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Por qué la FIFA debe revocar el Mundial 2026 en EE.UU.

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El fútbol es el deporte que une al mundo, una celebración de la diversidad donde la habilidad y la pasión trascienden las barreras de la raza, el idioma y la nacionalidad. Sin embargo, un reciente fallo de la Corte Suprema de los Estados Unidos ha puesto en tela de juicio los valores fundamentales de este deporte. Esta resolución, que permitiría a las autoridades detener a personas basándose únicamente en su raza, idioma o apariencia, representa una amenaza directa para la seguridad y la inclusión de millones de aficionados y jugadores de todo el mundo.

Proponer la revocación del Mundial 2026 en Estados Unidos no es solo una declaración política, sino un acto de defensa moral. La FIFA, como ente rector, tiene la obligación de demostrar que sus valores no son negociables. Permitir que un evento que se jacta de unir al mundo se celebre en un país donde los aficionados de Brasil, Argentina, Colombia, Uruguay, la selección multiétnica de Inglaterra y los equipos de los países africanos corren el riesgo de ser perfilados racialmente es una burla a la universalidad del deporte. Este fallo judicial, con sus tintes supremacistas, convierte el Mundial en un evento de riesgo para cualquier persona que no se ajuste a un perfil racial determinado, desvirtuando la esencia misma de la competencia.

La idea de que el Mundial se convierta en un evento exclusivo para ciertos grupos raciales es una burla a la esencia misma del deporte. La FIFA, como ente rector, debe posicionarse y demostrar que sus valores no son negociables. Los jugadores latinoamericanos, considerados entre los mejores del mundo, son en su mayoría de ascendencia mestiza, indígena y afrodescendiente. El fallo de la corte podría generar un ambiente de hostilidad y miedo, donde estos atletas y sus familias podrían ser perseguidos por sus características raciales. El fútbol es más que un juego; es una declaración de que somos uno, sin importar de dónde vengamos o el color de nuestra piel. Es momento de que la FIFA y las aficiones se unan para defender este ideal.

Un fallo que divide y un discurso que alarma

La decisión de la Corte Suprema de EE. UU. que ha generado tanta polémica y que defensores de derechos humanos califican como una licencia para el perfilamiento racial, ha sido defendida por la administración del actual presidente Donald Trump. Su gobierno ha argumentado la necesidad de un “perfil razonablemente amplio” para la aplicación de la ley migratoria en regiones con una alta población indocumentada. Esta postura, junto con declaraciones que sugieren un desdén por los derechos de los inmigrantes, sirve como un catalizador para que la comunidad futbolística se pronuncie. La FIFA, en este contexto, debe demostrar que el fútbol es un espacio de inclusión y respeto, no un escenario para la discriminación.

Esta preocupación se extiende a nivel global. Selecciones europeas con una gran diversidad racial, como Francia, Países Bajos y Bélgica, cuentan con jugadores de color que son íconos para sus países. ¿Podrían estos atletas, o sus familias y aficionados, enfrentar detenciones arbitrarias? Y si equipos como Irán o Corea del Norte lograran clasificar, ¿al igual como países como El Salvador, Guatemala y Honduras?, ¿serían sus aficionados blancos de las autoridades de inmigración, el ICE, que los perseguirían basados en su nacionalidad o su apariencia? El fútbol es la única herramienta para hacer un frente a las políticas de un presidente que ha mencionado expresamente que disfruta el aroma de las detenciones de inmigrantes por las mañanas, una declaración que deja en claro el desprecio hacia la vida de los inmigrantes.

La alternativa: México y Canadá como sedes del Mundial

Ante la amenaza inminente de un Mundial manchado por el perfilamiento racial en Estados Unidos, la FIFA tiene la oportunidad de reubicar la sede en sus países vecinos, México y Canadá. Ambas naciones, que ya formaban parte del plan original, no solo poseen la infraestructura necesaria, sino que también ofrecen un ambiente de mayor inclusión y respeto a la diversidad. Los sistemas legales y las políticas de estos países están más alineados con los principios de no discriminación y derechos humanos que el fútbol dice defender, lo que garantizaría la seguridad y la bienvenida a todos los aficionados, sin importar su origen étnico.

México y Canadá han demostrado su capacidad para albergar eventos de magnitud mundial en el pasado. México, con la experiencia de haber sido sede en 1970 y 1986, cuenta con estadios icónicos y una pasión futbolística inigualable. Canadá, por su parte, ha organizado exitosamente torneos de la FIFA y cuenta con ciudades cosmopolitas y una infraestructura moderna. Al consolidar la sede en estos dos países, la FIFA enviaría un mensaje claro al mundo: la seguridad de los aficionados es una prioridad, y los valores de la inclusión no serán sacrificados por ninguna ley o política discriminatoria.

Esta reubicación no es solo una solución logística, sino una declaración poderosa contra el racismo y la intolerancia. Al trasladar el epicentro del Mundial a naciones que celebran la diversidad, la FIFA se posicionaría como un líder moral en el deporte, defendiendo la dignidad humana por encima de las ganancias económicas. Sería un golpe directo a las políticas de la administración estadounidense que buscan dividir a la gente. La cancha del Mundial debe ser un lugar de fiesta y unión, no de miedo y persecución, y México y Canadá ofrecen el entorno perfecto para que la verdadera esencia del fútbol prevalezca.

El “soft power” mexicano: un terremoto cultural que ninguna ley puede vencer

En un mundo cada vez más polarizado, donde las divisiones políticas y sociales parecen insalvables, emerge un relato singular que vincula el poder de la cultura popular con la geopolítica. Este análisis propone un paralelismo entre la derrota del antagonista en una película de culto y un escenario político real, sugiriendo que las herramientas del “soft power” y la pasión colectiva pueden ser la clave para superar los desafíos más complejos.

En la película “Gangs of New York”, Bill “el Carnicero” Cutting es un personaje formidable, una encarnación del nacionalismo xenófobo y la intolerancia. Su dominio sobre los “nativos” de la ciudad de Five Points se basa en el miedo y la violencia. Sin embargo, su derrota no llega por la simple fuerza física, sino por una conjunción de factores que desmantelan su ideología. En la batalla final, a pesar de su habilidad con el cuchillo y su ferocidad, Bill es herido de muerte por Amsterdam Vallon. Su muerte es simbólica, un momento de justicia poética en el que la nueva generación supera a la vieja, y el futuro se abre paso a través de las ruinas del pasado. La derrota de Bill el carnicero no es solo la caída de un hombre, sino el colapso de una mentalidad. Su visión del mundo, arraigada en el odio y la exclusión, se ve superada por la aparición de una nueva realidad, una en la que la diversidad y la unión prevalecen sobre el tribalismo.

En este mismo contexto, la figura de Donald Trump y su retórica sobre la inmigración, que se ha interpretado como un “trauma por la alienación demográfica”, presenta un desafío similar. Al igual que Bill el Carnicero, Trump ha capitalizado el miedo a los “otros”, a la pérdida de identidad nacional y a los cambios demográficos. Su discurso se ha centrado en la construcción de muros, tanto físicos como ideológicos, y en la demonización de los inmigrantes. Sin embargo, este paradigma podría ser desafiado y, en última instancia, superado por una fuerza inesperada: el fútbol y el “soft power” de México. México, un país que a menudo se ha visto en el centro de los debates sobre inmigración, podría demostrar que su verdadera fortaleza reside en su gente y su pasión. El fútbol, el deporte más popular del mundo, se convierte en un vehículo ideal para esta manifestación.

La unión de las aficiones, un llamado a la acción

Es en este momento de incertidumbre que la fuerza de la afición debe ser el motor del cambio. En las calles de Estados Unidos, los seguidores de clubes latinoamericanos como el América, las Chivas, los Pumas, y el Cruz Azul de México, así como los de Boca Juniors y River Plate de Argentina, Flamengo y Fluminense de Brasil, Peñarol y Nacional de Uruguay, y Colo-Colo de Chile, son más que simples fanáticos: son comunidades vibrantes y organizadas. Estas aficiones, con su inmensa presencia y pasión en el territorio estadounidense, tienen el poder de unirse y llevar a cabo manifestaciones masivas para protestar contra este fallo.

Al presenciar la potencia de la afición mexicana, su alegría, su energía y su capacidad para crear un ambiente festivo y pacífico, el mundo entero, y en particular aquellos en Estados Unidos que han sido expuestos a la retórica anti-inmigrante, podrían ver una realidad diferente. Esta presencia masiva y festiva es una forma de “soft power” en su máxima expresión: una influencia cultural que suaviza las hostilidades y construye puentes. El fútbol y la afición mexicana demuestran que la “alienación demográfica” no es una amenaza, sino una fuente de riqueza cultural y una oportunidad para la unión. Al igual que la derrota de Bill el Carnicero fue la caída de una ideología, la victoria sobre la mentalidad anti-inmigrante podría venir de la mano de la vibrante cultura mexicana, manifestada en su pasión por el fútbol. En el escenario mundial, la afición mexicana se convierte en un símbolo de la fuerza de la diversidad y la prueba de que el futuro es uno en el que la unión y la inclusión prevalecen sobre la división y el miedo.

Hacemos un llamado directo al gobernador de California, Gavin Newsom, cuyo estado alberga a la comunidad latina más grande de la nación y será sede de partidos mundialistas. Newsom debe alzar la voz en contra de la decisión de la Corte Suprema y apoyar las protestas de los aficionados. Su liderazgo podría ser el catalizador para que otros estados anfitriones se sumen a esta causa.

La propuesta de Gavin Newsom: Un liderazgo anti-racista para el fútbol y el mundo

El fútbol, con su inmenso alcance, se convierte en la plataforma perfecta para un nuevo frente de batalla contra las políticas racistas. El epicentro de este movimiento debe ser Los Ángeles, la ciudad con más mexicanos en el mundo después de la Ciudad de México y una de las sedes clave del Mundial. Es aquí donde el gobernador Gavin Newsom tiene la oportunidad histórica de tomar el liderazgo de un frente antirracista que trascienda las fronteras estatales.

Newsom no puede limitarse a la protesta silenciosa. Debe convocar a los gobernadores demócratas de los estados anfitriones: Oregon, Washington, Nuevo México, Nueva York e Illinois. Este frente de gobernadores no solo se opondría al fallo de la Corte Suprema, sino que también establecería políticas estatales para proteger a los aficionados, jugadores y sus familias de la discriminación racial. Sería una declaración poderosa de que, en un país dividido, existen líderes dispuestos a defender los valores universales de la dignidad y la inclusión, sin importar las implicaciones políticas.

Este frente de líderes estatales se alzaría contra las políticas de un presidente que, como se ha mencionado, disfruta el aroma de las detenciones de inmigrantes por las mañanas. Su postura, que mancha al mundo, a la pelota y al fútbol, debe ser contrarrestada con un liderazgo que celebre la diversidad y la unión. La lucha por un Mundial inclusivo es, en esencia, la lucha por los valores que el fútbol representa, y el gobernador Newsom tiene la oportunidad de ser el abanderado de esta causa, enviando un mensaje claro al mundo: el odio no tiene cabida en el deporte ni en la sociedad.

Violación de los derechos humanos

La resolución de la Corte Suprema que permite el perfilamiento racial y lingüístico para las detenciones transgrede directamente varios derechos humanos fundamentales, reconocidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Entre los más vulnerados se encuentran:

  • Derecho a la igualdad y la no discriminación (Artículo 2): Este principio fundamental establece que toda persona tiene todos los derechos y libertades sin distinción de raza, color, idioma, o cualquier otra condición. La decisión judicial que permite el perfilamiento racial es una violación directa de este derecho.
  • Derecho a la libertad y a la seguridad de la persona (Artículo 3): Este artículo garantiza que nadie puede ser sometido a detenciones o prisiones arbitrarias. Las detenciones basadas en el color de la piel, el idioma o el acento no se basan en una sospecha razonable de un delito, sino en prejuicios, lo que las hace inherentemente arbitrarias.
  • Libre tránsito y movimiento (Artículo 13): La amenaza de detención basada en la raza o el idioma limita la libertad de las personas para moverse libremente dentro de un país.
  • Garantías judiciales (Artículo 10): Permite a una persona tener un juicio justo. La discriminación inherente al perfilamiento racial socava el principio de un trato igualitario bajo la ley.

Conclusión: La victoria del soft power mexicano

El trauma de la alienación demográfica del presidente Donald Trump es más que una simple retórica política; es un miedo profundo y visceral a la irreversible transformación de la identidad estadounidense. Este temor se ve exacerbado por la presencia de los más de sesenta millones de mexicanos en Estados Unidos, una comunidad que ha demostrado una resiliencia y una fuerza cultural inquebrantables. El Mundial de 2026, lejos de ser una amenaza, se presenta como el escenario donde esta fuerza de cambio se manifestará de manera festiva y pacífica. La victoria del soft power mexicano no se logrará con leyes o violencia, sino con la simple y abrumadora presencia de una cultura vibrante que se niega a ser marginada o a desaparecer. Es la fuerza de una identidad que florece, mientras que la cultura supremacista de la América de Trump se reduce a un fenómeno aislado y contenido dentro de sus propias fronteras.

Mientras que la cultura americana, a menudo percibida a través de su política y sus leyes de inmigración, parece respirar con tintes raciales y supremacistas en su propio país, el soft power de México ha trascendido las fronteras, convirtiéndose en una de las fuerzas culturales más potentes del mundo. No necesita misiles, guerras comerciales o actos de violencia para ejercer su influencia; su poder radica en su música, su gastronomía, su arte y, sobre todo, en la pasión de su gente por el fútbol. Es una victoria silenciosa, sin una sola bala, donde la resiliencia cultural se impone a la intolerancia.

En la redacción de este artículo, en ningún momento estoy incitando a la violencia o a la secesión, ni hay riesgo o peligro inminente de que esto suceda. Este texto se encuentra amparado bajo la Primera Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos, que protege la libertad de expresión, y específicamente por la jurisprudencia de la doctrina de Brandenburg v. Ohio. Al igual que en ese caso, este escrito no promueve un “peligro claro e inminente” de violencia, sino que se limita a la crítica de un fallo judicial y a la expresión de una opinión sobre el poder de la cultura y el deporte. Por lo tanto, su redacción es un ejercicio de la libertad de expresión, que se encuentra protegido por la ley.

Sobre el autor

Fernando Arango Ávila es jurista y académico. Doctor en Ciencias de lo Fiscal, y actualmente cursa un posdoctorado en Derecho. Actualmente, combina su experiencia práctica con su labor investigativa. Escribe: drarango83@gmail.com.

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México paga, Argentina critica

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México paga, Argentina critica
El dilema entre la chequera de la Liga MX y la soberbia de la narrativa argentina. Foto: Qucho.com.mx / IA.

​El debate sobre la presencia de futbolistas y directores técnicos procedentes de Argentina en la Liga Mx suele avivarse cada vez que los micrófonos y las redes sociales cruzan fuego dialéctico entre ambos países.

Tras los constantes ataques, descalificaciones y recurrentes campañas desde ciertos sectores de la prensa y las aficiones albicelestes, donde con ligereza se tacha al aficionado mexicano de envidioso o acomplejado, la pregunta inevitable brota con fuerza: ¿Debería el balompié azteca cerrarles de una vez por todas las puertas?

​La narrativa instalada desde el Cono Sur suele pecar de una amnesia interesada. Se nos acusa de mirar con recelo su estilo, su famosa “garra” y su pasión desmedida, cuando la realidad del mercado cuenta una historia diametralmente opuesta.

Para el futbolista argentino, inmerso de forma crónica en un entorno de profunda precariedad económica, inflación galopante y ligas locales desfinanciadas, la Liga MX representa el “Sueño Dorado financiero”.

Aquí encuentran contratos millonarios, estabilidad y un poder adquisitivo que jamás podrían soñar en sus clubes de origen.

La paradoja es evidente y constante. Mientras públicamente se menosprecia el nivel competitivo del fútbol mexicano los despachos de los clubes más poderosos de Buenos Aires miran obsesivamente hacia México para pescar talento o repatriar ídolos a precio de saldo. Ejemplos sobran: desde los intentos de River Plate por seducir a figuras como Ángel Correa en Tigres apelando al romanticismo del “aguante”, pero retorciéndose a la hora de poner sobre la mesa una cláusula de rescisión que supera los 15 millones de dólares, hasta los viejos movimientos de Boca Juniors operando de la misma manera para arrebatarle piezas clave al América como en su día ocurrió con Darío “Pipa” Benedetto. Quieren la calidad y el dinero de México, pero desprecian la mano que les alimenta.

Ante este panorama, la tentación de cerrar la llave económica surge no desde el resentimiento, sino desde la dignidad deportiva y comercial.

Un par de torneos sin el flujo constante de futbolistas, técnicos y promotores argentinos serviría como un ejercicio revelador. Demostraría, sin lugar a dudas, que el verdadero motor de esta relación es puramente económico y que la supuesta superioridad moral futbolística se desvanece cuando se contrasta con la realidad financiera.

Sin embargo, el dilema para la Liga MX va más allá de un berrinche nacionalista. El problema de fondo no es el pasaporte del jugador que llega, sino la falta de proyecto y la comodidad de los directivos locales, quienes prefieren importar veteranos o apuestas seguras del sur antes de invertir con paciencia y rigor en la formación de la cantera mexicana.

​Cerrar las puertas por decreto quizás sea una medida drástica, pero el mensaje debe ser claro. La Liga MX sostiene con billetes verdes una industria que allá se desmorona; ya es hora de que se exija respeto para el producto mexicano y de que el talento local reciba el protagonismo que se le niega por culpa de una dependencia crónica del mercado exterior. ¿Quién terminaría envidiando a quién?La respuesta, con los números de la economía sobre la mesa, es tan clara como incómoda para quienes viven del discurso.


Sobre el autor

Sergio Enrique Hernández Piñón es licenciado en Periodismo por la Universidad de Guadalajara. Tiene más de 20 años en medios con experiencia en radio, prensa escrita y medios digitales. Además, durante 15 años fue director general de la plataforma “Presencia Deportiva”, medio especializado en periodismo deportivo.

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El regreso a la realidad: la Liga MX nos llama

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El regreso a la realidad: la Liga MX nos llama
La Liga MX arranca este jueves con el partido de Necaxa vs Atlante. Foto: Qucho.com.mx / Sergio Enrique Hernández.

Se acabó el brillo del Mundial, las luminarias de las superestrellas globales se apagan y los reflectores regresan a nuestro fútbol azteca. Adiós a la expectativa de ver a Haaland o a la nostalgia de seguir los pasos de Messi y Cristiano; es momento de retomar nuestra “bendita” Liga MX, esa que no entiende de lógica, pero sí de una pasión incondicional que arranca este jueves.

Es momento de cambiar los estadios de clase mundial por el aire fresco del Estadio Victoria, el Estadio Akron o la imponente, aunque ahora compartida, casa del Coloso de Santa Úrsula.

Sin duda, la nota más romántica, y a la vez incierta, es el regreso del Atlante. Tras 12 años en el exilio de la división de plata, los Potros de Hierro vuelven al máximo circuito de la mano de Miguel “Piojo” Herrera.

Es una apuesta arriesgada y llena de morbo que pondrá a prueba si este Atlante llega para ser protagonista o solo espectador.

En Coapa, la presión no conoce vacaciones. El América entra al Apertura 2026 con un proyecto fresco comandado por Guillermo Almada, un estratega que sabe exprimir al máximo a sus planteles.

La “sed de revancha” es el motor azulcrema, especialmente tras un periodo de reconstrucción que ha sido frenado por el Mundial.

Con la mayoría de sus mundialistas reportando apenas días antes del debut, el equipo vuela bajo, pero con la obligación de demostrar que el cambio en el banquillo no es un simple parche, sino el inicio de una nueva era de dominio.

Por su parte, el Guadalajara parece haber entendido que la estabilidad es su mejor activo. Manteniendo la base del torneo anterior y sumando piezas interesantes como Jordan Carrillo y Kevin Castañeda, el Rebaño de Gabriel Milito busca consolidarse.

A diferencia de otros grandes que están en plena reestructuración, Chivas llega con la lección aprendida: en un torneo tan corto y volátil, tener un equipo que se conoce de memoria puede ser la diferencia entre el éxito y el fracaso.

Finalmente, el Atlas de los nuevos dueños llega envuelto en una aureola de misterio y ambición. La directiva ha apostado fuerte, destacando la llegada del marroquí Ryan Mmaee, un delantero con cifras goleadoras imponentes en el fútbol de Chipre.

Los Zorros no quieren ser comparsa; bajo esta nueva administración, el equipo busca sacudirse la medianía con fichajes internacionales que prometen dar espectáculo. Habrá que ver si esta mezcla de talento extranjero y la mística rojinegra es suficiente para pelear los primeros puestos.

El torneo arranca. Quizás ya no tengamos el nivel de una final de Copa del Mundo, pero tenemos el Necaxa vs. Atlante, tenemos la incertidumbre del debut y la esperanza renovada de ver a nuestro equipo favorito levantar el trofeo en diciembre. Porque, al final, esta es nuestra realidad, y no la cambiaríamos por nada.


Sobre el autor

Sergio Enrique Hernández Piñón es licenciado en Periodismo por la Universidad de Guadalajara. Tiene más de 20 años en medios con experiencia en radio, prensa escrita y medios digitales. Además, durante 15 años fue director general de la plataforma “Presencia Deportiva”, medio especializado en periodismo deportivo.

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México, ¿el mismo destino de siempre?

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​La Selección Mexicana terminó con su ciclo mundialista, que prometía una evolución, una reestructuración de fondo y un cambio de mentalidad.
El Tricolor se mantiene en tu techo de cristal de los Octavos de Final a pesar de un papel decoroso en fase de grupos. Foto: AP / Ricardo Mazalan.

La Selección Mexicana terminó con su ciclo mundialista, que prometía una evolución, una reestructuración de fondo y un cambio de mentalidad. Terminó exactamente donde los fantasmas del pasado se sienten más cómodos: en los Octavos de Final.

​Algunos se quedan con una “buena actuación” bajo el argumento de una fase de grupos decorosa. Sin embargo, en el análisis frío y honesto, lo que vimos fue la cruda repetición de un trauma cíclico. 

México compitió mientras el nivel de exigencia era controlado, pero en el instante en que el muro de la jerarquía se presentó, el equipo simplemente se desplomó. 

Fue el primer rival de peso real al que nos enfrentamos y, como tantas otras veces, el resultado fue la incapacidad de dar el paso adelante.

​La derrota no fue obra de la mala suerte, sino de una cadena de errores puntuales en momentos que definen carreras y proyectos.

En la portería, la seguridad se convirtió en duda. La responsabilidad del guardameta en las jugadas decisivas fue evidente; en el Mundial no hay margen para errores técnicos cuando se enfrenta a delanteros de élite.

​Edson Álvarez, como capitán y líder del mediocampo, se esperaba que fuera la brújula del equipo. En lugar de eso, su desempeño fue errático, carente de esa jerarquía necesaria para imponer condiciones frente a un rival superior.

Con ​Gilberto Mora, aunque el talento joven es necesario, la falta de experiencia le pasó factura. El escenario le quedó grande y, en la balanza final, su error en los momentos críticos pesó tanto que costó el segundo gol de los ingleses.

​Pero el golpe de gracia no vino solo desde el campo, sino desde el banquillo. Javier Aguirre, con una trayectoria que debería haberle dotado de un aprendizaje profundo, volvió a tropezar con su propia sombra.

​La decisión de retirar a Julián Quiñones, quien ofrecía desequilibrio y peligro constante, para dar entrada a Memo Martínez fue un movimiento que destruyó la estructura ofensiva del equipo justo cuando más necesitábamos presencia y peligro.

​Es imposible no sentir un deja vu doloroso. Es el mismo Aguirre que, en el 2002, en el partido ante Estados Unidos decidió sacar a Ramón Morales para meter al “Matador” Luis Hernández, desarticulando el funcionamiento que nos había llevado a soñar. 

Es el mismo Aguirre que en 2010 apostó por un Bofo Bautista sin ritmo, condenando al equipo a jugar con diez hombres ante Argentina. Parece que, para el “Vasco”, el aprendizaje es un concepto opcional. Los cambios no fueron solo errores tácticos; fueron una renuncia a la ambición, un mensaje de miedo enviado a sus propios jugadores.

​Más allá de los nombres y los partidos, lo preocupante es la complacencia. Celebramos la victoria contra rivales menores, pero olvidamos que la excelencia no se mide contra los que están por debajo, sino contra aquellos que nos obligan a ser mejores.

​México no perdió por azar; perdió porque sigue creyendo que el esfuerzo compensa la falta de estrategia y porque los líderes, tanto en el campo como en el banquillo, siguen tomando decisiones que pertenecen a otra época. Mientras sigamos confundiendo la “buena disposición” con la competitividad real, los Octavos de Final seguirán siendo nuestro techo de cristal, y el Mundial, nuestra eterna deuda pendiente.


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Sergio Enrique Hernández Piñón es licenciado en Periodismo por la Universidad de Guadalajara. Tiene más de 20 años en medios con experiencia en radio, prensa escrita y medios digitales. Además, durante 15 años fue director general de la plataforma “Presencia Deportiva”, medio especializado en periodismo deportivo.

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¿Y si sí? El sueño mexicano que desafía la historia

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¿y si, sí? México vs Inglaterra
El partido México vs Inglaterra se jugará este domingo, a las 18:00 horas. Foto: Especial.

Lo de México contra Ecuador fue mágico. Desde que tengo uso de razón viendo futbol, es, quizás, la mejor actuación de mi selección en un partido mundialista.

Una gesta que nos eleva a los niveles más altos de entusiasmo, positivismo y fervor nacional.

Cada hombre elegido por Javier Aguirre para saltar al campo ha cumplido satisfactoriamente su misión. Aunque algunos nos quedamos con ganas de ver a Armando “La Hormiga” González, seguramente llegará su oportunidad.

Por su parte, Julián Quiñones se ha consolidado como el mejor futbolista de la convocatoria, cumpliendo con creces la expectativa tras su gran campaña en el futbol árabe.

Mención aparte merece Gilberto Mora: de ser una futura promesa, ha pasado en solo unos partidos a convertirse en una auténtica realidad y con apenas 17 años, es evidente que pronto lo veremos en el futbol europeo, tan pronto alcance la mayoría de edad.

Asimismo, Raúl Rangel ha sido una auténtica barrera en la portería durante todo el torneo; ningún arquero tricolor ha logrado lo que él en una Copa del Mundo. Su récord de imbatibilidad será histórico, y su gesto de compañerismo con Guillermo Ochoa ya ocupa un lugar especial en el corazón de la afición.

Ahora, el reto luce más complicado en el papel. Inglaterra, tras una gran Eurocopa hace dos años y una eliminatoria dominante, se presenta como un rival de cuidado.
Aunque sufrieron frente al Congo, serán una amenaza mayor a todo lo que México ha enfrentado hasta ahora.

Este domingo tenemos una cita con la historia. Para muchos, los recuerdos de la infancia están marcados por las dolorosas derrotas del Tri en mundiales; sin embargo, estos podrían ser eclipsados por un triunfo épico ante los ingleses.

Ellos no guardan precisamente los mejores recuerdos de la cancha del Estadio Azteca. Aunque cambien el nombre del recinto, para Inglaterra sigue siendo el escenario donde derramaron lágrimas hace 40 años, un episodio que bien podría repetirse este domingo.

La ilusión colectiva se resume en la pregunta que todos los mexicanos nos hacemos al cerrar los ojos y soñar: ¿Y si sí?

Dios quiera que sí.


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Sergio Enrique Hernández Piñón es licenciado en Periodismo por la Universidad de Guadalajara. Tiene más de 20 años en medios con experiencia en radio, prensa escrita y medios digitales. Además, durante 15 años fue director general de la plataforma “Presencia Deportiva”, medio especializado en periodismo deportivo.

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