aislados o en la dependencia absoluta de una o dos figuras rutilantes, el sello de Milito en Chivas es radicalmente distinto.
El estratega argentino ha conseguido algo complejo en el fútbol mexicano: una idea de juego fija e inquebrantable. Juegue quien juegue, el funcionamiento no se negocia. La presión tras pérdida, la sincronía en la salida y la ocupación inteligente de los espacios operan como un reloj suizo.
Esa identidad inamovible tiene este fin de semana su examen más exigente en el Clásico Nacional ante el América. Un triunfo rojiblanco no solo devolvería a los tapatíos a la cúspide de la tabla general, sino que consagraría matemáticamente al proyecto que mejor fútbol ha desplegado en esta primera mitad del certamen.
El gran mérito de este momento futbolístico no recae exclusivamente en el libreto táctico, sino en la frescura desbordante de sus joyas de fuerzas básicas. Santiago Sandoval vive un estado de gracia absoluta, evidenciado en su reciente doblete y su olfato letal en el área, bien secundado por la inteligencia y el vértigo de Hugo Camberos en la zona de creación.
Ambos juveniles se han echado al equipo al hombro sin perder el piso, guiados por la firme advertencia de su técnico: la humildad no se negocia.
A esto se le suma una noticia capital para el banquillo rojiblanco: la enfermería comienza a vaciarse. La recuperación de elementos fundamentales como Bryan González y Richard Ledezma dota a Milito de un fondo de armario envidiable.
Tener variantes de jerarquía permite sostener la intensidad física durante los noventa minutos, un hándicap que solía castigar al Guadalajara en torneos anteriores.
Las estadísticas respaldan el buen momento del Rebaño, que pisa fuerte en los primeros puestos con 17 unidades y argumentos futbolísticos de sobra. Enfrente estará el acérrimo rival, herido y obligado, pero con la inercia de depender de chispazos individuales.
El Clásico de este sábado no es un partido cualquiera. Es la oportunidad perfecta para que Chivas confirme que su liderato fugaz fue solo el preludio de una realidad innegable: en el césped, el fútbol colectivo siempre termina pesando más que las individualidades. Si el Guadalajara mantiene la concentración y la memoria táctica, el vuelo de las Águilas chocará contra una muralla de idea, talento y fervor rojiblanco.
Sobre el autor
Sergio Enrique Hernández Piñón es licenciado en Periodismo por la Universidad de Guadalajara. Tiene más de 20 años en medios con experiencia en radio, prensa escrita y medios digitales. Además, durante 15 años fue director general de la plataforma “Presencia Deportiva”, medio especializado en periodismo deportivo.
Opinión
La Liga MX flaquea (otra vez) en la Leagues Cup
Cada temporada, el inicio de la Leagues Cup nos sacude con la misma ilusión y, casi de manera irremediable, desemboca en la misma frustración colectiva para el fútbol mexicano.
A medida que el torneo avanza y nos acercamos a la recta final de su primera fase, los equipos de la Major League Soccer (MLS) vuelven a inclinar la balanza a su favor, acumulando triunfos clave y dejando en evidencia que, para los clubes de la Liga MX, competir en el país vecino del norte es mucho más que un simple partido de fútbol: es un laberinto logístico y deportivo del que parecen no saber cómo salir.
Reducir el dominio de la MLS en este certamen a una cuestión de falta de calidad técnica sería un análisis superficial e injusto. Si bien el crecimiento de la liga estadounidense es innegable —con una infraestructura envidiable, estadios llenos y planteles cada vez más competitivos—, el factor geográfico y organizativo juega un papel lapidario.
Los equipos mexicanos cargan con el desgaste de una mudanza constante. Mientras los conjuntos de la MLS duermen en sus camas, entrenan en sus instalaciones habituales y se benefician del apoyo incondicional de jugar como locales, los representantes de la Liga MX se convierten en feriantes del balón: vuelos interminables, cambios de horario, hoteles impersonales y canchas con superficies sintéticas a las que no siempre se adaptan.
Como bien lo han señalado diversos estrategas, el torneo se convierte en una auténtica “carnicería física” para el futbolista debido al trajín de los traslados. Pretender que compitan al ciento por ciento de su capacidad bajo ese ritmo es ignorar la fisiología humana más básica.
Otro de los puntos de quiebre en la recta final de la fase inicial es el momento físico y emocional en el que ambos torneos se encuentran. La MLS está en pleno corazón de su temporada, con un ritmo competitivo feroz, una maquinaria aceitada y planteles diseñados específicamente bajo el tope salarial y las reglas de su propio ecosistema.
Por el contrario, la Liga MX suele arrancar su participación con el torneo doméstico recién comenzado. En el momento en que se definen los boletos a la fase de eliminación directa, los altibajos tácticos y la falta de rodaje colectivo de los equipos mexicanos se pagan caros.
A esto se suma un reglamento que no perdona: la prohibición del empate y la resolución exprés en tanda de penales han demostrado premiar la resiliencia y el conocimiento milimétrico de las condiciones de localía que manejan los clubes norteamericanos.
La Liga MX sigue viviendo de los destellos individuales de sus figuras y del peso histórico de sus instituciones, pero el fútbol moderno se alimenta de planeación, logística y equidad de condiciones.
Si el torneo binacional pretende ser una verdadera fiesta de integración y competencia regional, las reglas del juego tendrán que revisarse y el reparto de la localía deberá equilibrarse de forma real.
Hasta que eso ocurra, los equipos mexicanos seguirán chocando contra el mismo muro invisible en la recta final de la primera fase. La Leagues Cup, más que una oportunidad de revancha, se ha convertido en un espejo incómodo que le recuerda al balompié azteca que la chequera, la comodidad logística y la planeación institucional de la MLS ya no están un paso atrás, sino que le han tomado ventaja de manera implacable.
Sobre el autor
Sergio Enrique Hernández Piñón es licenciado en Periodismo por la Universidad de Guadalajara. Tiene más de 20 años en medios con experiencia en radio, prensa escrita y medios digitales. Además, durante 15 años fue director general de la plataforma “Presencia Deportiva”, medio especializado en periodismo deportivo.
Opinión
El descaro de colgarse medallas ajenas
Hay gestos que retratan de cuerpo entero la miseria institucional del deporte mexicano. El histórico y titánico tercer lugar de Isaac del Toro en el Tour de Francia no es solo una gesta sin precedentes para el ciclismo nacional; es, sobre todo, una cachetada con guante blanco a la desidia gubernamental.
Sin embargo, fiel a la más rancia escuela del oportunismo político, la maquinaria de la llamada Cuarta Transformación (4T) no tardó en activar su aparato de relaciones públicas para intentar capitalizar un éxito en el que jamás creyeron, ni mucho menos invirtieron.
La más reciente y bochornosa muestra de ello provino de las redes sociales del director de la CONADE, Rommel Pacheco. Con la ligereza de quien presume un logro propio, el ex clavadista se apresuró a publicar un mensaje triunfalista acompañado de una fotografía junto al ciclista, intentando vender la narrativa de un Estado benefactor que cobija a sus talentos.
Durante la etapa formativa y los años más oscuros y tortuosos de preparación para Isaac del Toro, la CONADE brilló por su absoluta y cruel ausencia.
Como bien lo denunció en su momento, con indignación, el padre del atleta, José del Toro, el camino de “El Torito” se pavimentó a base de sacrificios familiares, de tocar puertas infinitas y de cubrir de su propio bolsillo inscripciones, viáticos y pasajes.
Para el aparato oficial, el hoy héroe nacional era invisible. La única “ayuda” gubernamental que la familia recordaba tras múltiples ruegos fue una miseria inferior a los 2,000 pesos; una limosna institucional que retrata la humillación a la que se somete sistemáticamente a los deportistas de alto rendimiento en México.
Lo ocurrido con Rommel Pacheco y la 4T no es un hecho aislado, sino la repetición sistemática de una fórmula propagandística: abandonar en el calvario presupuestal al atleta y aparecerse puntualmente con la chequera de los aplausos y los reflectores cuando la gloria ya fue conquistada con esfuerzo privado.
Pretender colgarse la medalla de bronce del Tour de Francia, un logro forjado en las exigentes rutas europeas, gracias al talento innato del ciclista y al soporte de estructuras internacionales, es una falta de respeto a la inteligencia de los mexicanos.
Es muy cómodo tomarse la foto con el deportista consagrado, sonreír para la posteridad y colgarse medallas ajenas, cuando la realidad en las instalaciones y federaciones sigue siendo el desamparo para cientos de niñas, niños y jóvenes que hoy sueñan con emular a Del Toro sin un centavo de respaldo real.
El histórico podio de Isaac del Toro en el Tour de Francia nos pertenece a todos, sí, pero de una forma muy particular: pertenece a su familia, a su disciplina y a su férrea voluntad.
No le pertenece a la CONADE ni a la narrativa oficialista que hoy intenta subirse de última hora a la bicicleta del triunfo.
Menos demagogia en las plataformas digitales, menos fotos oportunistas y mucha más vergüenza institucional.
Si Rommel Pacheco y la 4T realmente quisieran honrar el éxito de “El Torito”, lo congruente sería dejar de parasitar los triunfos ajenos y garantizar, de una vez por todas, presupuestos dignos para que ningún otro talento mexicano tenga que mendigar apoyos para triunfar en el mundo.
Ahora viene el proceso rumbo a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028 y ahí se verá el apoyo real de la CONADE y de Pacheco para Del Toro.
Sobre el autor
Sergio Enrique Hernández Piñón es licenciado en Periodismo por la Universidad de Guadalajara. Tiene más de 20 años en medios con experiencia en radio, prensa escrita y medios digitales. Además, durante 15 años fue director general de la plataforma “Presencia Deportiva”, medio especializado en periodismo deportivo.
Opinión
México paga, Argentina critica
El debate sobre la presencia de futbolistas y directores técnicos procedentes de Argentina en la Liga Mx suele avivarse cada vez que los micrófonos y las redes sociales cruzan fuego dialéctico entre ambos países.
Tras los constantes ataques, descalificaciones y recurrentes campañas desde ciertos sectores de la prensa y las aficiones albicelestes, donde con ligereza se tacha al aficionado mexicano de envidioso o acomplejado, la pregunta inevitable brota con fuerza: ¿Debería el balompié azteca cerrarles de una vez por todas las puertas?
La narrativa instalada desde el Cono Sur suele pecar de una amnesia interesada. Se nos acusa de mirar con recelo su estilo, su famosa “garra” y su pasión desmedida, cuando la realidad del mercado cuenta una historia diametralmente opuesta.
Para el futbolista argentino, inmerso de forma crónica en un entorno de profunda precariedad económica, inflación galopante y ligas locales desfinanciadas, la Liga MX representa el “Sueño Dorado financiero”.
Aquí encuentran contratos millonarios, estabilidad y un poder adquisitivo que jamás podrían soñar en sus clubes de origen.
La paradoja es evidente y constante. Mientras públicamente se menosprecia el nivel competitivo del fútbol mexicano los despachos de los clubes más poderosos de Buenos Aires miran obsesivamente hacia México para pescar talento o repatriar ídolos a precio de saldo. Ejemplos sobran: desde los intentos de River Plate por seducir a figuras como Ángel Correa en Tigres apelando al romanticismo del “aguante”, pero retorciéndose a la hora de poner sobre la mesa una cláusula de rescisión que supera los 15 millones de dólares, hasta los viejos movimientos de Boca Juniors operando de la misma manera para arrebatarle piezas clave al América como en su día ocurrió con Darío “Pipa” Benedetto. Quieren la calidad y el dinero de México, pero desprecian la mano que les alimenta.
Ante este panorama, la tentación de cerrar la llave económica surge no desde el resentimiento, sino desde la dignidad deportiva y comercial.
Un par de torneos sin el flujo constante de futbolistas, técnicos y promotores argentinos serviría como un ejercicio revelador. Demostraría, sin lugar a dudas, que el verdadero motor de esta relación es puramente económico y que la supuesta superioridad moral futbolística se desvanece cuando se contrasta con la realidad financiera.
Sin embargo, el dilema para la Liga MX va más allá de un berrinche nacionalista. El problema de fondo no es el pasaporte del jugador que llega, sino la falta de proyecto y la comodidad de los directivos locales, quienes prefieren importar veteranos o apuestas seguras del sur antes de invertir con paciencia y rigor en la formación de la cantera mexicana.
Cerrar las puertas por decreto quizás sea una medida drástica, pero el mensaje debe ser claro. La Liga MX sostiene con billetes verdes una industria que allá se desmorona; ya es hora de que se exija respeto para el producto mexicano y de que el talento local reciba el protagonismo que se le niega por culpa de una dependencia crónica del mercado exterior. ¿Quién terminaría envidiando a quién?La respuesta, con los números de la economía sobre la mesa, es tan clara como incómoda para quienes viven del discurso.
Sobre el autor
Sergio Enrique Hernández Piñón es licenciado en Periodismo por la Universidad de Guadalajara. Tiene más de 20 años en medios con experiencia en radio, prensa escrita y medios digitales. Además, durante 15 años fue director general de la plataforma “Presencia Deportiva”, medio especializado en periodismo deportivo.
-
ZMG17 septiembre 2026Carrera de las Antorchas 2026: 4 mil corredores unirán Guadalajara y Tlaquepaque
-
Carreras17 septiembre 2026Jalisco se alista a correr por La Paz; suma ya 800 participantes
-
Futbol19 septiembre 2026El Rebaño pinta como favorito en el Clásico Nacional
-
Carreras19 septiembre 2026¿A dónde vamos a parar?
