Opinión
Las personas dirigentes que sí deseamos en la Liga
Impriman más Evas Espejo para la Liga BBVA MX Femenil. La directora técnica es ejemplo de lo que deseamos y necesitamos en la industria del futbol. A propósito de que Espejo cerró ciclo como estratega de las Rayadas del Club de Futbol Monterrey este torneo que está por concluir, deseo compartir parte de lo que ha dado a la liga; reconocer su desempeño y valores.
Espejo dirigió cinco torneos al equipo regio de la Primera División femenil. Hay cifras que dan cuenta del trabajo de la directora, en conjunto con las jugadoras y cuerpo técnico, y también podemos referirnos a su calidad y calidez humana y otros aspectos que se salen de la estadística y la redondean. También advierto que falta saber lo que personalmente cada jugadora experimentó al lado de Eva y cómo recibieron su trabajo.
En ese sentido, hay un video en el TikTok de Rayadas, a propósito de la conmemoración del 8 de marzo, bajo el título: “Mujeres que inspiran”. En él, la capitana del equipo, Rebeca Bernal, reveló que Eva es una de las mujeres, además de su mamá, que la inspira, “porque siempre busca lo mejor para todas nosotras como mujeres, y es un ejemplo de mucha perseverancia, de trabajar duro y de buscar abrir caminos para las generaciones que vienen detrás”.
La entrenadora nacida en Ciudad de México fue la primera directora técnica en ganar un título de liga, y lo hizo en su primer torneo al frente de las Rayadas, en el torneo Apertura 2021. Por su desempeño, Eva Espejo obtuvo el Balón de Oro 2022 como Mejor Directora Técnica de la Liga BBVA MX Femenil, por la temporada 2021-2022.
Algo que destaca es que Espejo tuvo el enfoque de ir más allá de los récords y de los números, para darle peso a la calidad, a la forma y fondo del desempeño del plantel de futbolistas. Le importó construir un legado, un propósito sólido que guiara las acciones del equipo; dimensionar el significado de jugar en el presente, para hacer un mejor futuro.
Espejo gusta de leer y de aprender. Procuró enseñar al plantel un modelo de juego propositivo, vertical, y también apostó a hacer las modificaciones necesarias conforme pasaban los torneos y se quedaban en el camino hacia un tercer campeonato. Cuando obtuvo el primero, reconoció con nombre y apellido el trabajo hecho por su antecesor, Héctor Becerra, y por las jugadoras, para lograr la hazaña. Así se mantiene ella, lejos del protagonismo y con reconocimiento a quienes la han antecedido y acompañado, como últimamente hizo con sus auxiliares técnicos Carla Rossi y José Cevada.
En su trayectoria como estratega también la hemos escuchado reconocer a las mujeres pioneras del futbol, y sabemos que entre directoras técnicas de la liga se apoyan. Incluso en el juego contra Puebla este torneo, que recién empezó a dirigir la ex futbolista de las Enfranjadas, María José López, Espejo reveló en conferencia que le comentó que habrá momentos complejos que la reten y que, cuando lo necesite, puede buscarla a ella y otras colegas, para resolver juntas.
Como otro rasgo característico, Eva Espejo respetó e hizo respetar a sus jugadoras y al resto de futbolistas y equipos de la liga, en lo futbolístico y lo personal. También supo ver sus límites y apostar por el bien común. En su momento, como directora técnica de Pachuca, de acuerdo con sus propias palabras, buscó traer a una persona que dirigiera a las Tuzas con los suficientes elementos para hacerlas campeonas, cuando creyó que ya no daba de sí. Por ello buscó a la entrenadora española Toña Is, para el Clausura 2021, y ella se movió a la dirección deportiva del equipo. Esta vez, con Rayadas, explicó que decidió su salida como parte de cerrar un ciclo y de consumar la “revolución” que intencionó impulsar en el equipo; para el caso, los cambios, mentalidad, forma y fondo.
En lo personal, me hice del hábito de escuchar a Eva en las conferencias de prensa posteriores a los partidos. Escucharla solía traer aprendizaje e inspiración no solo en lo futbolístico, sino en lo personal. Su sello fue responder a las preguntas de los periodistas desde la generosidad, la inteligencia, la escucha, la autocrítica, la gratitud, el respeto y la amabilidad. Para nada entró en polémica, y evitó hablar del arbitraje, aunque sectores de la afición y del periodismo cuestionaran la actuación del cuerpo arbitral en turno. Ella argumentaba que, a pesar del arbitraje y otras circunstancias desfavorables, las futbolistas y cuerpo técnico tenían que desempeñarse lo mejor posible y responder a las exigencias del juego.
En cuanto a números, para quien quiera saber, están las siguientes cifras. Eva Espejo dirigió 84 partidos de temporada regular de Rayadas. De éstos, 64 concluyeron en victorias, 14 fueron empates y solo seis derrotas ocurrieron. Los cinco torneos que dirigió al equipo regio clasificaron a liguilla, con un total de 23 partidos de esa fase final, que significaron ocho victorias, nueve empates y seis derrotas. Experimentó dos finales y luego tres semifinales.
En Pachuca, Espejo dirigió siete torneos regulares, del Apertura 2017 al Apertura 2020. En conjunto, y desde el banquillo, experimentó 107 juegos, de los cuales 67 resultaron en gane, 16 en empate y 24 en derrota. Clasificó al plantel cuatro veces a la liguilla, viviendo tres semifinales y cuatro cuartos de final.
En 2017, la CONCACAF le otorgó el reconocimiento de Entrenadora del Año. Ese año campeonó con las Tuzas en el primer torneo -piloto- del futbol profesional femenil mexicano, llamado Copa.
Aparte de haber sido maestra de primaria, antes de que Eva se embarcara en la Liga BBVA MX Femenil, tuvo las siguientes experiencias. De 2011 a 2013, fue coordinadora académica de la Federación Mexicana de Futbol, y en 2015 llegó al Club Pachuca como coordinadora de Desarrollo Humano.
Lo dicho. Quisiera más de Eva Espejo en la liga femenil o que más personas con su calidad profesional y humana se sumaran al certamen futbolístico. Veremos en el corto plazo qué le depara a ella, y desde dónde suma. De momento, espero haber hecho mínima justicia a su trayectoria, o haber dibujado un poco de lo que es y contribuyó a la liga y a las personas involucradas con ella. Gracias por tanto, Eva.
Sobre la autora
Miriam Padilla nació en la tierra de la torta ahogada y se sabe una apasionada del futbol. Estudió Periodismo en la Universidad de Guadalajara y la maestría en Comunicación de la Ciencia y la Cultura del ITESO. Ha dedicado su tiempo y energía a espacios como el periódico El Informador, a blogs deportivos independientes, y al activismo y la construcción con mujeres, desde el colectivo ciclista Femibici.
Opinión
Liga MX aporta 26 jugadores al Mundial, 12 con México y 14 en otras selecciones
La internacionalización de la Liga MX es una realidad que se hace cada vez más evidente en los torneos de alta competencia.
Con la publicación oficial de las listas de convocados por parte de la FIFA, un dato salta a la vista y enciende el debate: 26 futbolistas que militan en el balompié mexicano estarán representando a diversas selecciones nacionales.
Lo verdaderamente interesante de esta cifra es su equilibrio y lo que revela sobre la naturaleza de nuestra liga: de esos 26 convocados, 12 son futbolistas mexicanos y 14 son extranjeros.
Este reparto nos invita a reflexionar sobre el rol actual de la Liga MX en el panorama continental.
Lejos de ser un circuito aislado, el fútbol mexicano se ha consolidado como un imán de talento y un aparador crucial para múltiples federaciones de la Conmebol y la Concacaf, tales como Colombia, Ecuador, Uruguay, Estados Unidos y Panamá.
A primera vista, que 14 futbolistas extranjeros de la Liga MX sean llamados por sus países de origen es un síntoma de prestigio y poder económico.
Habla de una liga que paga bien, que compite a un nivel físico demandante y que mantiene a los jugadores en el radar de sus seleccionadores nacionales.
Para el balompié azteca, esto es una medalla de validación competitiva.
Sin embargo, el reverso de la moneda nos muestra que la representación local se queda ligeramente por detrás solo 12 mexicanos.
En un ecosistema donde los clubes locales suelen saturar sus alineaciones con talento foráneo, este dato refleja la eterna paradoja de nuestro fútbol: importamos un volumen altísimo de calidad, pero a menudo lo hacemos a expensas de la proyección del futbolista nativo.
Lo valioso de esta exportación temporal es que no se concentra en uno o dos equipos “poderosos”. La diversidad de clubes de la Liga MX que aportan jugadores a este torneo demuestra que el nivel está repartido. Desde las plantillas robustas del norte hasta equipos de media tabla hacia abajo, la liga funciona como un trampolín uniforme.
Para selecciones como Ecuador o Panamá, la Liga MX ha sido históricamente un territorio de maduración ideal: un fútbol rápido, de mucha presión mediática y con una infraestructura de primer nivel que prepara a sus atletas para la máxima exigencia internacional.
El dato oficial de la FIFA no miente. La Liga MX ya no es solo la casa del fútbol mexicano; es un motor regulador del fútbol en América.
El reto de cara al futuro no será frenar la llegada de estos 14 (o más) extranjeros de selección, sino lograr que el nivel de competencia que ellos imponen sirva para catapultar a los jóvenes de casa, de modo que en las próximas listas oficiales, los mexicanos vuelvan a ser mayoría en su propia tierra.
Sobre el autor
Sergio Enrique Hernández Piñón es licenciado en Periodismo por la Universidad de Guadalajara. Tiene más de 20 años en medios con experiencia en radio, prensa escrita y medios digitales. Además, durante 15 años fue director general de la plataforma “Presencia Deportiva”, medio especializado en periodismo deportivo.
Opinión
El olvidadizo aplauso del resultado
Existe una vieja y desgastada máxima en el fútbol mexicano que reza: “Técnico que debuta, gana”. Es una frase hecha, casi un amuleto folclórico, pero cuando la realidad se empeña en darle la razón, el entorno de nuestro balompié pierde la cabeza de inmediato.
El caso más reciente de Cruz Azul no sólo confirma la regla, sino que expone la alarmante falta de memoria —tanto a corto como a largo plazo— que padece el periodismo deportivo nacional.
La llegada de Joel Huiqui al banquillo cementero en la recta final del torneo regular fue un auténtico salto al vacío. Un movimiento de timón tan sorpresivo como impulsivo, operado directamente desde el escritorio de la presidencia por Víctor Velázquez, saltándose las trancas y la jerarquía de su propio director deportivo, Iván Alonso.
En su momento, la destitución de Nicolás Larcamón encendió las alarmas y las mesas de debate. A Velázquez le llovieron adjetivos: “temperamental”, “autócrata” e “impulsivo” fueron los calificativos más suaves en un mar de críticas justificadas por las formas.
Después de todo, La Máquina venía en caída libre, hilando tropiezos en la liga y sufriendo una dolorosa eliminación en la Concachampions.
Sin embargo, el fútbol es el único escenario donde el fin absuelve cualquier pecado de origen.
Hoy, con la décima estrella grabada en el escudo, el panorama es radicalmente opuesto.
Aquellos que dinamitaban la gestión directiva por su falta de estructura hoy redactan loas a la “intuición” y el “carácter” de la cúpula celeste. Las críticas feroces se transformaron en alabanzas almibaradas.
Este fenómeno no hace más que desnudar la alarmante inmediatez de la crónica deportiva actual, una industria que padece de amnesia selectiva y que suele juzgar los procesos únicamente con el diario del lunes en la mano.
Ganar la décima es un mérito indiscutible de Huiqui y sus futbolistas, pero el campeonato no debería borrar el desorden institucional que precedió al milagro.
En el fútbol mexicano, lamentablemente, el análisis serio siempre será esclavo del marcador de los últimos noventa minutos.
Hoy Cruz Azul festeja, la prensa aplaude y la memoria, una vez más, se queda en la banca.
Sobre el autor
Sergio Enrique Hernández Piñón es licenciado en Periodismo por la Universidad de Guadalajara. Tiene más de 20 años en medios con experiencia en radio, prensa escrita y medios digitales. Además, durante 15 años fue director general de la plataforma “Presencia Deportiva”, medio especializado en periodismo deportivo.
Opinión
La redención de Gabriel Milito: El arquitecto del récord de puntos en Chivas
El fútbol mexicano suele adolecer de una memoria cortoplacista y una alarmante falta de paciencia. Hace apenas unos meses, durante el arranque del Apertura 2025, el proyecto de Gabriel Milito al frente del Club Deportivo Guadalajara parecía caminar sobre la cuerda floja.
Las dudas llovían desde la tribuna, la prensa cuestionaba su capacidad de adaptación al entorno rojiblanco y el fantasma del cese prematuro merodeaba Verde Valle.
Hoy la narrativa es diametralmente opuesta: el estratega argentino no solo acalló las críticas, sino que acaba de firmar el torneo corto con mayor puntaje en la historia del club.
¿Cómo se transformó un proceso tambaleante en una maquinaria histórica? La respuesta no radica en la fortuna, sino en la capacidad de Milito para recomponerse, diagnosticar sus propios errores y ejecutar una metamorfosis táctica impecable cuando las circunstancias más lo exigían.
La genialidad del técnico no estuvo en morir con la suya, sino en saber evolucionar. Milito entendió que el protagonismo no se negocia, pero las vías para alcanzarlo sí.
El Guadalajara del Clausura 2026 mutó hacia un equipo mucho más pragmático y vertical. Sin renunciar al buen trato de la pelota, el argentino implementó una presión tras pérdida asfixiante en campo rival, acortando las distancias entre líneas y permitiendo que el talento dinámico de sus mediocampistas y extremos pesara de verdad en el último tercio, en lugar de desgastarse en la aduana de la salida.
Lejos de quejarse por la falta de variantes o de casarse con un once inamovible, el timonel supo reactivar piezas que parecían perdidas y potenciar a los jóvenes de la cantera, combinando la exigencia táctica con una notable gestión humana.
Sus ajustes sobre la marcha evidenciaron una lectura de partido excelsa. Chivas aprendió a cambiar de piel según el rival y el escenario:
Capaz de sostener un 4-3-3 agresivo y de amplitud total en el Estadio Akron.
Flexible para mutar a una línea de tres centrales o un 4-4-2 rocoso cuando el trámite fuera de casa exigía cerrar los caminos y apelar al contragolpe.
Esa riqueza estratégica convirtió a Chivas en un enigma indescifrable para las pizarras rivales.
Superar las míticas barreras de puntos que el club impuso en los torneos de los noventa o la era de Hans Westerhof no es una casualidad. Es el dividendo de un cuerpo técnico que supo mantener el temple en la tormenta y que convenció al futbolista mexicano de que el orden y la intensidad son las llaves del éxito.
Gabriel Milito ha devuelto a Chivas la autoridad competitiva que su historia demanda. Por lo pronto, el banquillo del Guadalajara tiene un estratega con mayúsculas.
Opinión
El vuelo rasante: ¿Es el fin de la era Jardine en el Nido?
El fútbol tiene una memoria tan corta como cruel. Hace apenas unos meses, el Club América tocaba el cielo con las manos al consumar un tricampeonato histórico que parecía instaurar una dinastía imbatible.
Ahora el panorama en Coapa es sombrío: la reciente eliminación ante Pumas en los Cuartos de Final del Clausura 2026 no fue solo una derrota, fue el eco de un desplome que viene avisando desde hace tiempo.
Ser tricampeón en México es una gesta heroica, pero para el América, los títulos también se han convertido en una cómoda zona de confort. La “maldición del éxito” parece haberle robado el hambre a una plantilla que hoy luce apática, sin gol y, sobre todo, sin la agresividad que André Jardine les inyectó en su llegada.
El arranque del Clausura 2026 fue alarmante, con jornadas enteras sin marcar, evidenciando que las individualidades, como Brian Rodríguez o Zendejas, ya no bastan para ocultar las carencias colectivas.
Lo que más pesa en la balanza crítica es la incapacidad de Jardine para trascender fuera de la Liga MX. Eliminaciones consecutivas en Concachampions, el amargo tras no poder llegar al Mundial de Clubes 2025 y el nulo impacto en la Leagues Cup sugieren que el modelo de juego del brasileño tiene un techo muy marcado ante rivales de otra jerarquía.
La directiva se encuentra en la encrucijada más difícil de la década. Por un lado, despedir al técnico más exitoso de la época reciente suena a ingratitud; por otro, mantenerlo se siente como una apuesta por un proyecto que ya dio todo lo que tenía que dar.
Jardine ha pedido el regreso de Gustavo Leal como condición para seguir, buscando reconstruir esa estructura de trabajo que lo llevó a la gloria.
El ciclo actual está agotado. La eliminación ante Pumas —con un global de 6-6 que favoreció a los universitarios por posición en la tabla— dejó claro que la fragilidad mental ha regresado al Nido.
El América no necesita “ajustes”; necesita una reestructura profunda que empiece por sacudir el vestuario y, posiblemente, refrescar el banquillo.
Si Jardine se queda, será bajo la sombra de la duda y con un crédito que se agotará al primer tropiezo del Apertura 2026.
El fin de una era no tiene por qué ser una tragedia, sino la oportunidad de evitar que el vuelo de las Águilas se convierta en una caída libre.
Sobre el autor
Sergio Enrique Hernández Piñón es licenciado en Periodismo por la Universidad de Guadalajara. Tiene más de 20 años en medios con experiencia en radio, prensa escrita y medios digitales. Además, durante 15 años fue director general de la plataforma “Presencia Deportiva”, medio especializado en periodismo deportivo.
