Opinión
Tácticas para disfrutar del futbol
Seguir a tu equipo de futbol puede acumular el cansancio o ser, mayormente, una fuente de disfrute. ¿Qué persona no experimentó falta de energía al inicio de la liguilla, con el calendario intenso de la Liga BBVA MX Femenil y sus torneos a la par, más lo que trae la vida cotidiana? Y eso que no somos quienes corremos detrás del balón.
En esta ocasión me planteé construir contenido provechoso, con el enfoque en la afición. Comparto, párrafos abajo, acciones que puedan abonar a que las personas futboleras cuiden la salud mental y física, mientras se involucran en la vida deportiva de la liga. Habrá una segunda parte, gracias a que las herramientas son varias.
Aquí pretendo, además, invitar a la reflexión sobre el lugar que le damos al deporte en nuestras vidas. ¿Es el futbol un escenario para la recreación y la diversión, o una fuente de tensión, y una manera -consciente o no- de evitar las emociones y las circunstancias de la vida personal y profesional? Porque evitar empeora nuestro panorama, genera malestar.
Para retomar la línea del cansancio, no sé ustedes, mas es la primera vez que, voluntariamente, dejo de atender sí o sí, la liguilla, y de hablar en redes sociales sobre ella. La intención fue cuidar la energía, descansar.
También fue un acto consciente de parar, ante la duda personal sobre si el ritmo de la industria -la cantidad de partidos y su calendarización- es el adecuado para las jugadoras, sus cuerpos y mentes, en especial. Aún con todo y que se ha profesionalizado la liga para el alto rendimiento, sabemos que ha ido de menos a más, faltaría revisar detalladamente, con especialistas del área médica, qué es lo más conveniente en cuanto a la carga de trabajo y su frecuencia. Espero que ya se esté haciendo y que eso sea lo que determine las fechas de partidos.
Como contexto, de la temporada regular, vi 15 de 17 juegos de Atlas femenil (siete en estadio, ocho en pantalla), unos cuatro partidos del América, y tres de Rayadas, más probablemente cuatro enfrentamientos de las selecciones nacionales femeniles. Esto, del 7 de julio al 3 de noviembre (27 partidos en un periodo de 17 semanas).
Esto es lo que, en promedio, una persona aficionada de la liga podría mirar, si procura lealtad y apoyo a una escuadra y manifiesta simpatía por otras, como suele ocurrir.
Pequeñas grandes acciones para el cuidado:
Lo que es fundamental cuidar, en resumen, es procurar estar en el momento presente, dar espacio al descanso en nuestros días, a experimentar las emociones y atravesarlas, y a hacer un manejo consciente del estrés. Las herramientas que a continuación enlisto tienen ese propósito.
Cinco minutos, 40 respiraciones. Cuando lo siento necesario, me tomo literal cinco minutos para hacer 40 respiraciones conscientemente, sentada e inmóvil, sin apresurar el inhalar y exhalar, ni distraerme, con la atención en la sensación respiratoria. Esto me permite descansar, soltar la prisa, y pasar de una serie de actividades hechas, a las siguiente por hacer, con cierta calma. Cuando aparecen pensamientos, no me engancho a ellos, sino que vuelvo a la respiración.
También la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal recomienda hacer una pausa de quietud, acompañada de una respiración consciente, después de cada actividad. Porque, así como aparecen cientos de pensamientos encadenados, “en nuestra vida automatizada también tendemos a encadenar actividades sin darnos cuenta de los tránsitos”.
Cómo estoy y qué necesito. Pregúntate esto, antes de, en automático, sentarte a ver un partido. En lo personal, sé que fui a partidos, prácticamente después de haber terminado actividades laborales, con una adrenalina y cansancio acumulados; que vi algunos juegos, aunque el cansancio mental pedía cero pantallas y otra actividad; que, en vez de salir a caminar a la naturaleza, para regular las emociones, me quedé en casa para seguir un juego. Seguro no me habría sentido agotada algunos días, de hacer algo distinto, escuchar qué necesitaba y dármelo. Me habría habilitado para sí poder ver el juego, con algo más de energía. Sin embargo, si me descuidé unos días, y llega el día de partido y no estoy en condiciones, el equipo no va a dejar de anotar un gol, por mi ausencia en las gradas. Soy prioridad.
Otra opción para cuidarse es escribir antes y después del partido sobre las emociones que se han experimentado, nombrar cuáles son y lo que necesite ser dicho en el momento. Todavía es mejor, más efectivo, si la escritura es a mano. De esta manera podemos ganar cierta calma, se hace un manejo de las emociones al definir cuál es y en qué parte del cuerpo la siento, y respirar profundo; ocurre un desapego de lo que sucedió y de las emociones que generó. Ya no estará rondando en la cabeza una y otra y otra vez.
Limitar el uso de redes sociales. Ocurre con frecuencia que, mientras vemos los partidos, los comentamos en grupos de mensajería instantánea o en redes sociales como “X”. Eso también puede ser cansado, al dividir la atención y hacer dos tareas a la vez: observar el juego y elaborar los mensajes. He notado la diferencia, recientemente, cuando solo me dedico a observar el juego. Hasta lo disfruto más.
Otro ”aliviane” viene de proponerme disfrutar el futbol por el futbol, sin mayores expectativas de que gane o destaque notablemente mi equipo, sí o sí. Cuando me enfoco en apreciar la destreza técnica o incluso táctica de la escuadra con la que simpatizo o incluso de las jugadoras “rivales” termino con mayor energía al cierre del encuentro. Apegarnos a que siempre ganen en el marcador, a que ocurran ciertas cosas y a rechazar otras, nos trae sufrimiento, malestar. Ojo con eso.
Las vemos jugar, entrenar, sabemos que cuidan sus cuerpos de distintas maneras, ¿y nosotras y nosotros hacemos ejercicio, por ejemplo? Se sabe de los múltiples beneficios de ejercitarnos, descubramos qué disciplina o rutinas nos funcionan y con las que podemos ser constantes y procurémonos de esa manera. El ejercicio también proporciona descanso, manejo de emociones, sensación de bienestar; contribuye a la salud física y mental.
Espero con esperanza que sean útiles algunos de estos ejemplos de cuidado y elijamos ponerlos en práctica con constancia. En la medida en que seamos responsables, cuidadosos y generosos con nosotras y nosotros, podremos serlo con las demás personas, incluidas las que integran los equipos de nuestros amores. Sin embargo, hagámoslo por amor propio, pongámonos primero.
Sobre la autora
Miriam Padilla nació en la tierra de la torta ahogada y se sabe una apasionada del futbol. Estudió Periodismo en la Universidad de Guadalajara y la maestría en Comunicación de la Ciencia y la Cultura del ITESO. Ha dedicado su tiempo y energía a espacios como el periódico El Informador, a blogs deportivos independientes, y al activismo y la construcción con mujeres, desde el colectivo ciclista Femibici.
Opinión
México paga, Argentina critica
El debate sobre la presencia de futbolistas y directores técnicos procedentes de Argentina en la Liga Mx suele avivarse cada vez que los micrófonos y las redes sociales cruzan fuego dialéctico entre ambos países.
Tras los constantes ataques, descalificaciones y recurrentes campañas desde ciertos sectores de la prensa y las aficiones albicelestes, donde con ligereza se tacha al aficionado mexicano de envidioso o acomplejado, la pregunta inevitable brota con fuerza: ¿Debería el balompié azteca cerrarles de una vez por todas las puertas?
La narrativa instalada desde el Cono Sur suele pecar de una amnesia interesada. Se nos acusa de mirar con recelo su estilo, su famosa “garra” y su pasión desmedida, cuando la realidad del mercado cuenta una historia diametralmente opuesta.
Para el futbolista argentino, inmerso de forma crónica en un entorno de profunda precariedad económica, inflación galopante y ligas locales desfinanciadas, la Liga MX representa el “Sueño Dorado financiero”.
Aquí encuentran contratos millonarios, estabilidad y un poder adquisitivo que jamás podrían soñar en sus clubes de origen.
La paradoja es evidente y constante. Mientras públicamente se menosprecia el nivel competitivo del fútbol mexicano los despachos de los clubes más poderosos de Buenos Aires miran obsesivamente hacia México para pescar talento o repatriar ídolos a precio de saldo. Ejemplos sobran: desde los intentos de River Plate por seducir a figuras como Ángel Correa en Tigres apelando al romanticismo del “aguante”, pero retorciéndose a la hora de poner sobre la mesa una cláusula de rescisión que supera los 15 millones de dólares, hasta los viejos movimientos de Boca Juniors operando de la misma manera para arrebatarle piezas clave al América como en su día ocurrió con Darío “Pipa” Benedetto. Quieren la calidad y el dinero de México, pero desprecian la mano que les alimenta.
Ante este panorama, la tentación de cerrar la llave económica surge no desde el resentimiento, sino desde la dignidad deportiva y comercial.
Un par de torneos sin el flujo constante de futbolistas, técnicos y promotores argentinos serviría como un ejercicio revelador. Demostraría, sin lugar a dudas, que el verdadero motor de esta relación es puramente económico y que la supuesta superioridad moral futbolística se desvanece cuando se contrasta con la realidad financiera.
Sin embargo, el dilema para la Liga MX va más allá de un berrinche nacionalista. El problema de fondo no es el pasaporte del jugador que llega, sino la falta de proyecto y la comodidad de los directivos locales, quienes prefieren importar veteranos o apuestas seguras del sur antes de invertir con paciencia y rigor en la formación de la cantera mexicana.
Cerrar las puertas por decreto quizás sea una medida drástica, pero el mensaje debe ser claro. La Liga MX sostiene con billetes verdes una industria que allá se desmorona; ya es hora de que se exija respeto para el producto mexicano y de que el talento local reciba el protagonismo que se le niega por culpa de una dependencia crónica del mercado exterior. ¿Quién terminaría envidiando a quién?La respuesta, con los números de la economía sobre la mesa, es tan clara como incómoda para quienes viven del discurso.
Sobre el autor
Sergio Enrique Hernández Piñón es licenciado en Periodismo por la Universidad de Guadalajara. Tiene más de 20 años en medios con experiencia en radio, prensa escrita y medios digitales. Además, durante 15 años fue director general de la plataforma “Presencia Deportiva”, medio especializado en periodismo deportivo.
Opinión
El regreso a la realidad: la Liga MX nos llama
Se acabó el brillo del Mundial, las luminarias de las superestrellas globales se apagan y los reflectores regresan a nuestro fútbol azteca. Adiós a la expectativa de ver a Haaland o a la nostalgia de seguir los pasos de Messi y Cristiano; es momento de retomar nuestra “bendita” Liga MX, esa que no entiende de lógica, pero sí de una pasión incondicional que arranca este jueves.
Es momento de cambiar los estadios de clase mundial por el aire fresco del Estadio Victoria, el Estadio Akron o la imponente, aunque ahora compartida, casa del Coloso de Santa Úrsula.
Sin duda, la nota más romántica, y a la vez incierta, es el regreso del Atlante. Tras 12 años en el exilio de la división de plata, los Potros de Hierro vuelven al máximo circuito de la mano de Miguel “Piojo” Herrera.
Es una apuesta arriesgada y llena de morbo que pondrá a prueba si este Atlante llega para ser protagonista o solo espectador.
En Coapa, la presión no conoce vacaciones. El América entra al Apertura 2026 con un proyecto fresco comandado por Guillermo Almada, un estratega que sabe exprimir al máximo a sus planteles.
La “sed de revancha” es el motor azulcrema, especialmente tras un periodo de reconstrucción que ha sido frenado por el Mundial.
Con la mayoría de sus mundialistas reportando apenas días antes del debut, el equipo vuela bajo, pero con la obligación de demostrar que el cambio en el banquillo no es un simple parche, sino el inicio de una nueva era de dominio.
Por su parte, el Guadalajara parece haber entendido que la estabilidad es su mejor activo. Manteniendo la base del torneo anterior y sumando piezas interesantes como Jordan Carrillo y Kevin Castañeda, el Rebaño de Gabriel Milito busca consolidarse.
A diferencia de otros grandes que están en plena reestructuración, Chivas llega con la lección aprendida: en un torneo tan corto y volátil, tener un equipo que se conoce de memoria puede ser la diferencia entre el éxito y el fracaso.
Finalmente, el Atlas de los nuevos dueños llega envuelto en una aureola de misterio y ambición. La directiva ha apostado fuerte, destacando la llegada del marroquí Ryan Mmaee, un delantero con cifras goleadoras imponentes en el fútbol de Chipre.
Los Zorros no quieren ser comparsa; bajo esta nueva administración, el equipo busca sacudirse la medianía con fichajes internacionales que prometen dar espectáculo. Habrá que ver si esta mezcla de talento extranjero y la mística rojinegra es suficiente para pelear los primeros puestos.
El torneo arranca. Quizás ya no tengamos el nivel de una final de Copa del Mundo, pero tenemos el Necaxa vs. Atlante, tenemos la incertidumbre del debut y la esperanza renovada de ver a nuestro equipo favorito levantar el trofeo en diciembre. Porque, al final, esta es nuestra realidad, y no la cambiaríamos por nada.
Sobre el autor
Sergio Enrique Hernández Piñón es licenciado en Periodismo por la Universidad de Guadalajara. Tiene más de 20 años en medios con experiencia en radio, prensa escrita y medios digitales. Además, durante 15 años fue director general de la plataforma “Presencia Deportiva”, medio especializado en periodismo deportivo.
Opinión
México, ¿el mismo destino de siempre?
La Selección Mexicana terminó con su ciclo mundialista, que prometía una evolución, una reestructuración de fondo y un cambio de mentalidad. Terminó exactamente donde los fantasmas del pasado se sienten más cómodos: en los Octavos de Final.
Algunos se quedan con una “buena actuación” bajo el argumento de una fase de grupos decorosa. Sin embargo, en el análisis frío y honesto, lo que vimos fue la cruda repetición de un trauma cíclico.
México compitió mientras el nivel de exigencia era controlado, pero en el instante en que el muro de la jerarquía se presentó, el equipo simplemente se desplomó.
Fue el primer rival de peso real al que nos enfrentamos y, como tantas otras veces, el resultado fue la incapacidad de dar el paso adelante.
La derrota no fue obra de la mala suerte, sino de una cadena de errores puntuales en momentos que definen carreras y proyectos.
En la portería, la seguridad se convirtió en duda. La responsabilidad del guardameta en las jugadas decisivas fue evidente; en el Mundial no hay margen para errores técnicos cuando se enfrenta a delanteros de élite.
Edson Álvarez, como capitán y líder del mediocampo, se esperaba que fuera la brújula del equipo. En lugar de eso, su desempeño fue errático, carente de esa jerarquía necesaria para imponer condiciones frente a un rival superior.
Con Gilberto Mora, aunque el talento joven es necesario, la falta de experiencia le pasó factura. El escenario le quedó grande y, en la balanza final, su error en los momentos críticos pesó tanto que costó el segundo gol de los ingleses.
Pero el golpe de gracia no vino solo desde el campo, sino desde el banquillo. Javier Aguirre, con una trayectoria que debería haberle dotado de un aprendizaje profundo, volvió a tropezar con su propia sombra.
La decisión de retirar a Julián Quiñones, quien ofrecía desequilibrio y peligro constante, para dar entrada a Memo Martínez fue un movimiento que destruyó la estructura ofensiva del equipo justo cuando más necesitábamos presencia y peligro.
Es imposible no sentir un deja vu doloroso. Es el mismo Aguirre que, en el 2002, en el partido ante Estados Unidos decidió sacar a Ramón Morales para meter al “Matador” Luis Hernández, desarticulando el funcionamiento que nos había llevado a soñar.
Es el mismo Aguirre que en 2010 apostó por un Bofo Bautista sin ritmo, condenando al equipo a jugar con diez hombres ante Argentina. Parece que, para el “Vasco”, el aprendizaje es un concepto opcional. Los cambios no fueron solo errores tácticos; fueron una renuncia a la ambición, un mensaje de miedo enviado a sus propios jugadores.
Más allá de los nombres y los partidos, lo preocupante es la complacencia. Celebramos la victoria contra rivales menores, pero olvidamos que la excelencia no se mide contra los que están por debajo, sino contra aquellos que nos obligan a ser mejores.
México no perdió por azar; perdió porque sigue creyendo que el esfuerzo compensa la falta de estrategia y porque los líderes, tanto en el campo como en el banquillo, siguen tomando decisiones que pertenecen a otra época. Mientras sigamos confundiendo la “buena disposición” con la competitividad real, los Octavos de Final seguirán siendo nuestro techo de cristal, y el Mundial, nuestra eterna deuda pendiente.
Sobre el autor
Sergio Enrique Hernández Piñón es licenciado en Periodismo por la Universidad de Guadalajara. Tiene más de 20 años en medios con experiencia en radio, prensa escrita y medios digitales. Además, durante 15 años fue director general de la plataforma “Presencia Deportiva”, medio especializado en periodismo deportivo.
Opinión
¿Y si sí? El sueño mexicano que desafía la historia
Lo de México contra Ecuador fue mágico. Desde que tengo uso de razón viendo futbol, es, quizás, la mejor actuación de mi selección en un partido mundialista.
Una gesta que nos eleva a los niveles más altos de entusiasmo, positivismo y fervor nacional.
Cada hombre elegido por Javier Aguirre para saltar al campo ha cumplido satisfactoriamente su misión. Aunque algunos nos quedamos con ganas de ver a Armando “La Hormiga” González, seguramente llegará su oportunidad.
Por su parte, Julián Quiñones se ha consolidado como el mejor futbolista de la convocatoria, cumpliendo con creces la expectativa tras su gran campaña en el futbol árabe.
Mención aparte merece Gilberto Mora: de ser una futura promesa, ha pasado en solo unos partidos a convertirse en una auténtica realidad y con apenas 17 años, es evidente que pronto lo veremos en el futbol europeo, tan pronto alcance la mayoría de edad.
Asimismo, Raúl Rangel ha sido una auténtica barrera en la portería durante todo el torneo; ningún arquero tricolor ha logrado lo que él en una Copa del Mundo. Su récord de imbatibilidad será histórico, y su gesto de compañerismo con Guillermo Ochoa ya ocupa un lugar especial en el corazón de la afición.
Ahora, el reto luce más complicado en el papel. Inglaterra, tras una gran Eurocopa hace dos años y una eliminatoria dominante, se presenta como un rival de cuidado.
Aunque sufrieron frente al Congo, serán una amenaza mayor a todo lo que México ha enfrentado hasta ahora.
Este domingo tenemos una cita con la historia. Para muchos, los recuerdos de la infancia están marcados por las dolorosas derrotas del Tri en mundiales; sin embargo, estos podrían ser eclipsados por un triunfo épico ante los ingleses.
Ellos no guardan precisamente los mejores recuerdos de la cancha del Estadio Azteca. Aunque cambien el nombre del recinto, para Inglaterra sigue siendo el escenario donde derramaron lágrimas hace 40 años, un episodio que bien podría repetirse este domingo.
La ilusión colectiva se resume en la pregunta que todos los mexicanos nos hacemos al cerrar los ojos y soñar: ¿Y si sí?
Dios quiera que sí.
Sobre el autor
Sergio Enrique Hernández Piñón es licenciado en Periodismo por la Universidad de Guadalajara. Tiene más de 20 años en medios con experiencia en radio, prensa escrita y medios digitales. Además, durante 15 años fue director general de la plataforma “Presencia Deportiva”, medio especializado en periodismo deportivo.
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