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Por qué la FIFA debe revocar el Mundial 2026 en EE.UU.

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El fútbol es el deporte que une al mundo, una celebración de la diversidad donde la habilidad y la pasión trascienden las barreras de la raza, el idioma y la nacionalidad. Sin embargo, un reciente fallo de la Corte Suprema de los Estados Unidos ha puesto en tela de juicio los valores fundamentales de este deporte. Esta resolución, que permitiría a las autoridades detener a personas basándose únicamente en su raza, idioma o apariencia, representa una amenaza directa para la seguridad y la inclusión de millones de aficionados y jugadores de todo el mundo.

Proponer la revocación del Mundial 2026 en Estados Unidos no es solo una declaración política, sino un acto de defensa moral. La FIFA, como ente rector, tiene la obligación de demostrar que sus valores no son negociables. Permitir que un evento que se jacta de unir al mundo se celebre en un país donde los aficionados de Brasil, Argentina, Colombia, Uruguay, la selección multiétnica de Inglaterra y los equipos de los países africanos corren el riesgo de ser perfilados racialmente es una burla a la universalidad del deporte. Este fallo judicial, con sus tintes supremacistas, convierte el Mundial en un evento de riesgo para cualquier persona que no se ajuste a un perfil racial determinado, desvirtuando la esencia misma de la competencia.

La idea de que el Mundial se convierta en un evento exclusivo para ciertos grupos raciales es una burla a la esencia misma del deporte. La FIFA, como ente rector, debe posicionarse y demostrar que sus valores no son negociables. Los jugadores latinoamericanos, considerados entre los mejores del mundo, son en su mayoría de ascendencia mestiza, indígena y afrodescendiente. El fallo de la corte podría generar un ambiente de hostilidad y miedo, donde estos atletas y sus familias podrían ser perseguidos por sus características raciales. El fútbol es más que un juego; es una declaración de que somos uno, sin importar de dónde vengamos o el color de nuestra piel. Es momento de que la FIFA y las aficiones se unan para defender este ideal.

Un fallo que divide y un discurso que alarma

La decisión de la Corte Suprema de EE. UU. que ha generado tanta polémica y que defensores de derechos humanos califican como una licencia para el perfilamiento racial, ha sido defendida por la administración del actual presidente Donald Trump. Su gobierno ha argumentado la necesidad de un “perfil razonablemente amplio” para la aplicación de la ley migratoria en regiones con una alta población indocumentada. Esta postura, junto con declaraciones que sugieren un desdén por los derechos de los inmigrantes, sirve como un catalizador para que la comunidad futbolística se pronuncie. La FIFA, en este contexto, debe demostrar que el fútbol es un espacio de inclusión y respeto, no un escenario para la discriminación.

Esta preocupación se extiende a nivel global. Selecciones europeas con una gran diversidad racial, como Francia, Países Bajos y Bélgica, cuentan con jugadores de color que son íconos para sus países. ¿Podrían estos atletas, o sus familias y aficionados, enfrentar detenciones arbitrarias? Y si equipos como Irán o Corea del Norte lograran clasificar, ¿al igual como países como El Salvador, Guatemala y Honduras?, ¿serían sus aficionados blancos de las autoridades de inmigración, el ICE, que los perseguirían basados en su nacionalidad o su apariencia? El fútbol es la única herramienta para hacer un frente a las políticas de un presidente que ha mencionado expresamente que disfruta el aroma de las detenciones de inmigrantes por las mañanas, una declaración que deja en claro el desprecio hacia la vida de los inmigrantes.

La alternativa: México y Canadá como sedes del Mundial

Ante la amenaza inminente de un Mundial manchado por el perfilamiento racial en Estados Unidos, la FIFA tiene la oportunidad de reubicar la sede en sus países vecinos, México y Canadá. Ambas naciones, que ya formaban parte del plan original, no solo poseen la infraestructura necesaria, sino que también ofrecen un ambiente de mayor inclusión y respeto a la diversidad. Los sistemas legales y las políticas de estos países están más alineados con los principios de no discriminación y derechos humanos que el fútbol dice defender, lo que garantizaría la seguridad y la bienvenida a todos los aficionados, sin importar su origen étnico.

México y Canadá han demostrado su capacidad para albergar eventos de magnitud mundial en el pasado. México, con la experiencia de haber sido sede en 1970 y 1986, cuenta con estadios icónicos y una pasión futbolística inigualable. Canadá, por su parte, ha organizado exitosamente torneos de la FIFA y cuenta con ciudades cosmopolitas y una infraestructura moderna. Al consolidar la sede en estos dos países, la FIFA enviaría un mensaje claro al mundo: la seguridad de los aficionados es una prioridad, y los valores de la inclusión no serán sacrificados por ninguna ley o política discriminatoria.

Esta reubicación no es solo una solución logística, sino una declaración poderosa contra el racismo y la intolerancia. Al trasladar el epicentro del Mundial a naciones que celebran la diversidad, la FIFA se posicionaría como un líder moral en el deporte, defendiendo la dignidad humana por encima de las ganancias económicas. Sería un golpe directo a las políticas de la administración estadounidense que buscan dividir a la gente. La cancha del Mundial debe ser un lugar de fiesta y unión, no de miedo y persecución, y México y Canadá ofrecen el entorno perfecto para que la verdadera esencia del fútbol prevalezca.

El “soft power” mexicano: un terremoto cultural que ninguna ley puede vencer

En un mundo cada vez más polarizado, donde las divisiones políticas y sociales parecen insalvables, emerge un relato singular que vincula el poder de la cultura popular con la geopolítica. Este análisis propone un paralelismo entre la derrota del antagonista en una película de culto y un escenario político real, sugiriendo que las herramientas del “soft power” y la pasión colectiva pueden ser la clave para superar los desafíos más complejos.

En la película “Gangs of New York”, Bill “el Carnicero” Cutting es un personaje formidable, una encarnación del nacionalismo xenófobo y la intolerancia. Su dominio sobre los “nativos” de la ciudad de Five Points se basa en el miedo y la violencia. Sin embargo, su derrota no llega por la simple fuerza física, sino por una conjunción de factores que desmantelan su ideología. En la batalla final, a pesar de su habilidad con el cuchillo y su ferocidad, Bill es herido de muerte por Amsterdam Vallon. Su muerte es simbólica, un momento de justicia poética en el que la nueva generación supera a la vieja, y el futuro se abre paso a través de las ruinas del pasado. La derrota de Bill el carnicero no es solo la caída de un hombre, sino el colapso de una mentalidad. Su visión del mundo, arraigada en el odio y la exclusión, se ve superada por la aparición de una nueva realidad, una en la que la diversidad y la unión prevalecen sobre el tribalismo.

En este mismo contexto, la figura de Donald Trump y su retórica sobre la inmigración, que se ha interpretado como un “trauma por la alienación demográfica”, presenta un desafío similar. Al igual que Bill el Carnicero, Trump ha capitalizado el miedo a los “otros”, a la pérdida de identidad nacional y a los cambios demográficos. Su discurso se ha centrado en la construcción de muros, tanto físicos como ideológicos, y en la demonización de los inmigrantes. Sin embargo, este paradigma podría ser desafiado y, en última instancia, superado por una fuerza inesperada: el fútbol y el “soft power” de México. México, un país que a menudo se ha visto en el centro de los debates sobre inmigración, podría demostrar que su verdadera fortaleza reside en su gente y su pasión. El fútbol, el deporte más popular del mundo, se convierte en un vehículo ideal para esta manifestación.

La unión de las aficiones, un llamado a la acción

Es en este momento de incertidumbre que la fuerza de la afición debe ser el motor del cambio. En las calles de Estados Unidos, los seguidores de clubes latinoamericanos como el América, las Chivas, los Pumas, y el Cruz Azul de México, así como los de Boca Juniors y River Plate de Argentina, Flamengo y Fluminense de Brasil, Peñarol y Nacional de Uruguay, y Colo-Colo de Chile, son más que simples fanáticos: son comunidades vibrantes y organizadas. Estas aficiones, con su inmensa presencia y pasión en el territorio estadounidense, tienen el poder de unirse y llevar a cabo manifestaciones masivas para protestar contra este fallo.

Al presenciar la potencia de la afición mexicana, su alegría, su energía y su capacidad para crear un ambiente festivo y pacífico, el mundo entero, y en particular aquellos en Estados Unidos que han sido expuestos a la retórica anti-inmigrante, podrían ver una realidad diferente. Esta presencia masiva y festiva es una forma de “soft power” en su máxima expresión: una influencia cultural que suaviza las hostilidades y construye puentes. El fútbol y la afición mexicana demuestran que la “alienación demográfica” no es una amenaza, sino una fuente de riqueza cultural y una oportunidad para la unión. Al igual que la derrota de Bill el Carnicero fue la caída de una ideología, la victoria sobre la mentalidad anti-inmigrante podría venir de la mano de la vibrante cultura mexicana, manifestada en su pasión por el fútbol. En el escenario mundial, la afición mexicana se convierte en un símbolo de la fuerza de la diversidad y la prueba de que el futuro es uno en el que la unión y la inclusión prevalecen sobre la división y el miedo.

Hacemos un llamado directo al gobernador de California, Gavin Newsom, cuyo estado alberga a la comunidad latina más grande de la nación y será sede de partidos mundialistas. Newsom debe alzar la voz en contra de la decisión de la Corte Suprema y apoyar las protestas de los aficionados. Su liderazgo podría ser el catalizador para que otros estados anfitriones se sumen a esta causa.

La propuesta de Gavin Newsom: Un liderazgo anti-racista para el fútbol y el mundo

El fútbol, con su inmenso alcance, se convierte en la plataforma perfecta para un nuevo frente de batalla contra las políticas racistas. El epicentro de este movimiento debe ser Los Ángeles, la ciudad con más mexicanos en el mundo después de la Ciudad de México y una de las sedes clave del Mundial. Es aquí donde el gobernador Gavin Newsom tiene la oportunidad histórica de tomar el liderazgo de un frente antirracista que trascienda las fronteras estatales.

Newsom no puede limitarse a la protesta silenciosa. Debe convocar a los gobernadores demócratas de los estados anfitriones: Oregon, Washington, Nuevo México, Nueva York e Illinois. Este frente de gobernadores no solo se opondría al fallo de la Corte Suprema, sino que también establecería políticas estatales para proteger a los aficionados, jugadores y sus familias de la discriminación racial. Sería una declaración poderosa de que, en un país dividido, existen líderes dispuestos a defender los valores universales de la dignidad y la inclusión, sin importar las implicaciones políticas.

Este frente de líderes estatales se alzaría contra las políticas de un presidente que, como se ha mencionado, disfruta el aroma de las detenciones de inmigrantes por las mañanas. Su postura, que mancha al mundo, a la pelota y al fútbol, debe ser contrarrestada con un liderazgo que celebre la diversidad y la unión. La lucha por un Mundial inclusivo es, en esencia, la lucha por los valores que el fútbol representa, y el gobernador Newsom tiene la oportunidad de ser el abanderado de esta causa, enviando un mensaje claro al mundo: el odio no tiene cabida en el deporte ni en la sociedad.

Violación de los derechos humanos

La resolución de la Corte Suprema que permite el perfilamiento racial y lingüístico para las detenciones transgrede directamente varios derechos humanos fundamentales, reconocidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Entre los más vulnerados se encuentran:

  • Derecho a la igualdad y la no discriminación (Artículo 2): Este principio fundamental establece que toda persona tiene todos los derechos y libertades sin distinción de raza, color, idioma, o cualquier otra condición. La decisión judicial que permite el perfilamiento racial es una violación directa de este derecho.
  • Derecho a la libertad y a la seguridad de la persona (Artículo 3): Este artículo garantiza que nadie puede ser sometido a detenciones o prisiones arbitrarias. Las detenciones basadas en el color de la piel, el idioma o el acento no se basan en una sospecha razonable de un delito, sino en prejuicios, lo que las hace inherentemente arbitrarias.
  • Libre tránsito y movimiento (Artículo 13): La amenaza de detención basada en la raza o el idioma limita la libertad de las personas para moverse libremente dentro de un país.
  • Garantías judiciales (Artículo 10): Permite a una persona tener un juicio justo. La discriminación inherente al perfilamiento racial socava el principio de un trato igualitario bajo la ley.

Conclusión: La victoria del soft power mexicano

El trauma de la alienación demográfica del presidente Donald Trump es más que una simple retórica política; es un miedo profundo y visceral a la irreversible transformación de la identidad estadounidense. Este temor se ve exacerbado por la presencia de los más de sesenta millones de mexicanos en Estados Unidos, una comunidad que ha demostrado una resiliencia y una fuerza cultural inquebrantables. El Mundial de 2026, lejos de ser una amenaza, se presenta como el escenario donde esta fuerza de cambio se manifestará de manera festiva y pacífica. La victoria del soft power mexicano no se logrará con leyes o violencia, sino con la simple y abrumadora presencia de una cultura vibrante que se niega a ser marginada o a desaparecer. Es la fuerza de una identidad que florece, mientras que la cultura supremacista de la América de Trump se reduce a un fenómeno aislado y contenido dentro de sus propias fronteras.

Mientras que la cultura americana, a menudo percibida a través de su política y sus leyes de inmigración, parece respirar con tintes raciales y supremacistas en su propio país, el soft power de México ha trascendido las fronteras, convirtiéndose en una de las fuerzas culturales más potentes del mundo. No necesita misiles, guerras comerciales o actos de violencia para ejercer su influencia; su poder radica en su música, su gastronomía, su arte y, sobre todo, en la pasión de su gente por el fútbol. Es una victoria silenciosa, sin una sola bala, donde la resiliencia cultural se impone a la intolerancia.

En la redacción de este artículo, en ningún momento estoy incitando a la violencia o a la secesión, ni hay riesgo o peligro inminente de que esto suceda. Este texto se encuentra amparado bajo la Primera Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos, que protege la libertad de expresión, y específicamente por la jurisprudencia de la doctrina de Brandenburg v. Ohio. Al igual que en ese caso, este escrito no promueve un “peligro claro e inminente” de violencia, sino que se limita a la crítica de un fallo judicial y a la expresión de una opinión sobre el poder de la cultura y el deporte. Por lo tanto, su redacción es un ejercicio de la libertad de expresión, que se encuentra protegido por la ley.

Sobre el autor

Fernando Arango Ávila es jurista y académico. Doctor en Ciencias de lo Fiscal, y actualmente cursa un posdoctorado en Derecho. Actualmente, combina su experiencia práctica con su labor investigativa. Escribe: drarango83@gmail.com.

Opinión

Liga MX aporta 26 jugadores al Mundial, 12 con México y 14 en otras selecciones

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Columna de Sergio Enrique Hernández
14 futbolistas extranjeros de la Liga MX fueron convocados por sus selecciones. Foto: @LigaBBVAMX

La internacionalización de la Liga MX es una realidad que se hace cada vez más evidente en los torneos de alta competencia.

Con la publicación oficial de las listas de convocados por parte de la FIFA, un dato salta a la vista y enciende el debate: 26 futbolistas que militan en el balompié mexicano estarán representando a diversas selecciones nacionales.

Lo verdaderamente interesante de esta cifra es su equilibrio y lo que revela sobre la naturaleza de nuestra liga: de esos 26 convocados, 12 son futbolistas mexicanos y 14 son extranjeros.

​Este reparto nos invita a reflexionar sobre el rol actual de la Liga MX en el panorama continental.

Lejos de ser un circuito aislado, el fútbol mexicano se ha consolidado como un imán de talento y un aparador crucial para múltiples federaciones de la Conmebol y la Concacaf, tales como Colombia, Ecuador, Uruguay, Estados Unidos y Panamá.

A primera vista, que 14 futbolistas extranjeros de la Liga MX sean llamados por sus países de origen es un síntoma de prestigio y poder económico.

Habla de una liga que paga bien, que compite a un nivel físico demandante y que mantiene a los jugadores en el radar de sus seleccionadores nacionales.

Para el balompié azteca, esto es una medalla de validación competitiva.

Sin embargo, el reverso de la moneda nos muestra que la representación local se queda ligeramente por detrás solo 12 mexicanos.

En un ecosistema donde los clubes locales suelen saturar sus alineaciones con talento foráneo, este dato refleja la eterna paradoja de nuestro fútbol: importamos un volumen altísimo de calidad, pero a menudo lo hacemos a expensas de la proyección del futbolista nativo.

Lo valioso de esta exportación temporal es que no se concentra en uno o dos equipos “poderosos”. La diversidad de clubes de la Liga MX que aportan jugadores a este torneo demuestra que el nivel está repartido. Desde las plantillas robustas del norte hasta equipos de media tabla hacia abajo, la liga funciona como un trampolín uniforme.

Para selecciones como Ecuador o Panamá, la Liga MX ha sido históricamente un territorio de maduración ideal: un fútbol rápido, de mucha presión mediática y con una infraestructura de primer nivel que prepara a sus atletas para la máxima exigencia internacional.

​El dato oficial de la FIFA no miente. La Liga MX ya no es solo la casa del fútbol mexicano; es un motor regulador del fútbol en América.

El reto de cara al futuro no será frenar la llegada de estos 14 (o más) extranjeros de selección, sino lograr que el nivel de competencia que ellos imponen sirva para catapultar a los jóvenes de casa, de modo que en las próximas listas oficiales, los mexicanos vuelvan a ser mayoría en su propia tierra.


Sobre el autor

Sergio Enrique Hernández Piñón es licenciado en Periodismo por la Universidad de Guadalajara. Tiene más de 20 años en medios con experiencia en radio, prensa escrita y medios digitales. Además, durante 15 años fue director general de la plataforma “Presencia Deportiva”, medio especializado en periodismo deportivo.

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​El olvidadizo aplauso del resultado

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El caso más reciente de Cruz Azul no sólo confirma la regla
La llegada de Huiqui al banquillo Azul provocó críticas que hoy son silenciadas con el título. Foto: @CruzAzul.

Existe una vieja y desgastada máxima en el fútbol mexicano que reza: “Técnico que debuta, gana”. Es una frase hecha, casi un amuleto folclórico, pero cuando la realidad se empeña en darle la razón, el entorno de nuestro balompié pierde la cabeza de inmediato. 

El caso más reciente de Cruz Azul no sólo confirma la regla, sino que expone la alarmante falta de memoria —tanto a corto como a largo plazo— que padece el periodismo deportivo nacional.

​La llegada de Joel Huiqui al banquillo cementero en la recta final del torneo regular fue un auténtico salto al vacío. Un movimiento de timón tan sorpresivo como impulsivo, operado directamente desde el escritorio de la presidencia por Víctor Velázquez, saltándose las trancas y la jerarquía de su propio director deportivo, Iván Alonso. 

En su momento, la destitución de Nicolás Larcamón encendió las alarmas y las mesas de debate. A Velázquez le llovieron adjetivos: “temperamental”, “autócrata” e “impulsivo” fueron los calificativos más suaves en un mar de críticas justificadas por las formas. 

Después de todo, La Máquina venía en caída libre, hilando tropiezos en la liga y sufriendo una dolorosa eliminación en la Concachampions.

​Sin embargo, el fútbol es el único escenario donde el fin absuelve cualquier pecado de origen.

Hoy, con la décima estrella grabada en el escudo, el panorama es radicalmente opuesto. 

Aquellos que dinamitaban la gestión directiva por su falta de estructura hoy redactan loas a la “intuición” y el “carácter” de la cúpula celeste. Las críticas feroces se transformaron en alabanzas almibaradas.

​Este fenómeno no hace más que desnudar la alarmante inmediatez de la crónica deportiva actual, una industria que padece de amnesia selectiva y que suele juzgar los procesos únicamente con el diario del lunes en la mano. 

Ganar la décima es un mérito indiscutible de Huiqui y sus futbolistas, pero el campeonato no debería borrar el desorden institucional que precedió al milagro.

​En el fútbol mexicano, lamentablemente, el análisis serio siempre será esclavo del marcador de los últimos noventa minutos. 

Hoy Cruz Azul festeja, la prensa aplaude y la memoria, una vez más, se queda en la banca.


Sobre el autor

Sergio Enrique Hernández Piñón es licenciado en Periodismo por la Universidad de Guadalajara. Tiene más de 20 años en medios con experiencia en radio, prensa escrita y medios digitales. Además, durante 15 años fue director general de la plataforma “Presencia Deportiva”, medio especializado en periodismo deportivo.

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La redención de Gabriel Milito: El arquitecto del récord de puntos en Chivas

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La redención de Gabriel Milito: El arquitecto del récord de puntos en Chivas

El fútbol mexicano suele adolecer de una memoria cortoplacista y una alarmante falta de paciencia. Hace apenas unos meses, durante el arranque del Apertura 2025, el proyecto de Gabriel Milito al frente del Club Deportivo Guadalajara parecía caminar sobre la cuerda floja. 

Las dudas llovían desde la tribuna, la prensa cuestionaba su capacidad de adaptación al entorno rojiblanco y el fantasma del cese prematuro merodeaba Verde Valle. 

Hoy la narrativa es diametralmente opuesta: el estratega argentino no solo acalló las críticas, sino que acaba de firmar el torneo corto con mayor puntaje en la historia del club.

​¿Cómo se transformó un proceso tambaleante en una maquinaria histórica? La respuesta no radica en la fortuna, sino en la capacidad de Milito para recomponerse, diagnosticar sus propios errores y ejecutar una metamorfosis táctica impecable cuando las circunstancias más lo exigían.

​La genialidad del técnico no estuvo en morir con la suya, sino en saber evolucionar. Milito entendió que el protagonismo no se negocia, pero las vías para alcanzarlo sí. 

El Guadalajara del Clausura 2026 mutó hacia un equipo mucho más pragmático y vertical. Sin renunciar al buen trato de la pelota, el argentino implementó una presión tras pérdida asfixiante en campo rival, acortando las distancias entre líneas y permitiendo que el talento dinámico de sus mediocampistas y extremos pesara de verdad en el último tercio, en lugar de desgastarse en la aduana de la salida.

Lejos de quejarse por la falta de variantes o de casarse con un once inamovible, el timonel supo reactivar piezas que parecían perdidas y potenciar a los jóvenes de la cantera, combinando la exigencia táctica con una notable gestión humana.

​Sus ajustes sobre la marcha evidenciaron una lectura de partido excelsa. Chivas aprendió a cambiar de piel según el rival y el escenario:

​Capaz de sostener un 4-3-3 agresivo y de amplitud total en el Estadio Akron.

​Flexible para mutar a una línea de tres centrales o un 4-4-2 rocoso cuando el trámite fuera de casa exigía cerrar los caminos y apelar al contragolpe.

​Esa riqueza estratégica convirtió a Chivas en un enigma indescifrable para las pizarras rivales.

​Superar las míticas barreras de puntos que el club impuso en los torneos de los noventa o la era de Hans Westerhof no es una casualidad. Es el dividendo de un cuerpo técnico que supo mantener el temple en la tormenta y que convenció al futbolista mexicano de que el orden y la intensidad son las llaves del éxito.

​Gabriel Milito ha devuelto a Chivas la autoridad competitiva que su historia demanda. Por lo pronto, el banquillo del Guadalajara tiene un estratega con mayúsculas.

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El vuelo rasante: ¿Es el fin de la era Jardine en el Nido?

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El Vuelo Rasante: ¿Es el fin de la era Jardine en el Nido?
Las Águilas ya no tienen la agresividad que André Jardine les inyectó en su llegada. Foto: Especial

El fútbol tiene una memoria tan corta como cruel. Hace apenas unos meses, el Club América tocaba el cielo con las manos al consumar un tricampeonato histórico que parecía instaurar una dinastía imbatible.

Ahora el panorama en Coapa es sombrío: la reciente eliminación ante Pumas en los Cuartos de Final del Clausura 2026 no fue solo una derrota, fue el eco de un desplome que viene avisando desde hace tiempo.

​Ser tricampeón en México es una gesta heroica, pero para el América, los títulos también se han convertido en una cómoda zona de confort. La “maldición del éxito” parece haberle robado el hambre a una plantilla que hoy luce apática, sin gol y, sobre todo, sin la agresividad que André Jardine les inyectó en su llegada.

​El arranque del Clausura 2026 fue alarmante, con jornadas enteras sin marcar, evidenciando que las individualidades, como Brian Rodríguez o Zendejas, ya no bastan para ocultar las carencias colectivas.

Lo que más pesa en la balanza crítica es la incapacidad de Jardine para trascender fuera de la Liga MX. Eliminaciones consecutivas en Concachampions, el amargo tras no poder llegar al Mundial de Clubes 2025 y el nulo impacto en la Leagues Cup sugieren que el modelo de juego del brasileño tiene un techo muy marcado ante rivales de otra jerarquía.

La directiva se encuentra en la encrucijada más difícil de la década. Por un lado, despedir al técnico más exitoso de la época reciente suena a ingratitud; por otro, mantenerlo se siente como una apuesta por un proyecto que ya dio todo lo que tenía que dar.

Jardine ha pedido el regreso de Gustavo Leal como condición para seguir, buscando reconstruir esa estructura de trabajo que lo llevó a la gloria.

El ciclo actual está agotado. La eliminación ante Pumas —con un global de 6-6 que favoreció a los universitarios por posición en la tabla— dejó claro que la fragilidad mental ha regresado al Nido.

El América no necesita “ajustes”; necesita una reestructura profunda que empiece por sacudir el vestuario y, posiblemente, refrescar el banquillo.
​Si Jardine se queda, será bajo la sombra de la duda y con un crédito que se agotará al primer tropiezo del Apertura 2026.

El fin de una era no tiene por qué ser una tragedia, sino la oportunidad de evitar que el vuelo de las Águilas se convierta en una caída libre.


Sobre el autor

Sergio Enrique Hernández Piñón es licenciado en Periodismo por la Universidad de Guadalajara. Tiene más de 20 años en medios con experiencia en radio, prensa escrita y medios digitales. Además, durante 15 años fue director general de la plataforma “Presencia Deportiva”, medio especializado en periodismo deportivo.

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