Opinión
Lo que Rayadas se llevó: Ana Gaby Paz
“Para ejercer el periodismo, ante todo, hay que ser buenos seres humanos”. Es una frase del reconocido periodista polaco Ryszard Kapuscinski. Ahora lo reflejo en otro ámbito: para ser buena futbolista es necesario ser buena persona.
A tal conclusión llegué, cuando preparaba esta columna que pretende dibujar un poco de lo que representa la portera Ana Gaby Paz, reciente fichaje de Rayadas del Club de Futbol Monterrey. Esta afirmación se refuerza también con base en la observación de otras futbolistas increíbles. Para aquellas personas fanáticas del equipo regio que poco conocen a Paz, y por mi corazón rojinegro, va este escrito.
Si algo recuerdo como aficionada, sobre Ana Gaby, y si algo identifico de ella para con sus compañeras, es la calidez humana, la implicación, la empatía, el liderazgo, el cariño. Más allá de los buenos números que pueda tener, de su actuación en el campo, es un referente por este factor de persona de gran corazón, con valores y una familia que la respalda y la ha nutrido. Eso la llevó a ser la primera capitana en la escuadra rojinegra y jugadora muy querida entre la afición.
A Paz la distinguen su presencia cálida, su compromiso, el impulso por hacer las cosas bien, su resiliencia, amabilidad, el ser pilar/respaldo y ejemplo para las compañeras rojinegras. Ahora que se reconoce mamá y futbolista, desde ese deseo encontró el club que la acompañe y la arrope de manera integral; que confíe en su regreso a las canchas, después de más de un año fuera de ellas. Considero que es una relación ganar-ganar. Lo que se va a nutrir el equipo con Ana Gaby y viceversa…
Ya en el campo, AGP destaca por sus atajadas, juego aéreo y juego de pies. Es una de las jugadoras históricas de Atlas, y pieza clave para el equipo de aquel 2021, en particular, que nos hizo soñar con un primer título. Fue seguridad en el arco y comenzó jugadas de gol para la causa de las rojinegras.
El 16 de abril de 2023, Ana Gaby jugó su último partido. Luego vino el anuncio del embarazo de su hijo Bastian. Hasta ese día había jugado 139 partidos de temporada regular y 16 de fase final, como portera de Atlas. Con Tigres, equipo con el que inició en la liga, sumó 15 partidos de temporada regular, como titular.
El último torneo que jugó, el Clausura 2023, Ana Gaby fue titular en 12 partidos, con los que acumuló mil 50 minutos de juego. En esos partidos registró 34 atajadas, 37 juegos aéreos ganados, 118 balones recuperados, 37 1v1 ganados y solo obtuvo tres tarjetas amarillas, de 12 en toda su estadía en Atlas. Tomemos en cuenta que las porteras pueden recibir el cartón preventivo por hacer tiempo al despejar y las capitanas, por reclamar a la persona árbitra, para considerar esa cifra.
Con la intención de dimensionar los números de Ana Gaby, presento estadística de ella y de Alejandría Godínez, ícono de la portería de Rayadas. Retomo aquella que corresponde al torneo Apertura 2021, por disponibilidad de información en la página de la liga mexicana, y también porque fue uno de los torneos que mejor le ha ido a Atlas y a Rayadas. Esa temporada las rojinegras llegaron a su segunda y última semifinal, mientras que las jugadoras del equipo regio levantaron su segundo título.
De acuerdo con la data disponible y los partidos jugados, las siguientes estadísticas corresponden a 13 partidos jugados de Ana Gaby y 12 de Godínez, de temporada regular. Son muy similares y en algunas destaca Paz.
Ana Gaby recibió 11 goles, mientras que Alejandría seis. Sin embargo, llama la atención que la primera cancerbera dejó siete veces en cero su portería, mientras que Godínez impidió goles en ocho partidos.
En los siguientes datos Paz resalta, por sobre Godínez, aunque cuesta dimensionar de todas maneras, por aquello de que quizá Alejandría enfrentó menos embates, gracias a sus compañeras; la ex rojinegra pudo haber sido más exigida.
Ana Gaby sumó 232 pases acertados y 44 atajadas por 139 y 22 de Godínez; 31 juegos aéreos ganados vs 21, 123 balones recuperados por 96 de Alejandría, y 36 1v1 ganados frente a 26 de la ahora ex rayada.
Ese torneo, Ana Gaby destacó en múltiples jornadas, frente al resto de porteras de la liga, por la cantidad de atajadas y juegos aéreos ganados. Incluso hacia el final, en la estadística proporcionada para la jornada 17, se indicó que quedó en quinto lugar, en cuanto a los juegos aéreos ganados, al registrar 39.
Para crear este texto también revisé la entrevista de presentación de Paz, con Rayadas. Y casualmente, ahora sé que Ana Gaby intenciona lo que mencioné al principio. Ella afirmó frente al equipo de comunicación del club:
“Como eres fuera, va a impactar mucho de cómo eres dentro de la cancha. No sirve de nada ser buena jugadora si afuera no tenemos valores o no somos buenas personas, no ayudamos y solo vamos pensando en nosotros mismos (…) Es muy importante el ser buenas personas y después eso, automáticamente, te va a hacer una buena jugadora”.
Ana Gaby Paz admite que es una persona apasionada, con un liderazgo que le gusta demostrar dentro del campo; disfruta de poder ayudar a los demás, de guiar, y de abonar a que sus compañeras crezcan. Y se nota. Gracias por tanto, Ana Gaby. Dejaste huella en futbolistas rojinegras y ex rojinegras, y en la afición. Sé que tienes una etapa nutritiva y significativa en Rayadas, y que será muy emotivo verte en tu regreso como portera.
Sobre la autora
Miriam Padilla nació en la tierra de la torta ahogada y se sabe una apasionada del futbol. Estudió Periodismo en la Universidad de Guadalajara y la maestría en Comunicación de la Ciencia y la Cultura del ITESO. Ha dedicado su tiempo y energía a espacios como el periódico El Informador, a blogs deportivos independientes, y al activismo y la construcción con mujeres, desde el colectivo ciclista Femibici.
Opinión
Liga MX aporta 26 jugadores al Mundial, 12 con México y 14 en otras selecciones
La internacionalización de la Liga MX es una realidad que se hace cada vez más evidente en los torneos de alta competencia.
Con la publicación oficial de las listas de convocados por parte de la FIFA, un dato salta a la vista y enciende el debate: 26 futbolistas que militan en el balompié mexicano estarán representando a diversas selecciones nacionales.
Lo verdaderamente interesante de esta cifra es su equilibrio y lo que revela sobre la naturaleza de nuestra liga: de esos 26 convocados, 12 son futbolistas mexicanos y 14 son extranjeros.
Este reparto nos invita a reflexionar sobre el rol actual de la Liga MX en el panorama continental.
Lejos de ser un circuito aislado, el fútbol mexicano se ha consolidado como un imán de talento y un aparador crucial para múltiples federaciones de la Conmebol y la Concacaf, tales como Colombia, Ecuador, Uruguay, Estados Unidos y Panamá.
A primera vista, que 14 futbolistas extranjeros de la Liga MX sean llamados por sus países de origen es un síntoma de prestigio y poder económico.
Habla de una liga que paga bien, que compite a un nivel físico demandante y que mantiene a los jugadores en el radar de sus seleccionadores nacionales.
Para el balompié azteca, esto es una medalla de validación competitiva.
Sin embargo, el reverso de la moneda nos muestra que la representación local se queda ligeramente por detrás solo 12 mexicanos.
En un ecosistema donde los clubes locales suelen saturar sus alineaciones con talento foráneo, este dato refleja la eterna paradoja de nuestro fútbol: importamos un volumen altísimo de calidad, pero a menudo lo hacemos a expensas de la proyección del futbolista nativo.
Lo valioso de esta exportación temporal es que no se concentra en uno o dos equipos “poderosos”. La diversidad de clubes de la Liga MX que aportan jugadores a este torneo demuestra que el nivel está repartido. Desde las plantillas robustas del norte hasta equipos de media tabla hacia abajo, la liga funciona como un trampolín uniforme.
Para selecciones como Ecuador o Panamá, la Liga MX ha sido históricamente un territorio de maduración ideal: un fútbol rápido, de mucha presión mediática y con una infraestructura de primer nivel que prepara a sus atletas para la máxima exigencia internacional.
El dato oficial de la FIFA no miente. La Liga MX ya no es solo la casa del fútbol mexicano; es un motor regulador del fútbol en América.
El reto de cara al futuro no será frenar la llegada de estos 14 (o más) extranjeros de selección, sino lograr que el nivel de competencia que ellos imponen sirva para catapultar a los jóvenes de casa, de modo que en las próximas listas oficiales, los mexicanos vuelvan a ser mayoría en su propia tierra.
Sobre el autor
Sergio Enrique Hernández Piñón es licenciado en Periodismo por la Universidad de Guadalajara. Tiene más de 20 años en medios con experiencia en radio, prensa escrita y medios digitales. Además, durante 15 años fue director general de la plataforma “Presencia Deportiva”, medio especializado en periodismo deportivo.
Opinión
El olvidadizo aplauso del resultado
Existe una vieja y desgastada máxima en el fútbol mexicano que reza: “Técnico que debuta, gana”. Es una frase hecha, casi un amuleto folclórico, pero cuando la realidad se empeña en darle la razón, el entorno de nuestro balompié pierde la cabeza de inmediato.
El caso más reciente de Cruz Azul no sólo confirma la regla, sino que expone la alarmante falta de memoria —tanto a corto como a largo plazo— que padece el periodismo deportivo nacional.
La llegada de Joel Huiqui al banquillo cementero en la recta final del torneo regular fue un auténtico salto al vacío. Un movimiento de timón tan sorpresivo como impulsivo, operado directamente desde el escritorio de la presidencia por Víctor Velázquez, saltándose las trancas y la jerarquía de su propio director deportivo, Iván Alonso.
En su momento, la destitución de Nicolás Larcamón encendió las alarmas y las mesas de debate. A Velázquez le llovieron adjetivos: “temperamental”, “autócrata” e “impulsivo” fueron los calificativos más suaves en un mar de críticas justificadas por las formas.
Después de todo, La Máquina venía en caída libre, hilando tropiezos en la liga y sufriendo una dolorosa eliminación en la Concachampions.
Sin embargo, el fútbol es el único escenario donde el fin absuelve cualquier pecado de origen.
Hoy, con la décima estrella grabada en el escudo, el panorama es radicalmente opuesto.
Aquellos que dinamitaban la gestión directiva por su falta de estructura hoy redactan loas a la “intuición” y el “carácter” de la cúpula celeste. Las críticas feroces se transformaron en alabanzas almibaradas.
Este fenómeno no hace más que desnudar la alarmante inmediatez de la crónica deportiva actual, una industria que padece de amnesia selectiva y que suele juzgar los procesos únicamente con el diario del lunes en la mano.
Ganar la décima es un mérito indiscutible de Huiqui y sus futbolistas, pero el campeonato no debería borrar el desorden institucional que precedió al milagro.
En el fútbol mexicano, lamentablemente, el análisis serio siempre será esclavo del marcador de los últimos noventa minutos.
Hoy Cruz Azul festeja, la prensa aplaude y la memoria, una vez más, se queda en la banca.
Sobre el autor
Sergio Enrique Hernández Piñón es licenciado en Periodismo por la Universidad de Guadalajara. Tiene más de 20 años en medios con experiencia en radio, prensa escrita y medios digitales. Además, durante 15 años fue director general de la plataforma “Presencia Deportiva”, medio especializado en periodismo deportivo.
Opinión
La redención de Gabriel Milito: El arquitecto del récord de puntos en Chivas
El fútbol mexicano suele adolecer de una memoria cortoplacista y una alarmante falta de paciencia. Hace apenas unos meses, durante el arranque del Apertura 2025, el proyecto de Gabriel Milito al frente del Club Deportivo Guadalajara parecía caminar sobre la cuerda floja.
Las dudas llovían desde la tribuna, la prensa cuestionaba su capacidad de adaptación al entorno rojiblanco y el fantasma del cese prematuro merodeaba Verde Valle.
Hoy la narrativa es diametralmente opuesta: el estratega argentino no solo acalló las críticas, sino que acaba de firmar el torneo corto con mayor puntaje en la historia del club.
¿Cómo se transformó un proceso tambaleante en una maquinaria histórica? La respuesta no radica en la fortuna, sino en la capacidad de Milito para recomponerse, diagnosticar sus propios errores y ejecutar una metamorfosis táctica impecable cuando las circunstancias más lo exigían.
La genialidad del técnico no estuvo en morir con la suya, sino en saber evolucionar. Milito entendió que el protagonismo no se negocia, pero las vías para alcanzarlo sí.
El Guadalajara del Clausura 2026 mutó hacia un equipo mucho más pragmático y vertical. Sin renunciar al buen trato de la pelota, el argentino implementó una presión tras pérdida asfixiante en campo rival, acortando las distancias entre líneas y permitiendo que el talento dinámico de sus mediocampistas y extremos pesara de verdad en el último tercio, en lugar de desgastarse en la aduana de la salida.
Lejos de quejarse por la falta de variantes o de casarse con un once inamovible, el timonel supo reactivar piezas que parecían perdidas y potenciar a los jóvenes de la cantera, combinando la exigencia táctica con una notable gestión humana.
Sus ajustes sobre la marcha evidenciaron una lectura de partido excelsa. Chivas aprendió a cambiar de piel según el rival y el escenario:
Capaz de sostener un 4-3-3 agresivo y de amplitud total en el Estadio Akron.
Flexible para mutar a una línea de tres centrales o un 4-4-2 rocoso cuando el trámite fuera de casa exigía cerrar los caminos y apelar al contragolpe.
Esa riqueza estratégica convirtió a Chivas en un enigma indescifrable para las pizarras rivales.
Superar las míticas barreras de puntos que el club impuso en los torneos de los noventa o la era de Hans Westerhof no es una casualidad. Es el dividendo de un cuerpo técnico que supo mantener el temple en la tormenta y que convenció al futbolista mexicano de que el orden y la intensidad son las llaves del éxito.
Gabriel Milito ha devuelto a Chivas la autoridad competitiva que su historia demanda. Por lo pronto, el banquillo del Guadalajara tiene un estratega con mayúsculas.
Opinión
El vuelo rasante: ¿Es el fin de la era Jardine en el Nido?
El fútbol tiene una memoria tan corta como cruel. Hace apenas unos meses, el Club América tocaba el cielo con las manos al consumar un tricampeonato histórico que parecía instaurar una dinastía imbatible.
Ahora el panorama en Coapa es sombrío: la reciente eliminación ante Pumas en los Cuartos de Final del Clausura 2026 no fue solo una derrota, fue el eco de un desplome que viene avisando desde hace tiempo.
Ser tricampeón en México es una gesta heroica, pero para el América, los títulos también se han convertido en una cómoda zona de confort. La “maldición del éxito” parece haberle robado el hambre a una plantilla que hoy luce apática, sin gol y, sobre todo, sin la agresividad que André Jardine les inyectó en su llegada.
El arranque del Clausura 2026 fue alarmante, con jornadas enteras sin marcar, evidenciando que las individualidades, como Brian Rodríguez o Zendejas, ya no bastan para ocultar las carencias colectivas.
Lo que más pesa en la balanza crítica es la incapacidad de Jardine para trascender fuera de la Liga MX. Eliminaciones consecutivas en Concachampions, el amargo tras no poder llegar al Mundial de Clubes 2025 y el nulo impacto en la Leagues Cup sugieren que el modelo de juego del brasileño tiene un techo muy marcado ante rivales de otra jerarquía.
La directiva se encuentra en la encrucijada más difícil de la década. Por un lado, despedir al técnico más exitoso de la época reciente suena a ingratitud; por otro, mantenerlo se siente como una apuesta por un proyecto que ya dio todo lo que tenía que dar.
Jardine ha pedido el regreso de Gustavo Leal como condición para seguir, buscando reconstruir esa estructura de trabajo que lo llevó a la gloria.
El ciclo actual está agotado. La eliminación ante Pumas —con un global de 6-6 que favoreció a los universitarios por posición en la tabla— dejó claro que la fragilidad mental ha regresado al Nido.
El América no necesita “ajustes”; necesita una reestructura profunda que empiece por sacudir el vestuario y, posiblemente, refrescar el banquillo.
Si Jardine se queda, será bajo la sombra de la duda y con un crédito que se agotará al primer tropiezo del Apertura 2026.
El fin de una era no tiene por qué ser una tragedia, sino la oportunidad de evitar que el vuelo de las Águilas se convierta en una caída libre.
Sobre el autor
Sergio Enrique Hernández Piñón es licenciado en Periodismo por la Universidad de Guadalajara. Tiene más de 20 años en medios con experiencia en radio, prensa escrita y medios digitales. Además, durante 15 años fue director general de la plataforma “Presencia Deportiva”, medio especializado en periodismo deportivo.
